28 de febrero de 2013

Derechos Legales y Derechos Morales


Un valioso artículo, por su concisión y claridad argumental, escrito por el filósofo y activista Tom Regan, donde se explica básicamente en qué consiste la noción esencial de lo que es un derecho y la diferencia entre las categorías de derecho moral y derecho legal.

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Derechos Legales y Derechos Morales 

Tom Regan

Junio 2011

Los filósofos distinguen entre derechos legales y derechos morales. Los derechos legales son libertades o protecciones que tienen los individuos debido a que las leyes se los otorgan. Por ejemplo, los ciudadanos norteamericanos que tienen dieciocho años, o más, tienen el derecho al voto. Es evidente que los derechos legales no aparecen por sí mismos sino que son creados por la ley; mediante dos maneras distintas: debido a los caprichos de un déspota, o debido la voluntad de una asamblea democráticamente elegida. Por tanto, una de las características definitorias de los derechos legales es que son hechos por los seres humanos; y del mismo modo, los humanos pueden también deshacerlos.

Esto nos conduce a otra característica definitoria: los derechos legales varían según el país, y también varían con el tiempo dentro del propio país. Por ejemplo, el derecho que tienen los ciudadanos norteamericanos a la libertad de religión y el derecho a ser juzgados por un jurado no son derechos universales a todas las naciones. Y el derecho al voto que tienen negros y mujeres actualmente en los Estados Unidos es el mismo derecho que les fue sistemáticamente denegado durante gran parte de la historia del país.

Dos de las características definidas de los derechos morales, las otras serán expuestas más adelante, contradicen lo que hemos dicho acerca de los derechos legales. Primero, los seres humanos no creamos los derechos morales, ni tampoco podemos deshacerlos. Segundo, los derechos morales no están limitados a los ciudadanos de una nación particular, o de un momento particular. Los derechos morales [por ejemplo: nuestro derecho a la vida, a la libertad, a la integridad física] son universales e intemporales.

La creencia en los derechos morales ha estado muy presente en las democracias parlamentarias. Los autores de la Declaración de Independencia de Estados Unidos ciertamente creían en ellos. Ellos defendían que la única razón para tener un gobierno en primer lugar es el de proteger los derechos de los ciudadanos. Derechos que al ser independientes, y previos, a los derechos legales, tienen el estatus de derechos morales.

Como defensor de los derechos morales, comparto la postura de los Padres Fundadores. Aquellos jóvenes que fueron enviados a luchar en Vietnam tenían derechos morales, incluyendo el derecho a la vida, a la libertad y a la integridad física. Así como también los tenían los niños vietnamitas que fueron asesinados y heridos durante el conflicto. Y cada individuo tenía esos derechos, tanto si el gobierno norteamericano, o cualquier otro gobierno, los reconoce como si no.

Pero ¿qué significa decir que «ellos tenían derechos»? Supongamos que decimos como respuesta: «Bueno, los derechos que ellos tenían eran derechos morales, los cuales son universales e intemporales.» Esto es verdad, sin duda, pero no nos lleva muy lejos. ¿Qué más podríamos decir sobre los derechos morales que nos ayude a entender lo que son y por qué son importantes?

Hay seis características definitorias adicionales que nos ayudan a elaborar una respuesta:

1. Derechos y Deberes: Dos Caras De Una Misma Moneda

El primer elemento a destacar es la relación entre obligaciones morales, por un lado, y derechos morales, por el otro lado. Algunos de nuestros deberes morales son de tal importancia que llevan aparejados con ellos unos derechos. Los deberes asumidos son una cara de la moneda; los derechos que se tienen son la otra cara de la moneda. Permítanme explicarlo:

Cuando decimos que algo es un deber moral, estamos diciendo que es algo que debemos hacer; algo que no sería correcto que no hiciéramos. Por supuesto, podemos no hacerlo. En tanto seres limitados que somos, hay algunas cosas que debemos hacer pero que no conseguimos hacer. Sin embargo, todo el mundo entiende la idea de lo que es tener un deber —por ejemplo: el deber de decir la verdad; o el deber de mantener la palabra dicha. Cuando queremos saber cuáles son nuestros deberes más importantes, la respuesta en parte es simple. Algunos de nuestros deberes son importantes porque permiten que existan los derechos.

2. Estatus Moral: *No Traspasar*

Otra característica definitoria de los derechos morales se refiere al estatus moral. La posesión de derechos morales confiere un estatus moral distintivo a todos aquellos que los tienen. Poseer estos derechos implica tener una especie de escudo moral; algo que podemos describir como una señal invisible en la que pusiera: "No Traspasar"

¿Qué es lo que esta señal invisible prohíbe? Dos cosas, en general. Primero, otros individuos no están moralmente legitimados para hacernos daño. Esto significa que otros individuos no pueden quitarnos la vida o dañar nuestro cuerpo porque ellos quieran hacerlo. Segundo, otros individuos no está legitimados a interferir en nuestra libre voluntad. Esto significa que otros no están legitimados para limitar nuestra voluntad sólo porque ellos lo quieran así. En ambos casos, la señal de *No Traspasar* proteger nuestros bienes más preciados [nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra libertad] limitando moralmente la conducta de otros individuos.

¿Significa todo esto que siempre está mal quitarle la vida a alguien, dañarle o restringir su libertad? No. Cuando alguien se excede de sus derechos violando los nuestros, estamos legitimados dentro de nuestros derechos a responder de maneras que pueden causar un daño o limitar la libertad de quienes vulneran nuestros derechos. Por ejemplo: supongamos que un ladrón te ataca. En ese caso, actúas dentro de tus derechos si utilizas la fuerza para defenderte a ti mismo, incluso si fuera necesario causar un daño a tu agresor.

Afortunadamente, en el mundo en el que vivimos esos casos son excepciones, no lo habitual. La mayor parte de la gente, durante la mayor parte del tiempo, actúa respetando los derechos de otros seres humanos. Pero incluso, si el mundo fuera diferente al respecto, el punto central seguiría siendo el mismo: lo que estamos moralmente legitimados en hacer cuando alguien viola nuestros derechos no se traduce en una excusa permanente para violar sus derechos.

