«Muy próximo al ridículo de negar una verdad evidente se halla el tomarse los más grandes trabajos para defenderla, y ninguna verdad me parece más evidente que la de que los animales se hallan dotados de pensamiento y razón lo mismo que los hombres. Los argumentos son en este caso tan manifiestos, que no escapan nunca a la atención del más estúpido e ignorante.» Tratado de la naturaleza humana, [sección XVI, De la razón en los animales] David Hume.
Es muy frecuente que a los animales se les denomine de manera coloquial como animales irracionales y a los humanos se les denomine animales racionales. Incluso tradicionalmente entre filósofos y científicos a menudo se ha negado de manera dogmática la capacidad de razonar en los individuos no humanos.
Los demás animales no carecen de capacidad de razonamiento ni se guían sólo por el instinto. Los demás animales también piensan y razonan, debido a que poseen cerebro con estructuras neuronales que lo posibilitan. Si en efecto tienen un cerebro capaz de realizar funciones cognitivas es absurdo suponer que no piensan ni razonan.
Solemos pensar que la inteligencia evolutiva cuenta con un solo pináculo que ocupan en exclusiva los seres humanos, pero se trata de otro error. El desarrollo evolutivo no es como una pirámide que culmina en el ser humano, sino que más bien se asemeja a un árbol con muy diversas ramas. Tal y como señala el paleontólogo Stephen Jay Gould:
Solemos pensar que la inteligencia evolutiva cuenta con un solo pináculo que ocupan en exclusiva los seres humanos, pero se trata de otro error. El desarrollo evolutivo no es como una pirámide que culmina en el ser humano, sino que más bien se asemeja a un árbol con muy diversas ramas. Tal y como señala el paleontólogo Stephen Jay Gould:
«Nosotros fomentamos un relato seriamente sesgado cuando abandonamos la historia más reciente de los animales que crecieron primero y pretendemos que la pequeña ramita de los vertebrados pueda actuar como un sustituto de toda la historia ulterior. Más aún, el prejuicio introducido así es el peor y el más dañino de todos nuestros errores convencionales acerca de la historia de nuestro planeta: la noción arrogante de que la evolución tiene una dirección previsible que conduce a la vida humana.»
Que los demás animales también razonan es un fenómeno que está más que demostrado, según la biología y etología. Las evidencias de razonamiento en otros animales son abrumadoras. Negarlo sería un claro indicio de ignorancia o de fanatismo antropocéntrico.
Para cualquiera que tenga conocimientos actualizados sobre biología y etología resulta chocante encontrarse con que haya gente que cuestione, o niegue incluso, que los otros animales poseen inteligencia. Esto puede denotar falta de conocimiento, ignorancia o simple negacionismo de las evidencias, como comprobraremos a continuación. Según apunta el biólogo Donald Griffin:
Para cualquiera que tenga conocimientos actualizados sobre biología y etología resulta chocante encontrarse con que haya gente que cuestione, o niegue incluso, que los otros animales poseen inteligencia. Esto puede denotar falta de conocimiento, ignorancia o simple negacionismo de las evidencias, como comprobraremos a continuación. Según apunta el biólogo Donald Griffin:
«El razonamiento y la conciencia animal simplemente se han convertido en la última de la larga lista de características supuestamente exclusivamente humanas que hay que admitir que son compartidas más ampliamente dentro del reino animal.»
Encontramos evidencias al respecto por doquier. Por ejemplo, un reciente estudio ha mostrado que los babuinos son capaces de hacer analogías. Asimismo, los peces, como animales sociales que son, emplean el comportamiento de los demás para mejorar sus propias decisiones. Su supervivencia depende en buena parte de las estimaciones. Por ejemplo, evalúan la probabilidad de que haya comida en un lugar por lo que ven de ese lugar y por cuántos animales se dirigen ya hacia allí y hacia otros lugares. Los cuervos son capaces de entender principios físicos elementales —como el de Arquímedes— siempre que estos les provean un beneficio para su supervivencia y también pueden planificar su futuro. Los ratones tienen capacidad para desarrollar un pensamiento complejo.
Todas las evidencias apuntan a constatar que el ser humano no es el único animal racional. Podemos encontrar numerosas pruebas que confirman el raciocinio en otros animales. Señala Luis Alonso en la revista Investigación y Ciencia:
«Con el mismo nivel de innovación en el diseño experimental aplicado a otras especies, los científicos podrían descubrir habilidades parecidas en las especies de todos los taxones. En los últimos años, los investigadores han comenzado a poner de manifiesto el nivel de cognición de los osos, que podría rivalizar con el de los córvidos, delfines y primates. Las investigaciones sobre insectos, peces y pulpos han aportado también un elenco de habilidades que se suponían exclusivas de primates, en lo referente a utilización de herramientas, enseñanza, aprendizaje social, computación numérica, etcétera. Podría muy bien suceder que lo que nos parece extraordinario en las destrezas de los delfines se encuentre extendido por todo el reino animal.»
De hecho, no sólo nos encontramos con evidencias de acerca de su capacidad de pensar sino además su nivel de razonamiento es más complejo de lo que suponemos. Así lo expone la investigadora Joëlle Proust:
«Los animales son capaces de engendrar conceptos y forman sus representaciones mentales desde que tienen la capacidad de obtener información sobre las relaciones que se producen en su entorno, de memorizarlas y de separarlas de la percepción de los objetos y de los acontecimientos externos.»
Por otra parte, a pesar de lo que comúnmente se tiende a creer, la inteligencia no está determinada por el tamaño del cerebro. Por ejemplo, podemos comprobar que las abejas tienen un tamaño minúsculo, comparado con nosotros, y se ha comprobado que son animales con una inteligencia muy compleja.
De todos modos, me parece muy especialmente importante señalar que el motivo para respetar moralmente a alguien no está en el hecho de que razone sino en el hecho de que pueda sentir.
Lo relevante en lo que se refiere a al consideración moral no es si un individuo puede hablar o razonar, ni su nivel de inteligencia; lo importante es si puede sentir. Y es un hecho que, al igual que nosotros, los demás animales sienten.
Es por eso que la inteligencia no puede justificarse como excusa para excluir o degradar a alguien dentro de la comunidad moral, tal y como explica el profesor Gary L. Francione:
Lo relevante en lo que se refiere a al consideración moral no es si un individuo puede hablar o razonar, ni su nivel de inteligencia; lo importante es si puede sentir. Y es un hecho que, al igual que nosotros, los demás animales sienten.
Es por eso que la inteligencia no puede justificarse como excusa para excluir o degradar a alguien dentro de la comunidad moral, tal y como explica el profesor Gary L. Francione:
«No existe ninguna razón que justifique que las capacidades cognitivas o el nivel de inteligencia tengan alguna relación con el criterio de consideración moral. ¿Por qué, por ejemplo, la capacidad de poder sumar y restar debería tener alguna relación con la consideración y el respeto moral que cada individuo merece por sí mismo? Yo no la veo. ¿Por qué alguien que tenga un coeficiente intelectual de 180 va a merecer más respeto, en términos éticos, que alguien que lo tenga de 50? No hay ninguna razón que lo justifique moralmente. La inteligencia no afecta el hecho relevante de poder sentir. De experimentar dolor o placer. De tener intereses básicos, como el deseo de vivir, de continuar existiendo, y de evitar el daño.»











