16 de agosto de 2011

Un comentario acerca de la discriminación





Me gustaría señalar un detalle que suele aparecer a menudo cuando se trata sobre la cuestión moral de los animales y el tema de la desigualdad.

Compruebo que es habitual que se hable de la discriminación como si fuera un concepto malo en sí. Pero, a mi modo de ver, esto no sería correcto. Pues la discriminación no tiene por qué ser inmoral siempre que esté justificada. Nosotros hacemos discriminaciones continuamente, pero el hecho de discriminar no es un hecho inmoral de por sí. Sólo lo es si se hace de manera injusta. Por esto señala Pablo Malo que:
«[...] hay que diferenciar discriminación de discriminación injusta. Discriminar es distinguir, reconocer una diferencia. En ese sentido ciertas discriminaciones son necesarias y deseables. Por ejemplo, un maestro tiene que discriminar entre un buen examen y un mal examen y no dar la misma nota a todos. Otra cosa es la discriminación injusta, que por definición es moralmente problemática. Una discriminación es injusta cuando la gente es tratada de forma diferente sin que exista una diferencia relevante entre la gente que justifique ese tratamiento diferente.»
Por ejemplo, discriminar de la consideración moral a alguien por el hecho de ser de una determinada especie o de una determinada raza. Esta discriminación sería injusta porque esas características no afectan a la capacidad de sentir. En cambio, discriminar a los seres no sintientes de esta consideración por sí mismos no es injusto, y por lo tanto es una discriminación razonable y moralmente correcta.

Discriminamos —separamos, excluimos— de la comunidad moral a todos aquellos seres que carecen de la capacidad de sentir. Ni las plantas ni los minerales merecen consideración moral por sí mismos. Solamente los seres sintientes son quienes deben ser respetados por sí mismos. En cambio, discriminar de la comunidad moral y el respeto básico a ciertos individuos por motivo de raza, sexo o especie no sería razonable, ya que esas características no afectan a la capacidad de sentir, que es el único requisito relevante para formar parte de la comunidad moral.

Dentro de la comunidad moral estaría justificado discriminar a quienes no tengan un mínimo de raciocinio de la posibilidad de ser responsables de sus actos. Por ejemplo, no consideramos que un niño tenga derecho a realizar contratos. A no ser que alguien defienda que un niño de dos años puede tener derecho a entablar contratos entonces lo está discriminando. Y esta discriminación no es injusta puesto que los niños carecen de la capacidad de realizar contratos. Lo malo sería creer, y permitir, que un niño puede hacer contratos o que los puede realizar siendo realmente consciente de lo que hace.

Discriminar es simplemente separar o distinguir. Y no hay nada intrínsecamente malo o perjudicial en ello. No podríamos vivir y razonar sin hacer diferenciaciones entre la existencia. La discriminación es algo inherente a toda forma de vida consciente en su modo de conocer el mundo. De hecho, todos los individuos somos diferentes entre nosotros. No hay nadie que sea completamente idéntico a otro. Reconocer la singularidad de cada individuo es una forma de discriminación pero que no tiene nada de injusto o equivocado.

Pueden haber discriminaciones que sean correctas o incorrectas; que sean justas o injustas. Pero decir que la discriminación en sí misma es algo malo se trata sencillamente de un error. Rechazar la discriminación como tal es casi como rechazar el pensamiento y la razón. Y si ya tenemos expresiones que señalan acertadamente errores morales —opresión, injusticia, esclavitud, especismo— con más razón si cabe no hay motivo para usar discriminación en sentido peyorativo.

Proponer que debemos abolir toda discriminación implicaría que ya no podremos discriminar entre animales y vegetales; no podremos discriminar entre el bien y el mal; no podremos discriminar entre esclavitud y libertad. Decir "no a la discriminación" es un mensaje absurdo y erróneo.

Debemos denunciar y rechazar aquellas discriminaciones que son arbitrarias respecto de algún criterio relevante a cada cuestión específica, pero hablar en contra de la discriminación como tal es precisamente una forma de dejar paso a la arbitrariedad, puesto que si no podemos hacer discriminaciones entonces ya no podemos delimitar conceptos ni determinar juicios o valoraciones, ya que todo razonamiento implica necesariamente una discriminación entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto y lo erróneo, entre lo verdadero y lo falso.

Por ejemplo: la mayoría utiliza el término "persona" como sinónimo de ser humano excluyendo al resto de animales sintientes. Pero esta discriminación sería errónea, ya que los demás animales también deberían estar incluidos y considerados dentro de la categoría de persona, puesto que ellos poseen los requisitos básicos de la personalidad.