3. Peso Moral: *Prevalencia*

Cualquier defensor serio de los derechos humanos no sólo cree que los derechos individuales son importantes; sino que, más aún, creemos que nuestros derechos son la consideración moral más importante que podamos imaginar. Utilizando una analogía del juego de carta llamado brigde: los derechos individuales son lo que se denomina un 'triunfo'. Lo cual significa lo siguiente:

El juego de brigdge consta de cuatro jugadores, y cincuenta y dos cartas; y se juega cada ronda con trece cartas de cada tipo: picas, corazones, diamantes, tréboles. Hay trece rondas en cada mano, y siempre gana la carta de mayor valor en cada ronda. Normalmente, la carta ganadora es la de más alto valor de cada tipo. El as de tréboles prevalece sobre cualquier otro tipo de trébol, el as de diamantes prevale sobre cada cualquier otro tipo de diamante, y así sucesivamente. Sin embargo, los jugadores pueden decidir que un tipo concreto es el que prevalece, es el 'triunfo', dentro de una ronda particular. Una vez que lo deciden, las cartas que pertenecen a ese tipo concreto adquieren un valor añadido.

Por ejemplo, supongamos que los corazones son el "triunfo", y que las tres primeras cartas jugadas son la reina de picas, el rey de picas y el as de picas. Ahora tú eres el siguiente en jugar. No tienes picas en tu baraja. Sin embargo, tienes el dos de corazones. Como los corazones son el 'triunfo' en esta ronda, tu dos de corazones prevalece frente a la reina de picas, el rey de picas, e incluso el as de picas. Así es como funciona la prevalencia en el juego del brigde.

La analogía entre el juego de bridge y los derechos individuales en el contexto moral debería resultar razonablemente clarificadora. Existen diversas consideraciones que son relevantes a la hora de tomar una decisión moral. ¿Cómo nos afectara personalmente dependiendo de la decisión que tomemos? ¿Qué podrá pasar con nuestra familia, amigos, compañeros y conciudadanos? No es difícil escribir una larga lista al respecto. Cuando decimos que los derechos deben prevalecer, esto significa que nuestro deber de respetar los derechos individuales es la consideración más importante en el contexto moral. Esto significa que las consecuencias deseables que podamos obtener, para nosotros o nuestros allegados, nunca justifican violar los derechos de otros. Esto significa que el beneficio que otros puedan obtener violando los derechos de alguien nunca puede justificar el hecho de violarlos.

4. Derechos Morales e Igualdad Moral

La siguiente característica de los derechos morales concierne a la igualdad. Los derechos morales son iguales para todos los que los poseen. Por lo cual, nadie puede denegar derechos por motivos arbitrarios, prejuiciosos o moralmente irrelevantes. La raza sería una de estas razones. Determinar cuales individuos tienen derechos en base a su raza representa especialmente una virulenta forma de prejuicio. La raza a la que pertenecemos no nos dice nada acerca de los derechos que tengamos.

Lo mismo vale para otras diferencias entre nosotros. Podemos trazar nuestra línea ancestral hacia diferentes lugares: algunos provienen de Irlanda, otros de Lituania, otros de África. Algunos son cristianos, otros judíos, otros musulmanes. Otros son agnósticos o son ateos. Algunos pocos son muy ricos, y otros muchos son pobres. Y así en general. Nuestras diferencias son muchas y reales. No tiene sentido negarlo.

Sin embargo, nadie que crea en los derechos piensa que estas diferencias establezcan diferencias moralmente relevantes. Si de verdad la idea de los derechos morales significa algo, quiere decir que los individuos que tienen derechos morales los tienen por igual. Y los poseemos en igualdad de condiciones sin importar nuestras muchas diferencias, ya se trate de diferencias, por ejemplo, sobre la raza, el género, la inteligencia, las creencias religiosas, el nivel de vida, el lugar de nacimiento.

5. Reclamar Derechos: Exigencias, No Favores.

La quinta característica sobre los derechos se refiere a lo que significan cuando los reclamamos. Este punto se entiende mejor contrastando la reivindicación de derechos con la caridad o la generosidad. Es decir, a veces pedimos cosas que no merecemos. Si yo quiero un coche deportivo y tú tienes suficiente dinero para comprármelo, puedo decirte: «Oye, ¿no te importaría comprarme un Ferrari?». Una cosa está clara sobre esto y es que yo no tengo legitimidad para exigir que me compres un Ferrari. El hecho de que me compres un coche,  cualquier coche, no es algo que yo merezca, no es algo que me debas. El hecho de que me regalaras un coche sería precisamente eso: un regalo. Tu regalo podría servir para calificarte como alguien extraordinariamente generoso, no como alguien extraordinariamente justo.

Cuando reclamamos nuestros derechos, no estamos apelando a la generosidad de nadie. No estamos diciendo: «Por favor, ¿te importaría darme algo que no merezco?». No estamos pidiendo favores. Al contrario, cuando reclamamos nuestros derechos estamos exigiendo un trato justo, pidiendo aquello que nos pertenece. Por supuesto, no hay garantía de que lo recibamos. Los ciudadanos tiene derecho a exigir seguridad cuando van paseando por un parque, pero, desgraciadamente, es un derecho que los asaltantes vulneran. En todo caso, entendemos que no estamos pidiendo algo que no merecemos cuando queremos dar un paseo sin que nadie nos asalte.

6. Violación De Derechos y el Deber de Ayudar

A veces ocurre que las víctimas cuyos derechos son violados no comprenden la injusticia que se comete contra ellas. Lo que les sucede a los niños, así como a quienes padecen alguna grave discapacidad mental, sin importar su edad, son ejemplos evidentes de cómo eso puede ocurrir. Debido a su vulnerabilidad, estos individuos son víctimas fáciles para quienes buscan algún beneficio, ya sea personal o colectivo. Cuando son utilizados como medios para tales fines, no solamente los derechos de esas víctimas son violados; sino que también todos aquellos que pueden comprender la injusticia que se ha cometido, tienen el deber de intervenir en favor de la víctima, actuando y alegando en su defensa. De hecho, este deber es en sí mismo una demanda de justicia, no una apelación a la generosidad. Estas víctimas merecen que las auxiliemos. Ayudarles es algo que merecen, no simplemente algo que sería 'bonito' por nuestra parte. Consecuentemente, cuanto menos capaces sean de defender por sí mismos sus derechos, mayor es nuestro deber de hacerlo por ellos.

