7 de diciembre de 2013

Nelson Mandela y la cuestión del especismo




Esta foto de Nelson Mandela nos recuerda, de una forma brutal, que todos hemos sido radicalmente afectados por el prejuicio del especismo. Incluso las mentes más lúcidas y los corazones más bondadosos.

Nuestra violencia contra los demás animales no es un problema de maldad ni de crueldad; es un problema cultural basado en el prejuicio. Y sólo puede ser solucionado a través de la educación.

Tenemos que confrontar la cuestión del especismo de manera muy clara y directa. Y tenemos que hacerlo de forma educativa y no-violenta. El único camino válido y efectivo es el de la concienciación. Si no lo hacemos así, las víctimas del especismo se seguirán sucediendo sin remedio. 

En memoria de Nelson Mandela, de su legado, y de todas las víctimas de la injusticia, sean quienes sean.

5 de diciembre de 2013

¿Es un deber ayudar a otros?


A menudo sucede que hay cuestiones morales que no se pueden concluir con simple o no.

A mi modo de ver, una de estas cuestiones es la cuestión de la ayuda, el auxilio o la solidaridad. Es decir, qué postura moral debemos adoptar ante la situación de que una persona tenga una determinada necesidad o deseo y nosotros tuviéramos la capacidad de prestarnos a satisfacer dicha necesidad. Esto se encuadra dentro del altruismo.


Este ensayo no pretende averiguar si queremos ayudar o si nos gusta ayudar. No. Eso son categorías aparte. Lo que pretendemos esclarecer aquí es si tenemos una obligación moral a priori y general de ayudar a otras personas. Por tanto, nos situamos en el contexto ético; no en el de los gustos o inclinaciones personales.


La argumentación que expongo a continuación pretende clarificar este asunto desde un punto de vista racional.


Empecemos por lo más básico:


¿Qué es una obligación moral?

Reconocer el principio ético de igualdad o igual consideración implica, entre otras cosas, que los intereses de los individuos sintientes merecen la misma consideración moral.

Este principio también implica que puesto que todos somos de hecho iguales en tanto que somos seres con capacidad de sentir y tenemos los mismos intereses básicos. Por tanto, todos los seres sintientes debemos ser considerados por igual como seres como miembros de la comunidad moral.


Cuando un ser está incluido dentro de la comunidad moral esto significa que debemos respetarlo como persona y que, por tanto, no podemos tratarlo como un objeto, ni como un simple medio para nuestros fines, ignorando su voluntad y sus intereses básicos o subordinándolos a los nuestros.


Así, cada miembro de la comunidad moral debe ser respetado como persona y también en sus intereses fundamentales: supervivencia, libertad, integridad física, felicidad.

Sin embargo, algunos defienden la idea de que no solamente tenemos un deber de respetar a los demás, sino que también estamos obligados a actuar en su beneficio. Si otros tienen necesidades entonces debemos hacer algo por ellos, aunque nosotros no hayamos causado su situación ni seamos responsables de haberlos traído al mundo. 

A mi modo de ver, habría un error de base en ese planteamiento. 

Este error se basaría en no comprender que la obligación de respetar a una persona y respetar sus derechos fundamentales no equivale a la obligación por nuestra parte de satisfacer los intereses que protejan esos derechos en concreto. Por ejemplo, tenemos el deber de respetar el interés en vivir de todos los animales que sienten, pero no tenemos la obligación de satisfacer ese interés empleando nuestra vida en mantener la suya. Así como explica la filósofa Adela Cortina«del hecho de que los seres sintientes aspiren al placer no se sigue que tengan derecho a él, ni que los demás tengan el deber de proporcionárselo». No vale simplemente con declarar que otros seres sintientes tienen tales o cuales deseos para condicionar una obligación moral si no hay un fundamento ético que lo justifique.

Si no tenemos obligación moral de utilizar nuestra vida para conservar la de otros entonces una situación de necesidad no sería un argumento que justifique por sí solo que moralmente debamos ayudar a nadie que se encuentren en dicha situación. De hecho, todos nos encontramos en una permanente situación de necesidad, pues necesitamos siempre satisfacer una serie de cosas para poder vivir —necesitamos aire, alimento, refugio. Una situación de necesidad no tiene nada de extraordinario sino que en realidad es precisamente lo habitual.

Los deberes morales se refieren a los deberes morales que tienen los agentes morales y esos deberes se aplican a las acciones que realizamos. Esto quiere decir que debemos supeditar nuestro comportamiento a la ética. Y que debemos hacerlo porque podemos entender y asumir que es lo correcto. El fundamento de la ética está en nuestra libertad como seres responsables para elegir entre lo correcto y lo incorrecto. Sin libertad no puede haber ética. Sin libertad lo único que hay es mera imposición a través de la fuerza o de la violencia —pienso que no son lo mismo aunque a menudo se confundan.

Defender que tenemos una obligación de satisfacer las necesidades de los demás es precisamente una violación flagrante del principio moral de igualdad. Porque esa postura nos convierte automáticamente en medios para los fines de otros; nos convierte en meras herramientas para satisfacer los intereses de otros sacrificando los nuestros. Esa postura viola la igualdad al supeditar forzadamente unos individuos al servicio de los intereses.

Por lo tanto, cuando se habla de un supuesto deber moral de ayudar a otros lo que se defiende no es el derecho de auxilio ni el ayudar a los necesitados; lo que defiende aquí es la explotación, esto es, utilizar a seres sintientes como simples medios para los fines de otros —sin su consentimiento y contra su voluntad.

Ahora bien, que no tengamos un deber general de auxilio no significa que no se pueda ayudar a alguien siempre que eso no implique violar los derechos de otros. Pero el auxilio en sí mismo no es ningún deber, aunque si se realiza libremente y dentro de la ética entonces se puede decir que es una virtud: una acción que favorece voluntariamente los intereses de seres sintientes y que no implica vulnerar los intereses de otros.

Por supuesto, todo lo que expongo aquí solamente son una serie de principios y líneas generales. No una respuesta concreta para cada caso concreto. Pero si al menos tenemos claro las bases fundamentales del razonamiento moral entonces nos resultará más razonable resolver los casos concretos con un mínimo de justicia.


Postular una obligación moral a priori de ayudar a otros carece de fundamento racional

La responsabilidad moral no nos dice por sí sola cuáles deberes morales hemos de acatar. Sólo nos indica que tenemos la obligación de acatar la ética.

Afirmar que tenemos el deber de ayudar porque somos agentes morales, pero sin justificar por qué tenemos supuestamente ese deber, es como decir que tenemos el deber de tocar música simplemente porque tenemos la facultad de tocar música.

Quienes defienden que tenemos un deber de ayudar a otros nunca aportan ningún argumento razonado para sostener lo que proponen. Su exposición se limita al siguiente esquema: «Tenemos la obligación de hacer X, por lo tanto cuando alguien necesite X entonces tenemos la obligación de hacerlo». Este postulado incurre en una falacia  de petición de principio; se tata de un tipo de argumentación circular que declara que tenemos el deber de ayudar porque hay personas que necesitan ayuda, por lo tanto, tenemos el deber de ayudar. La conclusión es idéntica a la premisa.

No vale con decir simplemente que alguien necesita ayuda o que necesita algo. Todos estamos en situación de necesidad. Todos necesitamos cosas. Decir que alguien está en «situación de necesidad» es poco más que una obviedad, o señalar un puro hecho, pero no es ningún argumento sobre nada. Afirmar no es lo mismo que argumentar. Imponer normas no es lo mismo que razonarlas.

Nos encontramos ante el problema que padecemos cuando desconocemos la lógica básica y en lugar de basar nuestro pensamiento en la lógica decidimos intentar justificar desesperadamente nuestros prejuicios asumidos. Lo cual inevitablemente, y siempre, conduce a la violencia.

¿Si nosotros estuviéramos en el lugar de la persona que ha sufrido un percance desearíamos que alguien nos ayudara? Pues seguramente sí. Yo no pongo eso en duda. Sólo señalo que ese hecho, por sí solo, nunca puede justificar una obligación de ayudarlo. Para que pudiera postularse tal obligación tendría que derivarse necesariamente de aplicar algún principio ético, pero después de analizarlo he comprobado que eso no ocurre.


Revisemos concisamente algunos principios básicos de la ética:


En primer lugar; el principio de responsabilidad, que establece que somos responsables de nuestros actos y lo que con ellos causamos directamente.

¿Hemos causado nosotros el suceso? Si no es así entonces no somos responsables de él y no tenemos obligación de actuar para solucionarlo. La causalidad es la relación necesaria entre dos hechos sucesivos en la que el hecho posterior está determinado por el anterior. 

En términos morales, esto significa que somos responsables de todo aquello que nosotros hemos causado con nuestros actos y que no hubiera ocurrido de no haber intervenido directamente nosotros. Es decir, yo no podría haber publicado este comentario si Internet no hubiera existido previamente, pero quienes crearon y mantienen Internet no son los causantes y responsables de lo que yo digo o defiendo. Yo soy el responsable. Lo soy no sólo por ser el causante directo e intencionado, sino también porque soy, al menos hasta cierto punto, perfectamente consciente y dueño de mis actos.