En conclusión; se habla de la discriminación como si fuera un concepto malo en sí. Pero, a mi modo de ver, esto no sería correcto. Pues la discriminación no tiene por qué ser inmoral siempre que esté justificada. Nosotros hacemos discriminaciones continuamente, pero el hecho de discriminar no es un hecho inmoral de por sí. Sólo lo es si se hace de manera injusta.

Por todo esto, considero que deberíamos denunciar la discriminación injustificada, y no la discriminación en sí, para referirnos a aquella que no estaría racionalmente justificada.

3 comentarios:

  1. Hola Luis,

    Cierto, debemos rechazar y denunciar las discriminaciones arbitrarias (irracionales) porque son injustas.

    Otro ejemplo que se me ocurre es el examen para unas oposiciones. Las personas que no consiguen la plaza son discriminadas laboralmente de manera justa, pues son las que menos calificación han obtenido.

    En cambio, tengo mis dudas en que pueda existir una discriminación moral justa en cuanto que no se puede discriminar a lo que no puede ser moralmente considerado, por ejemplo, a los minerales. Siguiendo el ejemplo de las oposiciones, no tendría mucho sentido que alguien dijera que discriminamos injustamente a alguien que no se presentó a las oposiciones, por mucha explicación que nos diera.

    Por lo demás, muy de acuerdo. Buen apunte.

    Saludos,
    David.

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  2. Hola Luis,

    Quería comentar otra cosa, que aunque no aparece en la entrada me parece importante.

    Los animales sintientes tenemos intereses. Existen unos intereses fundamentales como el interés a seguir viviendo, el interés a no ser maltratado, etc. Cuando decimos que debemos respetar dichos intereses ajenos estamos diciendo que debemos respetar una voluntad ajena, pues los intereses fundamentales surgen de ella.

    Cuando voluntariamente decidimos hacernos daño, por ejemplo, fumando, bebiendo más alcohol de la cuenta, practicando el sadomasoquismo o suicidándonos, no estamos discriminándonos a nosotros mismos puesto que actuamos de acuerdo a nuestra voluntad (no coaccionada) y, por lo tanto, no es una acción éticamente incorrecta.

    Argumento: "Es contradictorio que los veganos estén a favor de la eutanasia"

    Saludos,
    David.

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  3. Hola, David.

    Muchas gracias por tus comentarios. Me alegra que hayas encontrado la nota de interés.

    Acerca del primer caso que expones, la verdad es que yo lo veo bastante claro. Porque si los seres no sintientes no pueden ser moralmente considerados es precisamente porque los hemos discriminado (separado, excluido) en base al criterio de la sintiencia (la capacidad de sentir).

    Es una discriminación moral. De hecho, es la discriminación moral más fundamental que hay bajo el fundamento de la sintiencia. Es moral porque tiene un fundamento moral que es la sintiencia. Y además es justa porque se ajusta correctamente a dicho criterio.

    En el ejemplo que pones, en efecto no tiene sentido afirmar que se trata de una discriminación injusta, pero sí que se trata de una discriminación.

    No sé si he conseguido aclarar tus dudas al respecto. Tal vez la confusión tenga su causa en que tenemos asumida la errónea inercia de igualar la discriminación en sí con la discriminación injusta.

    Respecto de la segunda cuestión que planteas, estoy de acuerdo en que los seres sintientes tienen intereses (los tienen por el hecho mismo de ser sintientes) y que tienen una serie de intereses fundamentales, como son el interés en conservar la vida y no ser dañados.

    Pero no estoy de acuerdo con la idea de que esos intereses fundamentales están sujetos al capricho de la voluntad. Puede que haya otros intereses que sí estén sujetos a la voluntad, pero no en el caso de los que son fundamentales.

    Fundamentales quiere decir que son un fundamento y no pueden ser eliminados sin eliminar al mismo tiempo lo que fundamentan (erigen, sostienen). Por lo tanto, esos intereses forman parte del fundamento de la capacidad de sentir, del individuo en sí y de la consideración moral que estamos obligados a tener. Porque sin ellos no habría ni capacidad de sentir, ni individuos, ni consideración moral.

    Y no existe ningún motivo moralmente justificado para violar dichos intereses, salvo en el caso excepcional de que entraran en conflicto entre ellos, en cuyo caso cualquier vulneración aceptable debe estar basada en esos mismos intereses.

    Es por todo esto que considero que la auto-agresión, el suicidio, la ingesta de tóxicos, el comportamiento autodestructivo en general, son acciones inmorales ya que atentan contra los intereses fundamentales, y por ese motivo deben ser rechazados.

    Y enlazando con el tema de la discriminación, me gustaría recalcar que del mismo modo que no sería justo discriminar a los demás del mismo respeto básico que nosotros merecemos, tampoco sería justo discriminarnos a nosotros mismos de ese mismo respeto que todos merecemos.

    Un saludo.

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