Todos entendemos que hay un límite a lo que podemos hacer para ayudar a las víctimas de la injusticia. No podemos hacer todo por cada víctima. Sin embargo, nuestro límite no es cero. Que no podamos hacerlo todo no significa que debamos contentarnos con hacer nada.
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Traducido del texto original: "Legal Rights And Moral Rights" 
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5 de febrero de 2013

El principio de identidad


El filósofo Franz Brentano categorizó el universo en dos tipos de entes: los que poseen intencionalidad y los que no. Los primeros tienen iniciativa, poseen fines y deseos; los segundos sólo obedecen a las leyes físicas. Los primeros son sujetos [son seres conscientes; son alguien] y los segundos son objetos, cosas.

Aunque la reciente Declaración de Cambridge confirma específicamente la existencia de conciencia [en particular la existencia de conciencia sensitiva] en los mamíferos y las aves, no niega que la conciencia también se produzca en los demás animales, y las evidencias actuales cada vez apuntan de manera más clara a corroborar la tesis —avalada por Gary Francione y por Joan Dunayer— de que todos los seres que tienen un sistema nervioso activo —ya fueran moluscos, peces, reptiles o insectos— pueden experimentar sensaciones y poseen, al menos, una conciencia básica de sí mismos y de lo que les ocurre. Denominamos conciencia a la capacidad de generar experiencias subjetivas: sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, pensamientos.

Puede ser importante advertir que la presencia del utilitarismo ha distorsionado el conocimiento correcto dentro del ámbito animalista —y en general sobre toda la sociedad— acerca del fenómeno de la sintiencia, acerca de lo que realmente significa sentir, y sus implicaciones morales. Al utilitarismo sólo le importa el dolor y a veces el placer. Al utilitarismo le resulta irrelevante la individualidad y la voluntad propia de cada sujeto sintiente. Por esto comprobaremos que sentir se confunde a menudo con el de solo hecho sentir dolor o sentir placer —también veremos que se dice 'sufrir y disfrutar'. Este punto, además de no corresponder con la realidad de los hechos, abre una brecha moral insalvable entre el utilitarismo y la ética de derechos individuales.

Es un error considerar la sintiencia como solamente la capacidad para experimentar sensaciones [dolor, placer,...] olvidando o ignorando que la sintiencia se define por la aparición de la subjetividad (toda sensación hace referencia necesariamente a un sujeto). La subjetividad es el fundamento de la individualidad. Todo ser sintiente tiene conciencia de sí mismo como un ser único y diferenciado del resto de seres —individuos o cosas— que lo rodean. Este rasgo, de acuerdo con las evidencias que  se pueden encontrar en el trabajo de los científicos Donald Griffin y Rodolfo Llinás es común a todos los organismos que poseen un sistema nervioso.

Esta individualidad se define por la afirmación de la autonomía e independencia del individuo. Es decir, el individuo tiene su propia voluntad y sus propios intereses. Aunque esos intereses a nivel básico pueden ser comunes al resto de seres sintientes. Todo ser sintiente por el hecho de ser un individuo desea su propia conservación y desarrollo. La sintiencia es una facultad surgida evolutivamente en los animales para lograr la supervivencia. Los animales sintientes deseamos, entre otras cosas, perseverar en nuestra existencia y satisfacer nuestras necesidades. Así lo describe el catedrático Nolasc Acarín:

«Al igual que el resto de animales tenemos dos objetivos básicos en la vida, de forma que los impulsos que nos gobiernan tienden a conseguirlos. Son la perpetuación y la satisfacción del ansia de placer. Son los dos grandes estímulos que nos hacen vivir. (...) podría ser equivalente a lo que algunas escuelas psicológicas caracterizan como instinto de vida.»

Placer y dolor sólo son medios, instrumentos, para conseguir nuestros fines. Cuando nos encontramos abocados a una situación de grave peligro y amenaza para nuestra vida, emplearemos todo nuestro empeño y energía en resolver o salir de dicha situación, por mucho sufrimiento y dolor que nos conlleve. Deseamos vivir, conservar nuestra existencia individual, y deseamos protegernos tanto del daño como de las intromisiones que pretenden someternos. Queremos que nuestra voluntad —el otro rasgo fundamental de la sintiencia— no se vea anulada o sometida a la voluntad de otros.

Esta característica básica de la sintiencia que es la subjetividad, la consciencia de uno mismo, y lo que conlleva —el deseo de autonomía y de supervivencia— no es menos importante que la capacidad de experimentar sensaciones [dolor, placer, imágenes, sonidos] y además, ambos fenómenos están intrínsecamente relacionados.

Por supuesto, el verdadero problema moral de esta cuestión consiste en que reconocer la sintiencia en los demás animales no deriva automáticamente en respetar a los demás animales. De hecho, este dato en realidad no se trata de ninguna novedad. Desde hace miles de años podemos encontrar testimonios acerca de como los humanos reconocían y asumían que otros animales también sentían —o que también razonaban. La ciencia actual no ha hecho más que confirmar con evidencias algo que en realidad ya se intuía desde hace milenios. En palabras del neurofisiólogo Antonio Damasio:

«La conciencia no es algo únicamente humano, sino un proceso gradual que se ha desarrollado a lo largo de la evolución en muchas especies.»

Y sin embargo reconocer que otros animales sienten no ha sido óbice para que los humanos les exploten. Porque para convertir este dato en un hecho moral necesitamos aplicar correctamente la lógica. Empezando por una aplicación inconsciente o emocional como es la empatía —lo que yo siento también lo sienten otros: A=A] hasta llegar al principio ético de igualdad [la igual consideración]  y el respeto por la persona.