Sin causalidad, sin relación causal entre una voluntad y una acción, no hay responsabilidad moral. A no ser que elijamos prescindir de la lógica y nos basemos en meros prejuicios y sentimientos.
En segundo lugar; el principio de valor intrínseco que establece que los seres conscientes somos somos fines en sí mismos y no medios para los fines de otros pues poseemos un valor inherente que no se puede vulnerar por razones instrumentales.
¿El hecho de que haya personas con necesidades en el mundo nos obliga a actuar para satisfacer sus deseos? No, porque no somos instrumentos para satisfacer las necesidades o deseos de nadie. Debemos respetar a las demás personas del mismo modo, pero del valor inherente o valor intrínseco no se deriva que tengamos que mantener la vida de nadie.
En tercer lugar; el principio de igual consideración que establece que todos los elementos, moralmente relevantes, que sean iguales, o muy similares, deben ser considerados de forma igual.

¿Acaso el deseo que otros individuos tienen de conservar su existencia o de evitar el daño o de disfrutar de un bienestar justifica que yo satisfaga dichos deseos sólo porque son iguales, o muy similares, a mis propios intereses? No, porque el principio de igualdad moral sólo obliga a considerar los intereses iguales al mismo nivel, pero no obliga a considerarlos como si fueran idénticos.

La igualdad moral es una aplicación del principio lógico de identidad, pero la igualdad no equivale a identidad. Nuestros intereses básicos son iguales, pero no son exactamente los mismos puestos que pertenecen a individuos diferentes. Podemos considerarlos iguales, pero no idénticos. No hay ningún elemento que sea idéntico a otro. Todos podemos ser considerados iguales en tanto que somos igualmente seres sintientes. Pero no somos idénticos, ya que empíricamente somos individuos diferentes. Quienes afirman que debemos atender a los intereses de los demás exactamente como si fueran nuestros propios intereses no están aplicando la igualdad sino forzando la identidad o uniformidad.

La igualdad coloca todos los intereses iguales al mismo nivel, pero no los uniformiza artificialmente —como si fueran un solo interés— ni antepone unos a los de otros. Esta distorsión del concepto de igualdad es denominada por algunos de sus defensores como igualitarismo y espero poder hablar de ella en otra ocasión.

Por otra parte, el simple hecho de que sintamos el impulso de ayudar es una sensación, pero no es un conocimiento ni un razonamiento. Yo puedo sentir el mismo impulso, pero no por ello deduzco que tengamos un deber de ayudar. Tenemos un sentimiento que nos motiva a ayudar a otros, sí. Pero de un sentimiento no se puede derivar un deber, porque entonces cualquier cosa que sintamos implicaría un deber de los demás a actuar de acuerdo a nuestros sentimientos personales. Esto sería caer en el subjetivismo y la arbitrariedad.

La ayuda forzada es una forma de explotación

Explotación significa utilizar a un ser como medio para conseguir un fin. Esto es la explotación. Ya sea explotar animales, minerales o vegetales, explotación es sinónimo de instrumentalización, de utilizar a un ser como un mero recurso. Ahora bien, mientras que explotar minerales o vegetales no plantea en principio ningún problema moral en sí mismo, el hecho de explotar a animales, a seres sintientes, sí que es un claro y grave problema moral. Esto se sostiene en dos razones: porque la explotación de seres sintientes se hace sin su consentimiento; y porque viola sus intereses básicos: conservar la vida, evitar el daño, estar libres de sometimiento.

La explotación de seres sintientes es intrínsecamente y doblemente inmoral porque viola tanto el principio de personalidad o respeto por la persona —al cosificar a individuos que sienten y tratarlos como si fueran objetos, meros recursos— así como el principio de igualdad o igual consideración, al supeditar y anteponer los intereses de unos [los explotadores] por encima de los intereses de otros [los explotados].

Por tanto, cuando se dice que tenemos un supuesto deber de ayudar a otros individuos que tengan necesidad de ser ayudados sin que tengamos nosotros ninguna responsabilidad directa sobre la situación de dichos individuos, no solamente se está ignorando el principio de causalidad —con lo cual ya se está adoptando una postura irracional— sino que está diciendo que nuestros intereses tienen que estar supeditados y sometidos a los de otros. Eso es una flagrante violación del principio de igualdad y es precisamente la idea sobre la que se basa la explotación animal: los humanos tienen una serie de necesidades y deseos y para satisfacerlos consideran legítimo utilizar a los animales como medios para los fines humanos.

La explotación ocurre cuando usamos a unos individuos forzadamente —sin su consentimiento o contra su voluntad— para satisfacer los deseos o necesidades de otros individuos. En este caso, el planteamiento que se disfraza bajo el término «ayudar» precisamente se basa en esa idea. El argumento sobre el que se intenta justificar la ayuda no es la responsabilidad moral, sino que es el simple hecho de que alguien necesite ayuda y otro pueda ayudarle. Así que ese planteamiento sirve perfectamente, y es análogo, a los argumentos que se utilizan para intentar justificar la explotación animal.

Ese argumento dice que estamos obligados a satisfacer las necesidades de otros simplemente porque ellos tienen esa necesidad y porque podemos satisfacerlas. Es decir, es un argumento basado en la idea de que no somos personas libres para vivir nuestra vida sino que debemos estar obligados a satisfacer los deseos de otros. Por eso es habitual que tantas personas cuando se les plantea el veganismo pregunten: «¿Y entonces los animales para qué están?; ¿para qué sirven?» Obviamente los animales no están en el mundo para satisfacer las necesidades de otros. No somos instrumentos. Somos sujetos, fines en sí mismos, no fines para otros. Estamos para vivir nuestra propia vida en libertad, como individuos que somos.

Claro que algunos dicen que debemos ayudar siempre que no nos implique un perjuicio, pero dejando de lado que no está muy claro qué quieren decir exactamente con perjuicio en ese contexto —para mí es un perjuicio que alguien me obligue a hacer algo que no deseo, a emplear mi tiempo en cosas que no estoy de acuerdo, aunque supuestamente no me provoque un daño— hay que tener en cuenta dos puntos.

Primero, que ayudando a unos podemos estar perjudicando indirectamente a otros. Tener en cuenta en solamente nuestro perjuicio y no también el de otros sería, otra vez, una violación del principio de igualdad. Si ayudamos a un león en la naturaleza a sobrevivir de un daño, estaremos ayudando también a que siga depredando. Y en ese caso seríamos nosotros los responsables de esas víctimas, que no habrían sucedido en caso de no haber ayudado al león a sobrevivir. Igualmente, si ayudamos, por ejemplo, a un grupo de visones a escapar de sus jaulas y dejarlos libres, estaremos ayudando a que cause víctimas ya que es una animal depredador carnívoro. Víctimas que no habrían habido de no haber intervenido nosotros.

Segundo, que un deber moral no depende en absoluto de si nos perjudica o nos beneficia. Un deber moral es algo que estamos obligados a hacer independientemente de nuestros deseos, necesidades o preferencias. Por eso se llama deber, y no elección moral. Si tenemos el deber de respetar a los demás y por tanto no usarlos como comida, entonces aunque estemos en medio de una isla desierta y la única forma de sobrevivir fuera cazando, seguiría siendo un asesinato el hecho de matar a alguien para comerlo. Estaría mal y no deberíamos hacerlo. Un deber moral es de obligado cumplimento tanto si nos beneficia como si nos perjudica.

Un deber moral no se puede establecer racionalmente en base a que beneficie o perjudique a intereses subjetivos, sino solamente en base a un referente objetivo y universal. Esto es, la lógica. Los intereses son moralmente relevantes no porque satisfacerlos, respetarlos o vulnerarlos, sea algo beneficie o perjudique a los individuos, sino porque coinciden con el principio lógico de identidad. La identidad, es decir, la consciencia de uno mismo y de lo que nos rodea, es lo mismo que la sintiencia. La sintiencia —la facultad de experimentar sensaciones, de tener voluntad e intereses— es moralmente relevante porque coincide con el principio de identidad. No es por otra razón.

Tenemos el deber de respetar a los los seres sintientes porque tenemos el deber lógico de respetar el principio de identidad. Y los seres sintientes son los únicos que tienen identidad, consciencia de su existencia. En este caso, hablo de deber como sinónimo de necesidad. Es necesario respetar la lógica puesto que la lógica es la estructura misma de la existencia y el pensamiento. No hay existencia que no respete la lógica ni tampoco es posible razonar sin basarse en la lógica.

Un concepto central de la ética es la responsabilidad. Es decir, hay personas que son responsables de sus actos —estos son los agentes morales— y hay otras que no lo son, por falta de capacidad para razonar moralmente, comprender las normas éticas y llevarlas a cabo. Y quienes somos responsables de nuestros actos, efectivamente no podemos ser responsables de aquellos sucesos que no están causados por nosotros. Plantear lo contrario es salir del ámbito de la razón para entrar en el de la coacción o imposición violenta.

¿Habría alguna situación en la que estemos obligados a ayudar?

Sí, la hay. Por ejemplo, la contaminación que nosotros provocamos es nuestra responsabilidad, así como los daños que se deriven de ella. Por tanto, lo que deberíamos hacer es dejar de contaminar, escogiendo fuentes de energía alternativas no contaminantes —o que reducen la contaminación al mínimo.  Estos perjuicios que causa obviamente también son nuestra responsabilidad, por lo tanto deberíamos ayudar a las víctimas de dicha contaminación, puesto que somos nosotros los responsables y causantes de su situación.

Por ejemplo, si hay un vertido químico en un río y aparecen peces, u otros animales marinos, muertos, que contienen contaminantes en su organismo entonces me parece que está bastante claro la causa de su muerte. Lo mismo ocurre con otros animales que beban agua en dicho río.


Ahora bien, si hay un terremoto o una erupción volcánica o un tornado, o cualquier otro fenómeno geológico o atmosférico no causado por nosotros, entonces no tenemos en principio ningún deber moral de ayudar a nadie que sea víctima de dichos fenómenos si no están bajo nuestra tutela directa —nuestros hijos u otras personas que estén bajo nuestro cuidado.


No se puede justificar moralmente que tengamos un supuesto deber de ayudar. Pero esto no quiere decir que no debamos hacerlo o que esté prohibido hacerlo. Nuestro deber moral es respetar y ser responsables de nuestros actos. Todo lo demás o está fuera del ámbito de la obligación moral o se trata de una virtud. Una virtud es algo que se hace para beneficiar a alguien sobre quien no tenemos responsabilidad obligada.


Sólo somos responsables obligados a ayudar [o cuidar] de aquellos individuos que debido a nuestros actos sean dependientes de nosotros —nuestros hijos o las personas que libremente hemos acogido para cuidarlas— o que hayan sido afectados perjudicialmente por nuestras acciones.


¿Y qué sucede con los animales que viven libres en la naturaleza?

Los derechos de los seres sintientes no deben ser violados por quienes tienen el deber de no violarlos, es decir, por los agentes morales. Hablar de violación de derechos en sentido moral sólo se puede atribuir a un agente moral: alguien que es responsable de sus actos. Pero no todos los seres sintientes son agentes morales, la vasta mayoría no lo es, por lo tanto ellos no pueden moralmente violar los intereses de nadie. Esta responsabilidad se extiende a los actos de todos aquellos que están bajo tutela de los agentes morales —hijos naturales o adoptados. También se extiende, en segundo grado, en general todos aquellos que están en el mundo por causa de los agentes morales, y que no pueden o no quieren responsabilizarse de sus actos: mentalmente discapacitados o psicópatas.

Todo aquello que sucede entre individuos que no son responsables, ni dependen de nadie responsable, no tiene relación alguna con la moral, ya la situación que no está causada ni interferida por individuos que sean responsables de sus actos. Nuevamente, atendemos al principio de causalidad. Si un hecho no está participado por un agente moral entonces no tiene relación con la ética. Es un hecho sin más. La depredación o la rotación de los planetas son puros hechos de la naturaleza. No hay nada propiamente moral ahí.

En cambio, los animales no humanos que han sido traídos al mundo por humanos que son agentes morales se convierten en responsabilidad de otros agentes morales en el momento en que estos intervengan en sus vidas.

Y quienes liberan a animales no humanos que han sido traídos al mundo por humanos se convierten automáticamente en sus responsables. Esos no-humanos no serían libres de no haber sido por la intervención de esos liberadores. En ese momento, se convierten en sus responsables de por vida. No los están retornando a su estado originario de libertad porque nunca fueron libres, sino que fueron criados por el hombre.

¿Qué pasa con los humanos que cometen crímenes, incluyendo a aquellos que no pueden responsabilizarse de su conducta? Los criminales y los humanos moralmente discapacitados han sido traídos al mundo por agentes morales y por tanto son siempre responsabilidad de los agentes morales. Por eso, tenemos legitimidad en controlarlos si los otros agentes morales que los trajeron al mundo no pueden hacerse cargo de ellos. Ellos no estarían aquí si no fuera por las acciones de agentes morales, así que son nuestra responsabilidad. 

Cuando hablo de responsabilidad moral no quiero decir que tengamos la obligación a priori de hacernos cargo de los seres que otros agentes morales han traído al mundo, si ellos no pueden hacerse cargo o declinan su responsabilidad. Lo que argumento es que tenemos la legitimidad de hacernos cargo de ellos si podemos y queremos. Pero no tenemos la legitimidad de someter a nuestro control a los individuos no humanos que han nacido libres. La responsabilidad moral puede ser legitimidad para actuar o puede ser obligación.

No tenemos la obligación de adoptar a nadie que no exista por nuestra causa directa, pero sí podemos legítimamente hacernos cargo de quienes hubieran sido abandonados por agentes morales.

No es irracional ni arbitrario pretender que todos los que razonamos a cierto nivel, todos los que somos agentes racionales, nos ajustemos a las leyes de la lógica, como tampoco lo es pretender que todos los agentes morales acatemos las normas éticas. Justamente es todo lo contrario. Las normas morales se fundamentan en los principios básicos de la lógica. Son conocimientos de orden objetivo y universal que estamos obligados a acatar, porque la lógica es inherente a nosotros mismos, sin ella no podríamos pensar ni razonar.

Tenemos la responsabilidad de favorecer que todos los agentes morales se comporten de forma moralmente correcta por la misma razón que es nuestra responsabilidad aprender a razonar correctamente y explicar a los demás cómo se debe razonar correctamente. Para evitar así errores contra la lógica que nos induce a creencias y deducciones erróneas y perjudiciales.

Por eso, entiendo que todos tenemos la responsabilidad de hacer activismo, pero no tenemos necesariamente la obligación a priori de hacerlo, puesto que tenemos derecho a vivir nuestra propia vida o puede ocurrir que estemos en circunstancias personales que no nos permitan hacer activismo. No obstante, por el simple hecho de vivir y participar en esta sociedad especista considero que tenemos la responsabilidad de cambiarla, o de lo contrario seríamos cómplices de ella.

Aparte, creo importante señalar que los demás animales son seres racionales, porque ellos también razonan, aunque no serían agentes racionales puesto que no tienen la capacidad de comprender las leyes que determinan el razonamiento y aplicarlas de manera abstracta.

En definitiva, no habría ninguna razón que justifique moralmente que intervengamos en las vidas de los no-humanos libres para someterlos a nuestra dominación. De hecho, hay razones que evidencian que dicha intervención es una forma de explotación. Luego no solamente no está justificada sino que además sería inmoral.

La ética no es un asunto personal, sino que nos atañe a todos los que somos responsables de nuestros actos. Formamos parte de una comunidad moral, diferente de la comunidad social, y tenemos legitimidad en intervenir sobre las acciones de otros agentes morales que no cumplan con su deber. De ahí proviene la legitimidad moral del activismo y de las leyes.

El asunto parece meridianamente claro si aplicamos el principio lógico de causalidad. Todo lo demás es mero subjetivismo arbitrario. Quienes quieren dominar a los animales no humanos libres —bajo la excusa de que sufren o padecen daños— entiendo que están motivados porque a ellos les hace sufrir el pensar en esa situación. No hay más argumento, pero se trata de un argumento irracional, y por tanto no es válido éticamente.

Conclusión: no hay un deber moral a priori de ayudar a otros

Nuestra obligación es respetar a las personas y fomentar que los demás agentes morales hagan lo mismo. Ésta es nuestra obligación esencial. Una de las razones principales por las que hay tantos problemas en el mundo se debe a que no seguimos ese principio moral básico. Si lo hiciéramos, las cosas serían muy muy diferentes. Por supuesto, nada de esto nos impide ayudar en determinados casos, si podemos y queremos. Pero del respeto mismo no se deriva ningún deber de ayudar. Afirmar que estamos obligados a ayudar a los demás, simplemente porque ellos lo desean, no es un argumento y es una falta de respeto a nuestra condición de personas. Las personas no somos instrumentos para servir a los demás, y tenemos un derecho inalienable a ser libres y vivir nuestra propia vida.

Como diría Tom Regan, el hecho de que hagamos sufrir a otros animales es algo que está mal, pero no radica ahí el error fundamental en nuestra relación con ellos. El error moral está en el hecho de haberles cosificado, en el hecho de considerarles como recursos que existen para nuestro beneficio. Cuando decimos que el sufrimiento no es lo importante, lo que queremos decir es que el sufrimiento no es relevante a la hora de determinar la injusticia de la esclavitud. Tanto si sufren mucho o poco, el hecho mismo de esclavizar a otras personas —humanos y no humanas— es radicalmente inmoral.

A mi modo de ver, la causa de que los demás animales sean explotados no radica solamente en la discriminación injusta que padecen. A la discriminación especista hay que añadir el prejuicio utilitarista que dice que los individuos no tenemos un valor moral inherente que debe ser respetado, sino que todos podemos ser forzados a ser medios para satisfacer las necesidades de otros, o ser utilizados como instrumentos para conseguir algún fin o ideal.

Hay personas que rechazan el especismo pero que no rechazan la explotación, ni la dominación, y no reconocen a los seres sintientes como personas con derechos. En el contexto animalista, los ejemplos más evidentes los encontramos en quienes asumen la doctrina del utilitarismo, o alguna de sus variantes.

Del mismo modo que en el contexto humano, podemos ver como diferentes posturas políticas no aceptan o rechazan explícitamente el racismo —desde el comunismo hasta el fascismo— pero no reconocen que los seres humanos sean personas con derechos inalienables sino que los ven como meros instrumentos para lograr algún ideal y estar totalmente sometidos a una autoridad establecida.

Así que considero que el especismo no es el único problema al que nos enfrentamos. Se puede rechazar el especismo pero sin rechazar la violencia ni la dominación. La creencia de que no tenemos derecho a vivir nuestra propia vida, y que estamos obligados a vivir como siervos de otros, o sometidos a a los dictados de algún ideal político irracional, es una perversa idea que está en el núcleo de todas las ideologías opresoras, ya sean jerarquistas o igualitaristas.