En su prestigioso diccionario de filosofía, el académico José Ferrater Mora explica como el principio de identidad se refiere tanto a la existencia en sí misma [el ser] como a la lógica y también la psicología. Tienes al menos tres aspectos de aplicación. Precisamente lo que yo defiendo aquí es que el principio lógico de identidad no sólo está necesariamente unido con el principio ontológico de identidad sino que también correspondería con el principio psicológico de identidad, es decir, la conciencia entendida como conciencia sensitiva. "La identidad de la persona es formalmente identidad de conciencia" afirma el filósofo David Sánchez Meca

En resumen, y sin menoscabo de nada de lo expuesto anteriormente, la tesis que presento aquí, y que pretende sustentar una fundamentación objetiva de la ética y solucionar el problema filosófico del "ser y el deber ser", se podría resumir sustancialmente en tres pasos:

* Cada ser sintiente, por el hecho de ser sintiente, posee necesariamente, al menos, una conciencia básica, una conciencia sensitiva. Esta conciencia significa que se reconoce a sí mismo, que experimenta sensaciones, y que tiene una serie de intereses básicos como el interés en auto-conservarse, en evitar aquello que atente contra su integridad física. Es decir, todo ser sintiente posee identidad [A=A]. Se reconoce a sí mismo diferenciado del resto de seres que le rodean. Cuando siente, experimenta una sensación, es él mismo, y no otro, quien siente. Las sensaciones no se producen en un vacío impersonal, sino que requieren por definición la aparición de un sujeto, una identidad, a la que se refieren.

* El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico. Ya que ni la existencia ni la vida implican de por sí el tener conciencia de sí mismas. La existencia es el fenómeno primordial [el ser] y la vida no es en esencia más que un mecanismo natural —como la digestión. Tanto la existencia en sí misma y como vida se expresan simplemente como 'A'. Solamente aquella existencia que se reconoce a sí misma como existente, se puede expresar como A=A, es decir, como identidad.

*Por lo tanto, si el respeto por la lógica, inherente a nuestra naturaleza y razonamiento, significa inevitablemente respetar el principio lógico de identidad, de ello se deriva también el respeto por el principio psicológico de identidad (que serían lo mismo en ámbitos diferentes), esto es, la sintiencia o conciencia sensitiva. Nuestra obligación racional de respetar la lógica implica el respeto moral por la persona. Esto fundamenta objetivamente la ética y desecha cualquier otro tipo de fundamentación distinta, que por necesidad sería arbitraria.

En realidad, no hay nada especialmente novedoso en esta argumentación, excepto, quizás, el hecho de conectar el principio lógico de identidad con el principio psicológico de identidad —la mente o conciencia de cada individuo. Otras propuestas filosóficas han apelado al principio de identidad y al respeto por la persona, pero no tengo constancia de que ninguna haya conectado ambos principios en el sentido mencionado.

No obstante, esta conexión me parece singularmente importante pues fundamenta de manera racional e inapelable la objetividad de la ética, al mismo tiempo que excluye, por un lado, la irracional pretensión de que toda fundamentación es siempre necesariamente arbitraria, y, por otro lado, refuta prejuicios morales como el especismo o el utilitarismo antes señalado. Ya no se trata de que el respeto por la persona —al que muchos llegamos en principio a través de la empatía y de la intuición— sea una propuesta más entre otras, sino que es la única postura racional que podemos mantener en la ética. 

Algunos esfuerzos modernos a favor de la objetividad en la ética, como es el reciente caso de Derek Parfitt, no han satisfecho realmente a nadie, puesto que Parfitt no soluciona el problema esencial de cómo encontrar un fundamento universal a las cuestiones morales, y simplemente se dedica a razonar sobre la coherencia interna, o la posibilidad práctica, de cada teoría moral.

Por supuesto, aunque bien soluciona algunos problemas esenciales, este planteamiento que he expuesto no está exento de complejidades en su aplicación, las cuales tengo intención de solucionar en sucesivas notas. En todo caso, lo importante es que nadie que razone, que acepte la lógica y la racionalidad, puede proponer otra postura sin que ella resulte evidentemente arbitraria y sin fundamento objetivo. Si aspiramos a que sea la razón, y no la violencia, quien gobierne nuestras vidas, de acuerdo a la lógica, sólo puede ser satisfactorio este principio de argumentación.

Solamente si por capricho o por beneficio pretendemos que la ética siga siendo una especie de bufé en donde cualquier teoría cabe, y cada uno se sirve a su gusto, nos resultará hostil la idea de que no podremos por más tiempo tolerar el hecho de que existan varias teorías morales distintas y contrapuestas. Este relativismo no puede ser racionalmente aceptable, así como no lo es en la ciencia.

Ya es hora de que la ética, y la filosofía en general, partan de la evidencia y se basen sólo en la evidencia, y en la lógica; no más en prejuicios, gustos o fantasías que nos han conducido al desastre moral; a causar víctimas inocentes que podrían haberse evitado. Claro que si no queremos aceptar que el respeto por la lógica y, por tanto el respeto por la persona, es el centro de la ética entonces obviamente no veremos aquello como un problema.

19 de enero de 2013

Nociones básicas


Carl Sagan fue un científico y divulgador, ferviente defensor del racionalismo y preocupado por nuestra relación moral con los demás animales
"El problema de la filosofía - según Platón - es descubrir un fundamento incondicionado y absoluto para todo lo que existe en forma condicional." ~ Ralph Waldo Emerson

En cualquier disciplina de conocimiento, para poder confirmar con certeza que nuestros datos son veraces, han de estar en última instancia fundados en la evidencia. Pues como no es posible querer fundamentar a su vez todo fundamento -ya que retrocederíamos interminablemente hasta el infinito- deberá haber un fundamento de todo lo demás, que ya no necesite un fundamento ulterior, distinto de sí mismo. Esto, a nivel del conocimiento, es la evidencia, ya que sólo las verdades inmediatamente evidentes tienen la propiedad de que no necesitan nada distinto de ellas mismas para ser reconocidas como verdaderas -fuera de la capacidad cognoscitiva de un sujeto, se entiende.

Las primeras evidencias de las que partimos son la existencia y la sensación. No podemos dudar de que existimos y de que sentimos. Para poder dudar de que existimos y sentimos tenemos previamente que existir y poder sentir. Luego, no cabe duda alguna de que existimos y sentimos. Tanto la existencia y la sensación se catalogan como la primera evidencia empírica. Son evidencias inmediatas.

Existen otro tipo de evidencias que serían las evidencias mediatas, es decir, aquellas que sólo pueden ser reconocidas como tales mediante un proceso de investigación o recolección de datos. Como ejemplos, podemos destacar el heliocentrismo y la evolución biológica. 