La libertad por definición significa estar libre de coacciones que impiden desarrollar tu personalidad y tomar decisiones por uno mismo: no estar sometido a la voluntad de otros ni tener nuestros intereses supeditados a los suyos.

Nadie puede disponer de un derecho legítimo a imponer a unos individuos que satisfagan las necesidades o deseos de otros. Eso es explotación. Las personas no son recursos, aunque puedan ser tratados como tales: como esclavos. Cada persona es un fin en sí misma y no un medio para los fines de otros. Cada persona valora su propia vida y tiene voluntad individual. 

El respeto por la persona es el centro de la ética. En el momento en que no respetamos la voluntad ni los intereses de una persona estamos tratándola como si fuera un objeto cuyo único valor es la utilidad instrumental que tiene para otros. Es el total desprecio por la persona y sus derechos. Esto es nada menos que violencia en uno de sus mayores grados: la cosificación.

Nada se postula aquí en contra del derecho de auxilio. Un derecho es una protección de un interés legítimo. Que alguien tenga derecho de auxilio significa moralmente que debemos respetar que se le preste auxilio. No significa que estemos obligados a prestarle dicho auxilio —salvo en el caso de que seamos responsables de su vida y de su situación. Sin embargo, no conozco ningún argumento que justifique una obligación moral de prestar auxilio indiscriminadamente a cualquiera que lo necesita o lo exija.

Por tanto, esto no quiere decir que debemos no ayudar o que no podamos ayudar. Sólo significa que no somos herramientas para satisfacer las necesidades de otras personas. Somos personas, somos fines en sí mismos, y no estamos en el mundo para servir a nadie, sin importar a quién ni por qué.

Otra cosa diferente es que ayudemos voluntariamente o que contraigamos responsabilidad —como cuando tenemos un hijo o provocamos un suceso concreto directamente con nuestros actos— pero como individuos no somos responsables de otras personas por el mero hecho de que existan o porque les suceda algo.

No cabe duda de que algunas nuestras intuiciones morales se basan en prejuicios, emociones o ideas preconcebidas. La idea de que debemos ayudar a los demás —por el mero hecho de que ellos existan o porque podamos hacerlo— es una de esas intuiciones erróneas. Esto ya no sería ayuda propiamente dicha sino una forma de explotación.

Desde el punto de vista moral, el altruismo no es intrínsecamente bueno ni obligado. El altruismo puede ser ético pero también puede ser inmoral. De hecho, la opresión es una forma de altruismo forzado en la que se obliga a unos a satisfacer los deseos de otros.

Determinadas formas de altruismo podrían estar motivadas no por ética sino por el deseo personal de dominar a otros, de destruir su autonomía, para satisfacer el propio egoísmo usándolos como instrumentos para lograr alguna finalidad que consideran deseable como la compañía o erradicar el sufrimiento del mundo.

En resumen: tenemos solamente la obligación de ayudar a las personas de las que seamos responsables por estar bajo nuestra tutela o por ser directamente perjudicadas por nuestras acciones. Pero no tenemos una obligación a priori de actuar en beneficio de otros sólo porque ellos tengan necesidades o deseos. Esto no implica —como muchos concluyen erróneamente— que tengamos una obligación de ignorar a los demás. Podemos voluntariamente ayudar a otros, siempre que sea dentro de los límites de la ética. Lo que esto  implica es que somos libres de vivir nuestras vidas como deseemos, siempre que no violemos los derechos de otros. 

Cualquier otro planteamiento no considera a los individuos como personas sino como meros recursos, es decir, como simples medios para lograr alguna finalidad o ideal.

25 de noviembre de 2013

La coherencia no es dogmatismo: el caso Grimes



Navegando por la Red me he encontrado con una noticia relativa a una polémica sobre una cantante pop llamada Claire Boucher —y que atiende al nombre artístico de Grimes— después de que manifestara que a pesar de considerarse vegana, iba a tomarse un "día libre" para poder comer helado hecho con leche de vaca. Lo cual ha originado cierto revuelo en las redes sociales. Aquí cito parte de la noticia:

«La artista canadiense se ha visto envuelta en una polémica algo absurda después de que avisase a través de su Tumblr de que “hacía una pausa de un día del veganismo” por algo tan prosaico como querer probar el nuevo sabor que ha lanzado la marca de helados Ben & Jerry’s, bautizado como "Scotchy, Scotch Scotch".

"Esa decisión parece que no sentó nada bien a uno de sus fans, que soltó todo su odio desde la sección de comentarios del tumblr, acusándola de estar “jodida de la cabeza” y dedicándole un sonoro y nada amistoso “fuck you”. Otros hubieran hecho oídos sordos a la provocación, pero Claire ha decidido responder al fan cabreado con una misiva que te dejamos a continuación (enlazaríamos a su Tumblr, pero ha decidido retirar todos los posts sobre veganismo porque el tema se estaba yendo de madre). Atención al momento en el que llama a algunos de estos tipos “gilipollas dogmáticos”.

“Parte de la relación por la que posteé lo de Ben & Jerry’s es porque quiero invitar a la gente hacia un tipo de veganismo que sea tentador y tolerante. Durante un buen tiempo he sido vegana pero no lo decía por la mala reputación que tiene el veganismo. Muchos de los veganos que conozco son gilipollas dogmáticos, y esto echa a la gente para atrás."

"Creo que mucha más gente se sentiría atraída por dietas más éticas si no se sintiesen abusadas a hacer eso, o si sintiesen que estaban entrando en una comunidad amigable."

Mi tipo de veganismo es uno en el que si tus abuelos no tienen ni idea de lo que hablas entonces te comes su caldo para no enfadarlos o confundirlos. O si realmente quieres comer un pastel con huevo en las vacaciones entonces te lo tomas en lugar de no hacerlo por ser vegano para no renunciar ocasionalmente a algo que amas."

"Ben & Jerry’s es la única marca de helados que como. Sus vacas son tratadas éticamente y aparte de eso ponen mucho dinero para la búsqueda de congeladores de hidrocarbón ecológicos que no contribuyen al calentamiento global. También trabajan en un montón de otras iniciativas como usar materiales renovables en su packaging."

"Este comentario es el motivo por el que nadie quiere ser vegano. Al contrario que este tipo, me gustaría animar a todo el mundo a ser vegano en lugar de asustarlos. Me encanta ser vegana. Mi piel está mejor, tengo más energía, me siento realmente saludable y me pongo enferma menos que antes y no contribuyo a la granjería en masa. Dicho esto, también disfruto de comer ocasionalmente cosas que comía antes porque me hacen sentir bien y me siento menos desalentada a la hora de no comer esas cosas el resto del tiempo.»

Antes de nada, quiero manifestar que rechazo y condeno tajantemente cualquier insulto o agresión verbal que cualquier persona realice contra Claire Boucher, por el motivo que sea. Esos agresores deberían aprender a controlarse, a respetar a los demás, y a expresar sus opiniones de forma civilizada. Y lo mismo afirmo respecto de las declaraciones de Boucher en términos despectivos y falaces contra los veganos. En general, todos deberíamos evitar la violencia verbal, y aprender a dialogar racionalmente para mostrar nuestras discrepancias. De ninguna manera es aceptable intentar defender o difundir el veganismo con insultos o alusiones personales ofensivas. Nuestra forma de comunicarnos y expresarnos también es una cuestión moral sujeta a las mismas reglas que cualquier otra.

También debo señalar que en realidad ella no está hablando sobre el veganismo ni tampoco es vegana. Ojalá lo fuera, pero simplemente no está usando los términos de forma correcta. El mero hecho aislado de que ella no coma animales no significa que sea vegana. De hecho —por lo que ella misma declara— se permite a sí misma comerlos de vez en cuando. Por desgracia, mucha gente confunde veganismo con un tipo de dieta personal, y difunde este error con sus declaraciones. En todo caso, podría denominarse vegetariana, pero no vegana.

Una polémica acerca de un tema, siempre que sea afrontada desde el diálogo y la racionalidad, puede ayudarnos a mejorar nuestra comprensión acerca de ciertas cuestiones. Y es la única razón por la que la vale la pena implicarse en ellas. Una de estas polémicas se refiere a lo que entendemos por veganismo y cuál es el significado que debe conllevar dicho término.

Para aclarar conceptos:

El veganismo es un principio ético que se opone a la dominación de los animales no humanos por parte del hombre. El veganismo defienden la liberación de los no-humanos del sometimiento al que han sido tradicionalmente subyugados. El veganismo considera que los demás animales deben dejar de ser considerados como objetos o recursos para beneficio humano, y que deben ser respetados como personas. Lógicamente, aplicar este principio en la práctica implica no consumir ningún producto que provenga de la utilización de animales nohumanos: carne, lácteos, huevos, lana, miel, cuero, zoos,..

¿Entonces alguien que lleve una dieta vegana no es vegano? Sí, pero una alimentación vegana no consiste sólo en estar libre de sustancias de origen animal, sino sobre todo en estar motivada por respeto a los demás animales. Esto es lo que la hace vegana. Si sucediera que alguien te engaña al proporcionarte comida que tú estás crees que es vegana [apta para veganos] no estarías incumpliendo el veganismo. Lo relevante es el principio que nos motiva y nuestra intención efectiva de llevarlo a la práctica. Esto es responsabilidad moral nuestra. El resto no siempre depende de nosotros.

Parece ser que muchas personas han confundido el veganismo con alguna determinada práctica que relativamente coincide con lo que un vegano haría.