Ahora bien, dejando a un lado la evidencia empírica, la más importante evidencia en el conocimiento es la lógica. Cuando hablemos de lógica nos referiremos a la lógica básica o los principios básicos de la lógica.

La validez de la lógica como fundamento último y objetivo es una evidencia que, al igual que la existencia y la sensación, no puede ser demostrada ni criticada. No puede ser demostrada, porque toda demostración la presupone, es decir, ya presupone la validez de la lógica como fundamento. Para poder demostrar algo, hay que empezar por algo que no necesita ser demostrado. De lo contrario, retrocederemos al infinito, intentando demostrar siempre las premisas de nuestras demostraciones, y no podremos demostrar nada.

Como diría Wittgenstein, en el Tractatusla lógica, al igual que la existencia y la sensación, no se demuestra sino que se muestra. Esto es, lo evidente no existe por deducción sino que aparece por sí mismo, sin más apoyo que sí mismo.

Por eso mismo, no tendría sentido la pretensión de enjuiciar la propia lógica, para decidir previamente la validez y el alcance de la lógica, antes de usarla para conocer otras cosas. Porque no podemos usar otra cosa que no sea la misma lógica para juzgar si la lógica es válida. La validez de la lógica no puede ser criticada, porque toda crítica presupone la validez de la lógica que hace la crítica. 

Por esto, no tienen razón los que sostienen que ese principio objetivo es arbitrario. Sin un punto de partida indemostrable, no hay razonamiento, porque la validez de la lógica es ese mismo punto de partida indemostrable, y si no hay razonamiento, el concepto mismo de arbitrariedad u objetividad carece de sentido. 

Una postura que no acepta la lógica como fundamento último y pretenda que su crítica a la arbitrariedad o inconsistencia de determinadas teorías está justificada,  no tiene sentido. ¿Por qué sólo podemos elegir la arbitrariedad como fundamento de nuestro pensamiento y no también para su desarrollo? Este error de contradicción es en el que entiendo que incurre el profesor Gary Francione, en sus ensayos contra el ateísmo, cuando dice que el fundamento último de la ética no puede ser demostrable racionalmente.

En una reciente entrevista, el filósofo José Antonio Marina resumía en esencia la idea acerca de que los fundamentos últimos no se pueden demostrar a sí mismos:

«"Dice en "La lucha por la dignidad" que Gödel señaló que todos los sistemas formales dependían de algún gancho exterior al sistema, ¿a qué se refiere aquí?-

- El esquema es que tengo unos determinados axiomas, que no se pueden demostrar, y unas reglas de transformación. De ahí salen los teoremas. Cuando yo elijo los axiomas no puedo justificarlos, son constituyentes. Pero a partir de aquí entra en juego toda la mecánica de la lógica formal. Puedo tomar un axioma fundamental, pero hay siempre un último paso donde todo no es demostrable.

Por ejemplo, puedo tomar un principio fundamental, el principio de identidad, A es igual a A. Es algo que no puedo demostrar. Esto a mí me interesaba aplicarlo a la ética. Todos los principios éticos en estos momentos se basan en algo que no es demostrable, que ni siquiera es real, es un axioma constituyente. Los escojo no al azar, “Los físicos necesitamos elegir la geometría que conviene más a nuestro sistema”, es decir, se eligen por una determinada razón.

Así, por ejemplo, la máxima de Nietzsche: “La fuerza es la que fundamenta todos los valores”, otra podría ser la de los griegos, “La virtud es la que fundamenta todos los valores”, y nosotros hemos considerado otra, “La dignidad”. No podemos demostrar ninguna de las tres, porque son principios constituyentes, axiomas. Lo que podemos es, a la vista de la realidad que tenemos, hacer una constitución que empiece diciendo “Todos los seres humanos son iguales en dignidad y de esa dignidad derivan derechos”, porque resuelve problemas, situaciones indeseables. ¿Pero tenemos o no tenemos dignidad? Hombre, no es una realidad científica, no lo podemos demostrar, es un principio constituyente, un axioma que aceptamos, que hemos convenido aceptar.»

Pienso que tanto Francione como Marina y otros se equivocan cuando asumen que los axiomas de los que partimos siempre son necesariamente arbitrarios. La lógica no es arbitraria, sino que es objetiva, y es universal y común a todos los que conocen y razonan. Los principios básicos de la lógica son insoslayables para cualquiera que intente razonar sobre cualquier asunto. Los principios básicos de la lógica son los axiomas objetivos que se imponen a cualquier otro tipo de fundamentación.

De hecho, si la base de la que partimos no puede ser ella misma demostrada, no se ve qué habría de malo en la arbitrariedad, y en realidad, parece que la postura irracionalista va en esa dirección, pues renunciar a encontrar fundamentos últimos equivale a detener arbitrariamente en algún momento el proceso de fundamentación. Por tanto, ni Marina ni Francione, ni nadie, puede explicar por qué adoptan como base determinado principio en lugar de otro. Simplemente dicen: "convenimos en partir de ese punto". Pero entonces ¿por qué una vez abandonada la idea de una fundamentación objetiva, no podemos basar la fundamentación en cualquier elemento, es decir, en la arbitrariedad?

Si se abandona la idea de fundamentación última en la lógica  entonces sólo queda la arbitrariedad.  La necesidad de buscar una fundamentación objetiva no proviene de que se haya abandonado la idea de una fundamentación objetiva, sino más bien del hecho de que no tiene sentido fundamentar nada, si no hay fundamentación objetiva. Es decir, si finalmente vamos a dejarlo todo en el "esto es así porque sí, o porque yo quiero que sea así", entonces más vale hacerlo de entrada y no cansarnos buscando razones que de todos modos van a ser ignoradas.

La idea de basar en "cualquier parte" el proceso mismo de fundamentación es contradictoria con la idea de empezar un proceso racional. Si vamos a razonar, debemos partir del fundamento de la lógica.  No es posible razonar sin partir de la propia lógica.

Los principios lógicos que estructuran todo el proceso cognoscitivo no son demostrables, pero tampoco son arbitrarios: son evidentes por sí mismos, siempre y para todos.

Por ejemplo, el principio de no-contradicción: "Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido". Es absolutamente imposible que yo esté al mismo tiempo en el planeta Tierra y en la Luna. Es absolutamente imposible que al mismo tiempo estemos vivos y muertos.

En ese sentido la lógica, evidente e indemostrable, es un absoluto, no podemos salir de ella. El que ataca la lógica, está partiendo de la lógica. Porque no puede razonar sino mediante el uso de la propia lógica.

Es decir, ya pensamos, ya estamos pensando, desde que tenemos uso de razón. Y nuestro pensamiento, o es válido, verdadero, correcto, o no lo es. Y si lo es o no lo es, lo es o no lo es absolutamente, y no sólo "para mí" o "para ti". Por tanto, hay algo absoluto, algo que no puede ser relativizado: la lógica.

No tiene sentido decir que la verdad y la validez son conceptos relativos, pues dicha afirmación se pone a ella misma necesariamente como absoluta.

Para poder decir legítimamente que "todo es relativo" es necesario situarse en el absoluto, en la verdad objetiva. De lo contrario estaríamos diciendo: "Todo es relativo, pero eso sólo puedo afirmarlo como válido para mí mismo", en cuyo caso lo que decimos no tiene sentido, son meras palabras, sin significado ni relación con la realidad en la que todos existimos.

Respetando la coherencia, el conocimiento moral -el conocimiento de las normas morales- no puede ser diferente de cualquier otro tipo de conocimiento. El razonamiento, como hemos visto, parte de un fundamento objetivo, y el razonamiento moral no debe ser distinto.

Cuando nos preguntamos por qué está bien o mal hacer tal o cual cosa, ya estamos partiendo de la base de que aceptamos razones en las que basar nuestro comportamiento. Si nos preguntamos: "¿por qué está mal comer a otros animales?" La respuesta a esta pregunta parte también de la base de que nosotros no querríamos que nadie nos usara como comida, porque deseamos vivir y que no nos hagan daño. Estos intereses básicos son comunes a todos los seres que poseen capacidad de sentir.

Si los demás animales poseen en efecto conciencia básica e interés de auto-conservación de sí mismos [A=A] entonces la lógica nos obliga a respetarlo de igual manera que deseamos que se respete el nuestro propio. Porque es el mismo interés [A=A], aunque se dé en individuos diferentes. Ésta es la razón. Todas las razones se basan en respetar y ajustar nuestro pensamiento y conducta a los principios de la lógica. La conducta ética racional no puede ser diferente.

Por tanto, la ética tiene necesariamente un único fundamento, objetivo, absoluto y universal: los principios básicos de la lógica. Cualquier otro fundamento es necesariamente arbitrario, relativista, absurdo, o, en última instancia, una mera cuestión de gusto subjetivo. Sólo una vez que estemos de acuerdo en este punto podremos ver, más adelante, como a partir de la lógica extraemos y desarrollamos toda la ética.

12 de enero de 2013

La asignatura pendiente


En el siguiente vídeo podemos ver algunas reflexiones del científico Richard Dawkins acerca de la relación entre ciencia y moral. Sobre este mismo punto en concreto ya publiqué una nota acerca de las ideas de Sam Harris. Ahora, me parece que puede ser interesante que escuchemos lo que Dawkins tiene que decir al respecto.



Estos son algunos puntos que entresaco del discurso de Dawkins:

1. La ciencia no puede establecer por sí misma valores morales. La ciencia trata sobre cómo es el mundo, sobre cómo funciona. Pero de lo que es no se puede derivar directamente lo que se debe hacer.

2. La ciencia sí puede ayudar a la ética a establecer valores morales de acuerdo con los propios criterios racionales de ambas disciplinas: la lógica y los hechos.

3. La ciencia nos muestra que todos los animales tenemos un mismo pasado evolutivo, y que tenemos características similares, como es por ejemplo la capacidad de sentir. Por tanto, es irracional hacer separaciones radicales entre los animales, tal y como hace aquella mentalidad que Dawkins denomina "absolutista", aunque en realidad sería más apropiado denominarla como especista.

4. Detrás de la ciencia existen ideas filosóficas que son las que condicionan su objeto y forma de estudio. Creo que esta última idea la explica en detalle el filósofo de la ciencia, Mario Bunge.

Dawkins habla también acerca del utilitarismo, una teoría con la que claramente simpatiza en la versión específica promovida por el filósofo Peter Singer. La idea de que es moralmente bueno sacrificar las vidas de unos pocos individuos si resulta útil para favorecer el bienestar de otros muchos no sería genuinamente especista sino de raíz utilitarista.

Otro gran científico, el físico Richard Feynman, promovió una iniciativa en la que proponía que resumiéramos el núcleo más importante del conocimiento científico en una sola frase. En las respuestas que aparecieron al respecto resulta destacable apreciar que muchas de ellas hicieran apología manifiesta del antropocentrismo:

"Cójanse de las manos, mírense a los ojos y hablen recordando nuestra historia evolutiva y la importancia de nuestra especie." ~ Marc Hauser 

"Por eso, el objetivo de los esfuerzos medioambientales no es tanto salvar el planeta -que de todas formas sobrevivirá y creará nuevas combinaciones de átomos- como asegurar la prosperidad de nuestra propia especie." ~ Carl Folke 

A menudo, la manera de entender un sistema complejo es entendiendo sus componentes, pero probablemente no es así en el caso de los sistemas complejos más interesantes: nosotros." ~ Robert Sapolsky

Pareciera que en lugar de pedirles una frase para resumir lo más esencial e importante del conocimiento científico les hubieran reclamado una sentencia que resumiera el corazón del antropocentrismo. Y es que a menudo da la impresión de que la mayor parte del tiempo los humanos nos dedicáramos a mirarnos embobados el ombligo y estudiáramos todas las demás cosas solamente porque estuvieran relacionadas con nosotros mismos.

Me pregunto entonces: ¿cómo podemos superar este antropocentrismo? Pienso que podemos conseguirlo de la misma manera que hemos superado la magia, la brujería y el chamanismo. Aplicando la razón. Partiendo de la lógica y de los hechos empíricos de los que tenemos conocimiento.

Una forma de pensar racional es la que nos proporciona lo que entendemos por ciencia. Construir teorías basadas en la evidencia empírica, y en aplicar los principios de la lógica, son los que fundamentan la investigación y el conocimiento científico.