Pongamos este ejemplo:

Hay varones que no deciden no violar a las mujeres, pero eso no quiere decir que sean feministas o que actúen por respeto a las mujeres. Puede ser que simplemente no les apetezca hacerlo, porque tal vez prefieran abusar de otros hombres o de niños. O que no lo hagan porque tengan miedo a las repercusiones negativas que puede tener hacerlo; del mismo modo que muchas personas deciden no comer animales porque no les gusta, o les preocupa su salud. Pero eso no les hace feministas, ¿verdad?

El hecho de que estos hombres coincidan en determinada práctica con lo que harían los feministas no les hace que sean feministas. El hecho de que los musulmanes no coman a cerdos, no implica que si alguien decide no comer a cerdos entonces sea musulmán. Se trata de una falacia. Este pensamiento falaz está detrás del hecho de que algunas personas, como Claire Boucher, se autodenominen "veganas" al mismo tiempo que continúan explotando a los animales nohumanos.

Ahora, imaginemos que alguien realizara las siguientes declaraciones:

«Yo soy feminista, pero hoy he decidido que me voy a tomar un "día libre" y voy a violar a unas cuantas mujeres. Además, las voy a tratar "éticamente" porque usaré preservativo y luego les dejaré unas toallas para que se limpien. Y será una violación respetuosa con el medio ambiente porque luego reciclaré los preservativos que utilicé".

!Ah! Y quien critique mi forma de actuar es un "gilipollas dogmático". Si hay tantos hombres que no son feministas, que no respetan a las mujeres, es culpa vuestra por ser tan intolerantes con el hecho de que los "feministas flexibles" nos tomemos de vez en cuando algunas libertades.»

Quien entienda lo absurdo que resulta esa forma de pensar, podrá entender lo absurdo que resulta expresarse en términos similares cuando hablamos del veganismo y de los animales no humanos. No es una cuestión de "dogmatismo"; es una cuestión de coherencia básica con los principios que decimos defender. La acusación de dogmatismo es errónea en este caso.

Si alguien considera que los demás animales existen para servirnos a los humanos entonces su forma de pensar contradice el principio del veganismo. El veganismo es análogo al feminismo. Sólo en que en lugar de enfocarse en el prejuicio sexista que discrimina injustamente a las mujeres; el veganismo se refiere al prejuicio especista que dice que los animales no humanos son seres inferiores que deben estar bajo el dominio de los humanos.

Por otro lado, de acuerdo con las mismas fuentes, Claire Boucher no solamente consume productos de la explotación especista, sino que además utiliza directamente a otros animales para que le sirvan como entretenimiento o diversión.

El veganismo se opone a cualquier uso que hagamos de otros animales para nuestro beneficio, porque utilizarlos implica hacerlo sin su consentimiento o a costa de vulnerar sus intereses en beneficio de los nuestros. Claire Boucher no es vegana desde ningún sentido razonable del concepto del veganismo. Por desgracia. Ojalá lo fuera, y respetara a los demás animales, pero no lo es. Ojalá todos fuéramos veganos. Por desgracia, hoy en día todavía no es así.

Por supuesto, algunos considerarán que estas disquisiciones no son importantes. Pero disiento firmemente. La discusión no es acerca de palabras, sino acerca de las ideas que se asocian a ellas. Esta polémica ha puesto de manifiesto que muchas personas siguen considerando que utilizar a los demás animales puede ser una práctica aceptable siempre que se haga "humanitariamente". De eso trata en realidad este debate.

A lo mejor algún día Claire Bucher comprenda lo que es el veganismo y lo practique de forma coherente. De momento por desgracia no es el caso. Espero que todo el mundo en general comprenda algún día que el respeto coherente hacia los demás animales no acepta tomarnos un "día libre" para abusar de ellos sólo porque nos apetezca o podamos hacerlo. Y también comprender que no existe ninguna forma éticamente aceptable de utilizarlos, de usarlos como medios para nuestros fines.

Igual que hemos asumido el principio esencial del feminismo —no tratar a las mujeres como objetos o recursos, sino respetarlas como personas— quizás en el futuro próximo todos asumamos también la idea esencial del veganismo —no tratar a los demás animales como objetos o recursos, sino respetarlos como personas.

Pero no hace falta esperar al futuro para tomar la decisión ahora mismo de hacernos veganos. Puedes tomar esa decisión hoy mismo y dejar de participar en la esclavitud de los demás animales.

21 de noviembre de 2013

Una aclaración acerca de lo natural y lo artificial


A menudo se dice que debido al hecho de que llevar una alimentación vegana necesita suplementos de vitamina B12 entonces no es un tipo de alimentación 'natural' y, por tanto, que no es saludable. Me gustaría exponer una serie de hechos y razones que exponen el error que subyace a tales afirmaciones.

En primer lugar; una alimentación vegana bien planificada es nutricionalmente saludable para todas las circunstancias y etapas de la vida. Esto está confirmado por las asociaciones profesionales de nutricionistas de diversos países. La polémica sobre este tema no apela a los hechos sino solamente a la falta de información o a los prejuicios contra el veganismo.

Ahora bien, en el caso de la vitamina B12, lo que se suele denominar “suplemento” es simplemente una presentación de cobalamina que ha sido producida mediante cultivos bacterianos y que luego se presenta en forma de comprimidos o en gotas para ingerir, o que se añade para enriquecer los alimentos. Pero no hay diferencia esencial alguna entre cultivar cobalamina y cultivar zanahorias o cualquier otro vegetal. Todo esto procede de la mano del hombre. Así que en realidad cualquier alimento producido por la acción humana sería un 'suplemento' a lo que ya existe previamente en la naturaleza.

La razón por la que se recomienda tomar vitamina B12 tiene relación con los actuales procesos modernos de cultivo e higiene de los alimentos, que conllevan a menudo que se elimine la B12 que estaría presente de forma natural, generada a través de las bacterias que anidan en el suelo.

Antes incluso de que se descubriera la vitamina B12, ya había gente que era vegana y que, por tanto, se alimentaba sin sustancias de origen animal. En general, todos ellos siguieron viviendo sin tomar 'suplementos' de B12. Esto es debido probablemente a que su organismo adquiría dicha vitamina de los alimentos que cultivaban o compraban en el mercado tradicional —directamente del campo. Pero hoy en día se recomienda añadir vitamina B12 debido a que la agricultura moderna ha introducido elementos nuevos como los pesticidas o la higiene intensiva que menguan y eliminan la presencia natural de la B12 sobre los vegetales.

Si tomar cítricos para obtener vitamina C, y otros nutrientes, que fueron cultivados por seres humanos no se considera 'suplementar' nuestra dieta, entonces ¿porque tomar cobalamina cultivada por seres humanos para obtener vitamina B12 se considera 'suplementar' la dieta? No hay diferencia esencial entre cultivar naranjas y cultivar cobalamina. Sólo hay una diferencia de forma pero no de fondo. Se trata de productos obtenidos mediante la intervención humana.

Tomar cobalamina para obtener vitamina B12, ya sea en forma de comprimidos, gotas o alimentos altamente enriquecidos, es fácil, barato y no tiene efectos secundarios de ningún tipo. El resto de nutrientes que necesitamos los podemos obtener directamente de los vegetales, sin consumir sustancias de origen animal. Por tanto, llevando una alimentación vegana bien planificada podemos estar muy sanos.

Por otra parte, los productos de origen animal son de todo menos naturales. ¿Acaso una granja es natural? ¿Un matadero es natural? ¿Una planta de procesamiento es natural? ¿Un mercado es natural? No lo son. Toda nuestra sociedad es artificial —es un artificio humano. Si aceptamos que la cobalamina producida en un cultivo bacteriano es un suplemento entonces tendremos que aceptar que otros productos artificiales como las prendas de ropa, las medicinas,..., son suplementos. No son cosas naturales sino artificios creados por los humanos para sobrevivir. Si elimináramos estos suplementos entonces millones de humanos morirían en poco tiempo. Sin ropa ni medicinas ni agricultura, ni tecnología en general, a largo plazo casi toda la humanidad actual perecería.

Además, no sólo los veganos necesitan consumir vitamina B12; todos los seres humanos necesitan consumirla. Los piensos utilizados para alimentar a los animales esclavizados para servir de comida incorporan vitamina B12 y otros nutrientes añadidos. La vitamina B12 que obtienen los humanos que comen a otros animales explotados en granjas proviene principalmente de ahí. Esto es, la fuente de vitamina B12 de los veganos es en realidad la misma que la de los no-veganos: los cultivos bacterianos.

Así pues, quienes comen animales, o sus derivados, también están ingiriendo indirectamente 'suplementos' de vitamina B12, puesto que los piensos específicos para animales esclavizados en granjas están enriquecidos con B12, además de otros nutrientes, y es así como obtienen la B12 quienes consumen animales.

Por tanto, el argumento de que comer animales es lo natural, o que es más natural que una alimentación vegana, resulta ser falso. Además de ser irrelevante, porque el hecho de que algo sea natural no implica que sea beneficioso ni tampoco equivale a que sea moralmente aceptable.

Todos los alimentos que obtenemos son artificiales puesto que todos provienen de la acción manipuladora del hombre. El hecho de que algo sea natural, o artificial, no se traduce en que sea beneficioso ni éticamente correcto. Son categoría diferentes. Es importante saber si un alimento es saludable o si es ético. Pero que sea natural o artificial no es relevante a la hora de determinar sus beneficios o su moralidad.

Así, alegar que está justificado que usemos a otros animales como comida porque somos omnívoros sería un argumento falaz. Un simple hecho físico no representa un criterio moral. Esto sería como decir que del hecho de que tengamos puños estaría justificado que diéramos puñetazos a otros individuos.

Si ser omnívoros nos justificara en comer animales entonces también nos justificaría en comer a seres humanos, que también son animales. Pero un razonamiento moral, como cualquier otro razonamiento, no se deduce a partir de hechos empíricos sino de principios lógicos.

No necesitamos usar a otros animales como alimento —o cualquier otro propósito. Solamente lo hacemos por seguir la tradición, la inercia o el placer que nos provoca comer cuerpos y secreciones de otros animales. Al hacerlo les estamos causando daño, sufrimiento y muerte, sin ningún tipo de necesidad que lo excuse o razón moral que lo justifique. Estamos usando a seres conscientes como si fueran objetos: los humanos tratamos a los animales como esclavos

La buena noticia es que tenemos la posibilidad real de terminar con ese abuso. Podemos elegir el veganismo. Muchos ya lo hemos hecho. Ahora es tu decisión.

15 de noviembre de 2013

Fundamentación lógica de la moral


«Hay un sistema de verdad moral, tan objetivo como debe serlo toda verdad, el cual estamos interesados en descubrir junto con sus implicaciones.» ~ W.D Ross

PRÓLOGO

«Toda filosofía ha de formarse desde unos puntos de partida. ¿Dónde, pues, empezamos? ¿Qué ideas pueden ser consideradas primarias?»  ~ Leonard Peikoff

El hecho de plantear que existan normas morales objetivas se ha relacionado siempre con la religión o con la creencia en mundos o dimensiones sobrenaturales. Cuando se prescinde de este factor religioso, parece que toda moral simplemente tuviera que reducirse al relativismo o mero convencionalismo. Y así lo defienden no pocos pensadores e ideólogos de toda clase.

El problema de la fundamentación objetiva de la ética ha sido acuciante durante los últimos siglos. Pero muchos pensadores, la mayoría, han renunciado siquiera a intentarlo. Por lo general, simplemente se han limitado a ofrecer teorías que les parecían más o menos convenientes o satisfactorias, aceptando la idea de que no tenemos ninguna razón objetiva que nos obligue a escoger entre una u otra. En última instancia, los principios últimos de toda ética serán siempre inexplicables, irrazonables. Dicen que aunque toda la argumentación posterior sea impecable y coherente desde el punto de vista lógico, los postulados de los que parte no se pueden justificar racionalmente. 

Los filósofos por lo general han usado la lógica de forma puramente instrumental para dotar de coherencia a sus ideas. Pero no basan su pensamiento en la lógica, es decir, no apelan al contenido de la lógica, sino solamente a su sentido formal. La excepción es Parménides y Emmanuele Severino. Pero sus doctrinas son casos aparte que tienen poco o nada que ver con la tradición filosófica occidental dominada por Platón y Aristóteles, y solamente se refieren al ámbito metafísico, pero descuidando el ámbito moral.

La tesis que se defiende en esta exposición es la de que, en efecto, debemos basar nuestra moral en la lógica. En los principios básicos de la lógica. Solamente de esa manera podemos deducir una moral objetiva, universal y válido por igual para todos. Sólo de esta forma podemos evitar caer en la arbitrariedad y el relativismo.

En otras notas anteriores [«Lógica»«Nociones básicas»«La igualdad»; «El principio de identidad»; «Sobre lógica e identidad»] ya expuse un preludio del planteamiento que intento presentar aquí.

No obstante, debo advertir que es imposible entender lo que voy a exponer si no tenemos claro primero que la lógica no solamente refiere a la forma de un argumento sino también a su contenido. La lógica es un ámbito de conocimiento que tiene forma y contenido. De forma similar a cómo ocurre en las matemáticas, la forma y el contenido están intrínsecamente relacionados en la lógica y no se pueden separar.

INTRODUCCIÓN

«Tradicionalmente, la razón también se ha identificado con el empleo de ciertos principios o con una mera conformidad con dichos principios. Entre ellos se encuentran por ejemplo los principios de la inferencia lógica, los principios que Kant identificó como principios del entendimiento, los principios matemáticos y los principios de la razón práctica. Se dice que una persona es razonable cuando sus creencias y acciones se ajustan a los mandatos de  dichos principios, o cuando se guía por ellos de forma deliberada.» Christine Koorsgaard

Desde el punto de vista racional, cuando se trata del ámbito ético, las afirmaciones de carácter moral deben tener la misma validez y veracidad que las afirmaciones de carácter empírico sobre la realidad. ¿Por qué? Porque la ética racional se basa en necesariamente hechos empíricos y en la lógica. Si los hechos están confirmados y la lógica es correcta, entonces las normas y valores morales que se deduzcan a partir de ellos tienen que ser necesariamente verdad.

Todo razonamiento apela o se basa en la ley de identidad (A=A). El respeto por la ley de identidad es el fundamento de la razón. Es lo contrario de la arbitrariedad, de lo que no está sujeto a un referente objetivo y universal.

La ley lógica de identidad no expresa la sola existencia. La existencia en sí misma se podría expresar simplemente como "A". La identidad es el proceso de re-conocimiento que la existencia existe, que nosotros existimos. Nos identificamos, es decir, somos conscientes de nosotros mismos. Eso es lo que representa "A=A"

La identidad como tal no debe ser confundida con el razonamiento de la identidad. El fundamento de la identidad es la sensación. Porque sentimos es por lo que podemos tener consciencia de que existimos.

Aunque no tuviéramos la capacidad de razonar conceptualmente la noción de la identidad, eso no cambiaría nada. Aunque no pudiéramos conceptualizar el hecho de que tenemos una cabeza, tronco y extremidades, seguiríamos teniéndolas igualmente.

Cuando razonamos el concepto de identidad no estamos creando o generando la identidad sino que la estamos formulando o expresando mediante el pensamiento y el lenguaje. Del mismo modo que cuando dibujamos un árbol no lo estamos creando sino que lo estamos reflejando visualmente mediante nuestra habilidad.

El respeto por la identidad en la práctica implica necesariamente el respeto por la sintiencia. La sintiencia es lo que permite que un ser sea consciente de sí mismo. Esto sería, en esencia, la ética: la práctica de respetar y aplicar la lógica. Por eso William Clifford identificaba la racionalidad con el deber moral y el deber moral con la racionalidad: considerar como verdad y obligación sólo aquello que sea evidente o demostrable mediante hechos empíricos y razonamientos lógicos.

EL PROBLEMA DE LA RELACIÓN ENTRE EL SER Y EL DEBER SER 

«Todos los conceptos morales tienen su asiento y origen completamente a priori, en la razón.» ~ Immanuel Kant
 
Evitar incurrir en la falacia naturalista, o el apelar a entes trascendentales, no resulta nada difícil; lo conseguimos simplemente reconociendo que el fundamento de la moral es la lógica. La lógica no es propiamente un hecho de la naturaleza. Ni es un objeto que se pueda tocar o medir. Tampoco es un ente transcendental. Sino que es un ámbito de conocimiento presente y accesible mediante el razonamiento.

El ámbito de consideración moral no debe estar limitado a los seres humanos, sino que debe incluir a todos los seres sintientes, sin distinción de especie. Pero esto no tiene que ver con la universalidad ni con la coherencia (aunque estoy de acuerdo con que son requisitos imprescindibles en la ética). Esto es sencillamente un criterio necesario que obtenemos de la misma lógica.

La ley de identidad (A=A) es el fundamento básico de la lógica, y estamos obligados racionalmente a respetarla. Por lo tanto, a la hora de deducir qué seres deben estar incluidos en la consideración moral la respuesta está en la ley de identidad (A=A). Es decir, todos aquellos seres que posean identidad (consciencia de sí mismos) son los que poseen valor intrínseco y merecen respeto por sí mismos.

Nuestro sistema de valores morales igualmente se deriva de la lógica. Por ejemplo, el valor moral de la responsabilidad es un aplicación de la ley lógica de causalidad (o principio de razón suficiente) a nuestros actos. Si somos causantes de una acción, entonces somos responsables de esa acción y sus consecuencias directas. Somos responsables de nuestros actos, porque podemos tener un control sobre ellos y somos capaces de comprender que nuestras acciones pueden afectar a otros y tienen consecuencias.

Así que podemos ver que la ética se deduce racionalmente a partir de la lógica y aplicándola a los hechos objetivos. Por lo tanto, no puede haber más que una sola teoría ética correcta. Igual que solamente puede haber una teoría correcta que explique la gravedad o la evolución. ¿Por qué? Porque dos teorías diferentes tienen que contradecirse necesariamente y esta contradicción vulnera la ley lógica de no-contradicción: dos afirmaciones contrapuestas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Es decir, no puede ser que esclavizar esté mal y esté bien al mismo tiempo. Es absurdo.

La base, contenido y estructura de la ética están determinadas por la lógica. La ética se basa en la lógica, se estructura mediante la lógica, y su contenido está condicionado por la lógica. Obviamente, la lógica no es equivalente tal cual a la ética, porque la ética se refiere a nuestra conducta (ethos) en el mundo. La ética se obtiene al aplicar la lógica a la realidad empírica que vivimos. El problema hasta ahora ha sido que en filosofía moral, o en la filosofía en general, el papel de la lógica ha sido puramente instrumental. La filosofía por lo general (salvo contadas y concretas excepciones) no se ha basado en la lógica ni la ha aceptado como contenido. Cada pensador o doctrina parte de una serie de ideas o dogmas y a partir de ahí utiliza la lógica meramente para intentar dotar de coherencia a sus intuiciones personales. 