Hasta el siglo XVIII la ciencia era denominada 'filosofía natural', es decir, una parte de la filosofía que estudia la naturaleza en sus procesos, en cómo funciona. Y no fue hasta el siglo XIX que decidió marchar por su cuenta. Como también le ocurrió a otras tantas disciplinas: lógica, psicología, sociología,... 

Ahora llamamos filosofía por un lado a nuestra visión del mundo y a la reflexión general sobre los fundamentos de esa visión, y, por el otro, a la reflexión particular sobre cada uno de los aspectos concretos de la vida o sobre nuestras diferentes sectores de conocimiento.

Si una forma de pensar racional nos ha proporcionado la ciencia moderna, del mismo modo, también puede proporcionarnos la ética. Aunque para esto sería necesario previamente superar el antropocentrismo.

Si hemos superado el prejuicio humanocentrista en cosmología [no somos el centro del universo] y en biología [no somos el centro de la naturaleza] tampoco hay ninguna razón que justifique mantener ese mismo antropocentrismo en el contexto moral y suponer que exclusivamente los humanos merecen consideración moral o que los humanos estamos legitimados en someter a otros individuos si no están clasificados dentro de la especie humana. 


Algunos científicos y divulgadores de la ciencia y el pensamiento racional como es el caso de Carl Sagan ya mostraron preocupación por este tema.

Si el escepticismo racional es una parte fundamental de esa visión del mundo basada en la razón ilustrada, y la postura racional defiende el principio lógico de la continuidad de la existencia, entonces no puede haber ámbitos de la vida que estén radicalmente separados. Ya se trate de ciencia, ideología, economía, (o cualquier otra actividad) no es racional defender que sólo en algunas áreas es pertinente aplicar la razón. Deberíamos esforzarnos por hacer lo mismo en todos los ámbitos de la vida.

Es por esto que entiendo que la razón debería ser aplicada por igual también en el terreno de la ética. Y por eso estoy plenamente de acuerdo en el hecho de denunciar que las discriminaciones morales entre seres humanos basadas en sexos, razas, o naciones, es algo contrario a la razón

La consideración moral no tiene relación alguna con la pertenencia a determinada raza, sexo o nación. Sino que tiene que ver con el hecho de que somos individuos conscientes y con intereses propios que deseamos que se nos respete.

Sin embargo, también estoy convencido que es una tarea pendiente, no sólo del movimiento escéptico en particular sino de la sociedad en general, el reconocer que, al igual que el racismo o el sexismo, también el especismo es una discriminación injusta. El antropocentrismo moral —creer que sólo los seres humanos merecen igual consideración moral y derechos— es una ideología radicalmente irracional e incluso más dañina que todos los demás prejuicios juntos. 

Creo que este último punto merece, al menos, una más que profunda reflexión por cualquier persona que se considere racional y que todavía no comprenda su gravedad o importancia. Lo cual reconozco que en principio es difícil de por sí, sobre todo por el contexto social en el que vivimos, en donde es una idea corriente, y asumida por casi todos, la de que sólo los humanos merecemos igual respeto y que estamos por encima de los demás animales, con derecho a utilizarlos para nuestros fines.

El especismo se basa en esa misma dicotomía en la que se basa el racismo o el nacionalismo, la dicotomía del nosotros [los humanos] por encima de ellos [los demás animales].

La preminencia de esta mentalidad provoca que causemos miles de millones de víctimas cada año. Sin que haya tampoco ningún argumento racionalmente basado en la necesidad o la utilidad que lo pueda justificar. 

No sabemos si estamos solos en el universo. Si hay otros planetas que alberguen formas de vida y seres conscientes. De lo que no hay ninguna duda es de que no estamos solos en este planeta. Habitamos este mundo junto con otros animales que poseen la capacidad de sentir, que tienen su propia voluntad e intereses. 

¿Por qué nuestros intereses deben estar por encima de los de otros animales, solamente porque no sean humanos? Cualquier argumento que se pretenda alegar servirá igualmente para justificar hacer lo mismo con otros humanos.

Es necesario abandonar la irracionalidad y adoptar un radical cambio de perspectiva, y fundamentar nuestra ética en la razón, es decir, en las evidencias y la lógica. Así probablemente tendremos el éxito que ha tenido la ciencia y conseguiremos un conocimiento claro sobre cómo debemos comportarnos, de acuerdo con la razón.

9 de enero de 2013

¿Cómo dices tú: !No me mates!?

MATADEROS

50 mil millones de súplicas por clemencia son ignoradas cada año.

50 mil millones de animales sufren por su carne, su leche y sus huevos.

Son cruelmente encerrados, mutilados, quemados, condenados a una vida de privaciones, soledad, dolor y terror a ser asesinados. La mayoría pasa sus vidas sin poder darse la vuelta o estirar sus alas. La mayoría jamás ve el sol. La mayoría jamás sale de su jaula excepto para morir.

Todos suplican por sus vidas y libertad en un lenguaje que no requiere traducción.

Golpean sus cabezas contra sus jaulas, muerden las barras de metal hasta que sus bocas sangran, se dañan a sí mismos buscando una vía de escape, gimen de dolor y desesperación, se vuelven locos.

Los animales que están a la espera de ser asesinados lloran, jadean frenéticamente, se estremecen, pierden el control de sus esfínteres, se desploman sobre su propio vómito, tratan de escalar murallas en sus intentos desesperados por escapar. Algunos tratan de proteger a sus hijos con sus propios cuerpos.

Todos son individuos inteligentes, sensibles y sociales, con mentes y vidas que son únicamente suyas.

Cuando se les devuelve la libertad de vivir en paz, los animales “de granja” y las aves, hacen con sus vidas lo que nosotros hacemos con las nuestras:

Crían sus familias, construyen nidos, cuidan y defienden a sus seres queridos, juegan, se pelean, se guardan rencor, hacen travesuras, inventan juegos, resuelven problemas, utilizan herramientas, buscan entender el mundo que les rodea, buscan aprender de otros y enseñar lo que saben, forman intensas uniones y relaciones, se enamoran, sufren, se ríen, lloran, tienen esperanzas y miedos, recuerdan el pasado y anticipan el futuro, forman comunidades con distintas jerarquías sociales, reglas de conducta, expectativas, recompensas y correcciones.