LA COMUNIDAD MORAL 

«Las personas no difieren básicamente entre sí; mi vecino puede ser más o menos inteligente, ingenioso o guapo que yo, pero tenemos en común la misma estructura biológica, sentimos el mismo dolor y compartimos penas y alegrías similares. Lo racional sería que yo pusiera su felicidad al mismo nivel que la mía.» ~ Stuart Sutherland

En primer lugar, tenemos que partir de la ley de identidad (que es el principio fundamental de la lógica) para poder constituir el contenido. Por contenido me refiero primeramente a la comunidad moral, es decir, qué seres deben estar incluidos en la ética. ¿Deben estarlo todos o sólo algunos, o ninguno.

Evidentemente todos los seres del universo cumplen ontológicamente la ley lógica de identidad, pero no todos ellos poseen identidad de sí mismos, es decir, no son conscientes de su existencia. La ley de identidad no es "A" sino "A=A". Los seres no-sintientes se limitan a existir (A) y solamente los seres sintientes tienen consciencia de su existencia (A=A). El fenómeno de la identidad aparece sólo en aquellos seres que pueden sentir. Porque la sensación es la base de la subjetividad. Todos los seres sintientes son sujetos, son alguien, por lo tanto cumplen la ley de identidad, ya que tienen identidad, consciencia de sí mismos. Por ellos merecen ser incluidos en la consideración moral. Nuestra empatía innata nos aporta directamente esta intuición moral sin necesidad de razonamiento, pero la lógica, y los datos de la ciencia, lo confirman racionalmente.

Por tanto, sólo aquellos seres que en su naturaleza y constitución coincidan con la ley de identidad (A=A) deberían ser lógicamente incluidos en la consideración moral. ¿Qué seres son esos? No son todos los seres existentes sino solamente aquellos que estén dotados de identidad reflexiva (A=A), es decir, los seres conscientes, que poseen consciencia de sí mismos. O lo que es lo mismo: los seres sintientes. Ya que todo ser dotado de sensación tiene que poseer al menos alguna consciencia sensitiva de sí mismo (las sensaciones no se experimentan el vacío, sino que siempre hacen referencia a un sujeto).

La comunidad moral está compuesta por todos aquellos seres que tienen valor intrínseco (o valor inherente). Es decir, aquellos seres que tienen esa característica - la sintiencia - que les hace valiosos por sí mismos, sin importar si otros individuos les valoran y sin importar qué supuesto valor instrumental puedan tener para otros. Como seres con valor intrínseco merecen, al menos, un respeto básico que implica, entre otras cosas, no agredirles ni utilizarles como simples medios para conseguir un fin.

El resto de seres que no tienen valor intrínseco solamente tienen un valor instrumental. No merecen respeto por sí mismos y su valor depende exclusivamente de cómo afectan a los intereses de los seres con valor intrínseco - los seres sintientes.

Por tanto, todos los seres sintientes merecen por igual ser incluidos en la consideración moral. Esto significa que debemos cumplir las normas morales en relación con ellos.

LOS DERECHOS 

«Los derechos morales son iguales para todos los que los poseen. Por lo cual, nadie puede denegar derechos por motivos arbitrarios, prejuiciosos o moralmente irrelevantes.»  ~ Tom Regan

 Otro elemento esencial de la consideración moral son los derechos.

El término derecho no es más que la forma abreviada de referirnos a nuestra obligación de respetar un determinado interés del individuo. Cada ser sintiente tiene una serie de intereses plurales. Algunos de ellos son moralmente legítimos y otros no. ¿Cuáles lo son? Pues todos aquellos que formen parte de la identidad. Por ejemplo, el interés de auto-conservación. Sin respetar este interés no podemos respetar al individuo. Por lo tanto, es necesario que ese interés sea obligadamente respetado. De ahí proviene el derecho a la vida o el derecho a la seguridad física. Cuando decimos que alguien tiene un derecho a la vida queremos decir que su interés en conservar la vida debe ser respetado, sin importar si tenemos el deseo personal de hacerlo o si nos conviene hacerlo. Tenemos la obligación moral de respetarlo. Un pato, una abeja, un cerdo, una salamandra, un humano,... tiene el derecho a la vida. Igual que cualquier otro ser sintiente. Aunque no lo queramos reconocer, él tiene ese derecho. Igual que podemos no querer reconocer que un triángulo tiene tres lados.

Esto en lo que concierne a los derechos morales. Otro tipo de derechos son los contractuales (entre los que se incluyen los derechos legales).

Si los derechos morales no existieran entonces los derechos contractuales tampoco podrían existir puesto estos últimos son simplemente una expresión del acuerdo libre y voluntario, es decir, de los deseos del individuo. Por lo tanto, estaríann totalmente sujetos al capricho de cada persona, que en cualquier momento puede decidir romper el acuerdo pactado. A no ser que entendamos que tenemos la obligación moral de cumplir con los compromisos que acordamos. ¿De dónde proviene esa obligación? Pues del principio lógico de coherencia. Si yo me comprometo libremente en hacer algo (que tenga la posibilidad real de hacer) entonces la coherencia me obliga a mantener ese compromiso salvo que los términos sobre los que se asiente el acuerdo cambiaran radicalmente.

Salvo que apelemos a la fuerza y la violencia como argumento, resulta que la fundamentación de los derechos contractuales es de tipo moral. Si alguien se compromete a un determinado acuerdo entonces tiene la obligación moral de respetar su palabra en los términos acordados. No porque eso le conlleve consecuencias perjudiciales, sino porque es algo que debe hacer para cumplir con la ética. La obligación moral es de tipo racional. No es una obligación coactiva sino que está sujeta a la decisión libre de cada agente moral.

Si no tuviéramos la posibilidad de elección entonces no existiría la ética como tal, sino que simplemente actuaríamos determinados enteramente por la causalidad de factores. En un contexto puramente determinista no tiene cabida hablar de moral porque no se podría diferenciar entre bueno y malo, entre aquello que se ajusta a un principio y lo que lo incumple, sino que las cosas simplemente suceden y punto.

Alguien podría alegar que sólo tenemos obligación de hacer algo cuando el hecho de no hacerlo supone que nos cause a nosotros un perjuicio (egocentrismo). Pero precisamente cuando no cumplimos las normas morales, basadas en la razón, causamos un perjuicio en otros. Les perjudicamos cuando no respetamos sus derechos. ¿Por qué solamente va a tener relevancia un daño si me afecta a mí pero no lo va a tener si afecta a otros? En virtud del principio de igual consideración (A=A), que es un principio puramente formal, no hay razón que justifique supeditar el perjuicio de otros por debajo del nuestro. Por eso, tenemos la obligación de no perjudicar ni dañar a otros para beneficiarnos a nosotros. Este contexto ya no es puramente personal, en tanto que nos afectara a nosotros como individuos, sino que aplicando la lógica de la igualdad hemos entrado en el ámbito de la moral. Estoy obligado a respetar la vida de un ser sintiente porque desea vivir y que no le hagan daño, igual que yo (A=A).

Solamente los seres sintientes tienen la capacidad de tener auto-conciencia de sí mismos, y es por esto que poseen identidad reflexiva (A=A). Son seres conscientes. Este hecho es un fenómeno peculiar que se corresponde con la ley lógica de identidad (A=A). Por eso, solamente los seres que sienten merecen consideración y respeto por sí mismos.

En cambio, la postura biocentrista, o la ecología profunda, no se corresponden con la ley lógica de identidad. No tenemos ninguna evidencia o prueba que demuestre que los seres vivos no-sintientes, o el planeta, posean la capacidad de sentir o algún tipo de autoconsciencia (A=A). Por lo tanto, no hay ninguna razón que explique por qué deberían ser incluidos en la comunidad moral. Si un ser vivo no-sintiente merece respeto siempre será debido de manera indirecta en tanto que nuestros actos sobre ellos afecten directamente a los intereses de seres sintientes.

Desde el punto de vista racional, cualquier valoración personal, interés, o juicio de valor, sólo es moralmente aceptable si se basa en hechos empíricos comprobables y cumple las leyes básicas de la lógica. Entonces y sólo entonces es moralmente considerable como legítimo. Los juicios de valor subjetivos no pueden ser un fundamento de la ética pues se basen en meras preferencias personales.

Por otro lado, si la lógica y la existencia son verdades absolutas - y así debería ser puesto que son auto-evidentes y necesarias - entonces no hay razón que justifique no considerar que la ética que se deriva de aplicar la lógica a nuestra conducta también sea una verdad absoluta. La regla de oro (no hacer a los demás aquello que no queremos para nosotros) puede ser considerada una verdad moral absoluta, ya que es una derivación lógica del principio de igualdad o igual consideración. Y, que nosotros sepamos, este principio nunca cambia en el tiempo ni en el espacio.

En todo caso, afirmar que no hay constantes éticos universales resultaría ser un evidente error. Puesto que todos los códigos morales que encontramos en el mundo se refieren siempre a la protección de los intereses. Ya sea de los intereses individuales de todos o sólo de algunos de los individuos. O tal vez a los supuestos intereses de seres imaginarios (dioses). Pero siempre se refieren a la consideración de ciertos intereses. Sin la necesidad de proteger los intereses, y resolver los conflictos entre ellos, no habría necesidad ninguna de una dimensión moral en nuestra vida.