Ellos cantan. Ellos confían. Ellos sueñan vívidamente.

Las industrias que se lucran vendiendo, comprando y acabando brutalmente con las vidas de otros animales, ignoran y descartan su sufrimiento.

Tú Puedes Detenerlo


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Texto traducido de la página de Peaceful Prairie
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7 de enero de 2013

Un problema de conexión


«Comer animales es una manera de afirmar nuestra superioridad respecto de los seres que comemos.» ~ Marcela Iacub

Algunos guerreros celebraban la victoria del combate comiendo los cadáveres de sus enemigos. Comer a otros animales no sólo se hace por placer o por costumbre. El hecho de usar a otros animales como comida es un ritual en el que se celebra la dominación del ser humano sobre los demás animales. Es una glorificación de la violencia y la opresión sobre seres inocentes e indefensos a quienes se considera inferiores. 

En todas las culturas humanas se realizan este tipo de rituales, cuya función parece ser la de celebrar y reforzar la mentalidad de dominación del hombre sobre los demás animales.

Una misma práctica puede tener varios motivos y aspectos. El hábito de comer animales puede que no se produzca exclusivamente por placer, o por supuesta necesidad, sino que parece tener un claro componente ideológico que favorece el prejuicio especista

En mi caso —y creo que en el de muchos otros que dejamos de comer animales por motivos éticos— pude comprobar como después de haber abandonado ese hábito, pude juzgar con mayor claridad e imparcialidad la injusticia que es la opresión especista. Por tanto, entiendo que los hábitos especistas precisamente causan un efecto contrario, es decir, fortalecen los prejuicios que a su vez los motiva. Es como un círculo vicioso.

A pesar de todo esto, podemos ver sin embargo que casi todo el mundo reacciona con disgusto cuando se le plantean casos de violencia contra otros animales. 

Recientemente un supuesto artista planeaba matar a martillazos, en público y al son de la música, a algunos animales como parte de su obra. La indignación popular es casi unánime a la hora de rechazar estos actos. Pero lo que pretendía llevar a cabo este individuo no es diferente de lo que ocurre todos los días en granjas, laboratorios, mataderos, y otros lugares en los que son rutinariamente explotados los animales. Y no sólo permitimos que esto ocurra cada día sino que además pagamos por ello y usamos los productos de esos crímenes como comida o como ropa. ¿Cuál es la diferencia?

Casi todos coincidimos en que está mal hacer daño, matar o hacer sufrir a otros animales, pero al mismo tiempo participamos en actividades que implican esclavizar, dañar, y matar animales. Decimos rechazar la violencia pero al mismo tiempo vivimos en una cultura de la violencia. Hay una contradicción entre nuestras intuiciones, y nuestro sentido moral, y las creencias y prácticas que sostenemos en nuestra vida cotidiana. 

Nos adoctrinan desde la infancia para considerar que está bien discriminar y explotar a otros animales y así lo asumimos como algo normal. Durante los primeros veinticinco años de mi vida yo comí animales y nunca pensé que estuviera haciendo nada malo. Nadie me dio a entender que hubiera nada malo en ello, sino que era algo normal y que todo el mundo hacía. Hasta que por casualidad un día recibí cierta información que me hizo ver las cosas de manera diferente, y a partir de ahí darme cuenta de que no está bien explotar a los demás animales.

Creo que es un error considerar que hay maldad o crueldad en estos actos, cuando la gran mayoría de personas que han sido adoctrinadas en el especismo no tienen siquiera conciencia de estar haciendo algo malo. Los prejuicios y la inercia tienen mucha fuerza en nuestra mentalidad, y el activismo que en contra del especismo y la violencia tiene una presencia todavía muy minoritaria. Por desgracia, la mayoría de la gente no tiene conocimiento de lo que es el veganismo o los derechos animales.

La educación que recibimos, y el ambiente en el que vivimos, condicionan en gran parte nuestra forma de pensar y actuar. Pero también tenemos la capacidad de reflexionar y cuestionar nuestras ideas y costumbres recibidas. Se trata de una cuestión de educación. No es un problema de crueldad o de falta de sensibilidad. Es un problema principalmente cultural. Y entiendo que sólo enfocándolo de esta forma es como vamos a poder solucionarlo. Nunca con hostilidad, sino desde la empatía. Cualquiera que tenga nociones básicas de pedagogía sabrá que es más efectivo adoptar una relación cordial y amistosa que una agresiva y hostil. Sin contar con que independientemente de los fines que pretendamos conseguir, todas las personas siempre merecen por lo menos un mínimo de respeto moral.

Hay gente que está informada y aun así sigue participando de manera consciente en la explotación animal. Pero hay que tener en cuenta que esa información sólo representa un momento más en su vida. El resto del tiempo siguen viviendo en un ambiente especista que reafirma sus prejuicios. Por eso, necesitamos más activismo, mucho más activismo vegano, para poder contrarrestrar el constante influjo de adoctrinación especista que hay en nuestra sociedad

No niego que haya casos individuales de personas que tengan un carácter malvado o cruel, pero esto no se puede generalizar a la mayoría de la población. Las encuestas señalan que a la mayoría de la gente le importan los animales.Sólo necesitamos conectar esa preocupación con el veganismo.


Es un hecho que la gente cambia. No pensemos lo contrario. Si estudiamos la historia veremos que los hechos muestran que la forma de pensar y de vivir puede cambiar radicalmente debido a la presencia de ideas y movimientos sociales que han alterado y derribado la inercia de las estructuras ideológicas dominantes.


Los veganos no somos especiales ni esencialmente diferentes del resto de la gente. La mayoría reacciona igual que nosotros ante la violencia contra los demás animales. El problema es que sólo lo hacen cuando se trata de un hecho que se aparta de sus propios hábitos y costumbres —por ejemplo: comer animales. No han tomado conciencia todavía de que todo uso de animales es violencia innecesaria e injustificable.

La única manera de conseguir que hagan la conexión entre aquello que rechazan y aquello que apoyan, para comprender que es lo mismo y cambien de actitud, es enfocar nuestros esfuerzos en la educación vegana.