LA IGUALDAD O IGUAL CONSIDERACIÓN

«Un individuo jamás debe preferirse a sí mismo tanto más que a otro individuo, de forma que ofenda o hiera a este otro en beneficio propio, aunque la ventaja del primera fuera muy superior al detrimento o daño del segundo.»  Adam Smith

Si la ética se refiere necesariamente a la consideración de los intereses de los individuos, entonces aplicar la lógica nos dará las pautas de conducta que deberíamos seguir para comportarnos de una manera moralmente correcta. Por ejemplo, al aplicar el principio lógico de identidad (A=A) a la ética obtenemos el principio moral de igualdad o igual consideración. Esto quiere decir que los casos moralmente relevantes que sean iguales (o muy similares) deben, lógicamente, ser tratados de manera igual.

Por ejemplo, si todos nosotros tenemos un mismo interés en conservar nuestra vida, nuestra existencia como individuos, entonces no resultaría correcto - de acuerdo con el principio de igual consideración - que discrimináramos a otros individuos que también tienen ese mismo interés y que les negáramos la consideración y protección que deseamos para nosotros. Este principio moral es uno de los que han fundamentado todos los movimientos sociales de justicia e igualdad, desde el abolicionismo hasta el feminismo, pasando por el movimiento de derechos civiles.

El principio de igualdad es lógicamente necesario. No se puede razonar moralmente sin apelar a él, ya que es una deducción directa de la ley de identidad. La ética básica es una expresión de este principio. Si otros individuos tienen el deseo de vivir, igual que lo tengo yo, entonces ninguna razón puede justificar que no trate ese interés de la misma manera que deseo que se trate el mío. Es decir, respetándolo.

LA OBLIGACIÓN Y LA RESPONSABILIDAD MORAL

«El desarrollo del razonamiento moral es paralelo al desarrollo del razonamiento lógico. La lógica es una moral del pensamiento, como la moral es una lógica de la acción.» ~ Jean Piaget

La obligación moral es de tipo lógico. Tenemos la obligación de cumplir las normas morales por la misma razón que tenemos la obligación de cumplir las leyes de la lógica o las reglas de la matemática. Es una necesidad racional. Claro que tenemos la opción de no acatarlas pero entonces estaremos siendo irracionales o inmorales. Aparte de las consecuencias perjudiciales que se pueden derivar, tenemos la obligación de cumplir las leyes de la lógica, y las normas morales basadas en la lógica, porque no existe otro modo de ser racional. Es necesario por propia definición. Igual que es necesario y obligado reconocer que un triángulo tiene tres lados, aunque podamos libremente decir que no los tiene y actuar como si efectivamente no los tuviera.

La obligación moral significa la necesidad de cumplir ciertas normas para adecuar nuestra conducta a la ética. Es lógicamente necesario reconocer que "A=A". No se puede negar. Es una necesidad lógica. Pero en el ámbito práctico yo puedo decir o escribir que "A≠A", a pesar de que esto es lógicamente falso. Del mismo modo, una norma moral está justificada por la lógica, y la obligación de cumplirla es de tipo racional. Aunque en la práctica puedas actuar incumpliendo dicha norma.

Si yo tengo un interés en vivir [A] y otro individuo tiene también ese mismo interés [A] entonces en virtud de la ley lógica de identidad resulta que el interés es el mismo aunque aparezca en diferentes individuos (del mismo modo que la fórmula E=mC2 puede aparecer en diferentes lugares aunque el concepto sea el mismo) y por tanto no hay razón que justifique no respetar ese mismo interés en otros individuos que en mí mismo. Precisamente porque es el mismo interés. ¿Si es el mismo entonces cómo va a ser considerado de manera diferente sólo porque aparezca en diferentes individuos cuando lo relevante es precisamente el interés en vivir? En esto consiste el principio moral de igualdad o igual consideración. La igualdad moral se basa en la ley lógica de identidad: lo que es igual debe ser considerado y tratado, lógicamente, de igual manera.

Por tanto, cualquiera capaz de razonar puede entender la irrefutable consistencia lógica del principio de igualdad y reconocerlo como tal. De acuerdo a la evidencia, no podemos negar su existencia como tampoco podemos negar que un triángulo tiene necesariamente tres lados. No podemos dibujar un triángulo de tres lados como tampoco puedes actuar éticamente sin el principio de igualdad. Podemos actuar de manera inmoral pero no podemos actuar de manera ética sin respetar el principio de igual consideración. Si acordamos que el deseo de vivir es moralmente relevante entonces no puedes justificar racionalmente por qué el interés de vivir de alguien debe ser tratado de manera diferente, y no igual, que el mismo interés de otro individuo. La necesidad lógica lo impide.

No confundamos el ámbito abstracto con el ámbito empírico. Decir que no existe la obligación moral sólo porque puedes no acatarla en tu conducta, es igual a decir que las reglas de la matemática no existen porque yo puedo decir, escribir, o creer, que 2+2=5

Siguiendo el mismo tipo de razonamiento podemos entender que solamente son responsables de su conducta aquellos seres que puedan razonar moralmente y ser conscientes de sus actos. Ahora bien, el razonamiento se basa en la lógica, y la mayoría de los animales son capaces de razonar, pero no de razonar moralmente. Y además ¿acaso no todos los seres cumplen la ley de identidad [A=A]? Si la responsabilidad moral se basa en el razonamiento —que a su vez se basa necesariamente en la lógica— alguien podría decir que todos los seres existentes son moralmente responsables porque todos cumplen la ley lógica de identidad. Pero esto es absurdo, porque solamente aquellos capaces de comprender conscientemente la lógica y actuar en consecuencia pueden ser responsables.

Tendemos a confundir el ámbito empírico con el abstracto. Ciertamente no podemos dibujar un triángulo que no tenga tres lados, por definición. Pero sí que podríamos matar a una vaca  y violar su derecho a la vida, ¿quiere eso decir que ella no tendría derecho derecho a la vida? No, es erróneo pensar así. Destruir a un ser sintiente es equivalente a destruir un triángulo, un objeto empírico que tenga dicha forma. Cuando no respetamos un derecho moral no lo destruyes, sino que simplemente lo incumples. Pongamos como analogía la siguiente ecuación: si X=1 entonces 2+X= 3. Esta ecuación puedes incumplirla en la práctica, igual que podemos incumplir una norma moral, pero eso no afecta a su necesaria validez teórica.

Por lo cual, resulta una falacia decir que la posibilidad de incumplir una norma significa que dicha norma sea inexistente o incorrecta. Tenemos la posibilidad de actuar de forma inmoral, pero no tenemos posibilidad alguna de actuar moralmente a no ser que respetemos las normas básicas de la ética, entre las que se incluyen los derechos de los individuos.

EVITAR LA CONFUSIÓN CON OTRAS TEORÍAS

«Los axiomas éticos son fundados y puestos a prueba de manera no muy  diferente a los axiomas de la ciencia. La verdad es lo que resiste la prueba de la experiencia.»  ~ Albert Einstein 

Quizás sea necesario aclarar que la explicación que estoy exponiendo no tiene nada que ver con el iusnaturalismo. Entre otras cosas, el iusnaturalismo apela al orden natural para justificar sus argumentos. Es decir, la falacia naturalista. En cambio, esta exposición argumenta en base a la lógica; no a la naturaleza. Por eso, tampoco tiene nada que ver con la fundamentación en que se basa el liberalismo, anarquismo, utilitarismo, o cualquier otro tipo de filosofía. Todas ellas usan la lógica de forma instrumental, pero no se fundamentan en la lógica.

Señalemos también que a menudo confundimos derechos morales con derechos contractuales. No solamente los confundimos sino que damos validez a los derechos contractuales sin argumentar el por qué de la obligación de cumplirlos. Apelar a la fuerza o a la violencia no es un argumento lógicamente válido. Al decir que los derechos contractuales son válidos porque de no cumplirlos nos recaerá un castigo es incurrir en la falacia ad baculum.

CONCLUSIÓN

«La razón ha establecido verdades destinadas a servir de regla moral a nuestras acciones.» ~ Nicolas de Condorcet

No solamente la ética puede, y debe, fundamentarse en la lógica, sino que no existe otra forma racional de hacerlo. Todo principio, norma o razonamiento moral es de tipo lógico tanto en su contenido como en su forma. Decir que la moral debe fundamentarse en principios extra-lógicos es proponer que nuestra moral se base en prejuicios, caprichos subjetivos, o en la violencia, y no en la razón.

De hecho, toda visión moral no fundamentada en la lógica se basa en: [1] prejuicios que no podemos razonar ni demostrar, o en [2] apelar a la violencia, en considerar que el poder da la razón, cuando en realidad no es así. La idea de que tener el poder de coaccionar a otros es lo que justifica nuestra conducta ha sido la base de doctrinas opresivas como el fascismo y es también el prejuicio que fundamenta el antropocentrismo y nuestra explotación especista sobre los demás animales.

Este texto pretende ser meramente una nota introductoria a los puntos básicos de esta importante cuestión, a partir de los cuales poder desarrollar una argumentación más detallada y completa. Esto es, si no partimos de los principios fundamentales de la lógica básica entonces no podemos decir que estemos razonando moralmente, ni siquiera razonando. Lo único que estaremos haciendo es tratando de distorsionar el asunto moral seleccionado interesadamente aquellos hechos o argumentos que nos sirvan para justificar nuestros prejuicios.