14 de marzo de 2016

«Mensajes Animalistas Adaptados A Quienes Causan El Daño»


En este nuevo artículo del profesor y psicólogo Casey Taft —en consonancia con sus anteriores publicaciones— se denuncia un problema muy presente dentro del activismo animalista, a saber: que los principales grupos animalistas se han convertidos en negocios que sólo buscan adaptar su mensaje para hacerlo más cómodo a la sociedad en general con la principal intención de conseguir socios y dinero, ignorando aquello que es justo y efectivo para conseguir la liberación de los animales no humanos. 

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«Mensajes Animalistas Adaptados A Quienes Causan El Daño»

Casey Taft

Noviembre 2015

Hace poco estuve charlando con un activista muy conocido que está ligado a la gente que dirige las grandes organizaciones animalistas, y discutimos acerca de que estos grupos están animando a la gente a hacerse vegetariana o a reducir el consumo de animales [reducetarianismo] en lugar de promover el veganismo. Él me contó algo que yo sabía ya de forma intuitiva aunque nunca lo había asimilado completamente: estas organizaciones conciben su mensaje basándose en técnicas de marketing [mercadotecnia]. En otras palabras, a la hora de determinar cual sería la mejor manera de conseguir que la gente deje de explotar a los animales, le preguntan a la gente cómo debemos adaptar nuestro mensaje a su gusto.

Pensemos un momento sobre esto y preguntémonos a nosotros mismos cómo parecería eso en cualquier otro movimiento social de justicia. ¿Pensamos que el movimiento Black Lives Matter realiza sus campañas en alianza con los racistas para ver como terminar con la injusticia racial? ¿Los grupos feministas preguntan a los machistas sobre cuál es la mejor manera de terminar con el patriarcado y la violencia contra la mujer? !Por supuesto que no! Es absurdo preguntarles a los opresores sobre cómo debemos actuar para conseguir que terminen con la opresión.

Por supuesto, cuando preguntamos a no-veganos sobre cómo debemos realizar nuestro activismo, nos dirán que sólo debemos pedirles que reduzca su consumo de productos animales. Ellos prefieren que no hablemos de veganismo porque eso les hace sentir incómodos. Esto es por lo que las grandes organizaciones animalistas están promoviendo el reducetarianismo y el vegetarianismo en lugar del veganismo. Adaptan su activismo deliberadamente para no molestar a quienes son sus potenciales donantes de dinero y que necesitan para sufragar sus salarios y los gastos de su organización.

Nosotros no debemos dejar de promover el veganismo para promover el vegetarianismo o el reducetarianismo sólo porque esto le resulte más confortable a la gente. La comodidad no conduce al cambio que necesitan los animales. Necesitamos que el mayor número de gente salga de su zona de confortabilidad para que comprendan y rechacen la injusticia que infligimos sobre los animales al usarlos y abusar de ellos. Los animales no humanos necesitan justicia y que dejemos de utilizarlos; no necesitan publicistas del marketing que ayuden a los opresores a sentirse más cómodos cometiendo su injusticia.

Hagamos el siguiente experimento mental; sólo para veganos. Recuerda aquel tiempo antes de que fueras vegano; cuando el drama que padecen los animales nohumanos estaba fuera de tu radar. Quizás ignorabas por completo lo que les sucedía o quizás simplemente te faltaba algo de información y conciencia. Ahora imagina que una gran organización animalista aleatoriamente entrara en contacto contigo, pidiéndote que les ayudes a liderar una campaña bien financiada para terminar con la explotación de los no-humanos. ¿Crees que estarías cualificado para liderar semejante iniciativa? ¿O piensas que tu actual yo, siendo ya vegano con una perspectiva diferente, estaría más preparado para esa tarea? Obviamente estamos mejor preparados para elaborar un mensaje de derechos animales cuando tenemos nociones conceptuales sobre la injusticia que padecen los animales.

Tendríamos un mayor éxito en conseguir que la gente se haga vegana si discutimos las implicaciones de lo que les hacemos a los animales; y el argumento ético es el más sólido con diferencia. Los grandes grupos animalistas que cuentan con una considerable cantidad de recursos y de seguidores están diciendo que debemos pedirle a la gente que reduzca —en lugar de que elimine— su explotación, diluyendo así nuestro mensaje vegano colectivo sobre justicia social y menoscabando el argumento ético. La mayoría está asimilando la idea de que la explotación animal está bien si se realiza de forma moderada, y que la mejor manera de conseguir un mundo vegano pasa por no hablar de veganismo. Debemos saber que el origen de este erróneo enfoque sobre el activismo procede de esos grupos animalistas que se alían con los explotadores.

Nuestro movimiento no debe estar guiado por las preferencias de quienes no desean acabar con la explotación de los animales. Eso podría ayudar a conseguir dinero para las grandes organizaciones por parte de quienes no quieren que les pidamos que se hagan veganos, pero ciertamente esto no trae nada bueno para los animales no humanos. Ya es hora de que nuestro movimiento afronte el uso de los animales como un problema social de justicia.


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En línea con lo expuesto por el profesor Taft, quisiera añadir que lo que los grupos bienestaristas denominan "activimo eficaz" quiere decir en realidad: "hacer lo más efectivo para conseguir socios y dinero para nuestra organización". Así traduzco la retórica de estos grupos. Su propósito no es cambiar la sociedad hacia un nuevo paradigma moral animalista sino integrarse ellos mismos en la sociedad para poder vivir de su actividad mediante la recaudación de dinero, sin cuestionar ni oponerse al especismo y la explotación animal.

Esta polémica ha surgido porque los bienestaristas están tratando de tergiversar y anular el veganismo —alegando que promover el veganismo no es eficaz para ayudar a los animales— dado que la ética del veganismo se opone a sus propios objetivos en favor de seguir explotando a los demás animales para 'reducir el sufrimiento'.

Como ya explicó el profesor Taft en ensayos anteriores la supuesta 'efectividad' de la que tanto hablan los bienestaristas no tiene evidencia objetiva que la avale como tal. Ni tampoco tiene nada que ver con la ciencia pero sí que tiene mucho que ver con el marketing y las técnicas de venta usadas por las empresas en publicidad. Los grupos bienestaristas se organizan como empresas que venden un producto y la principal intención de sus integrantes es ganar dinero para poder vivir de su actividad.

Los bienestaristas dicen que son 'veganos' porque supuestamente no consumen animales pero no reconocen el veganismo como un principio moral ni aplican el veganismo a su activismo. Además, a menudo tratan de atacar el activismo vegano descalificándolo de 'ideológico' o 'ineficaz', cuando la posición bienestarista no es menos ideológica que cualquier otra visión moral del mundo ni su forma de plantear el activismo ha demostrado ser más eficaz.

Un activista vegano trata de difundir el veganismo de la forma más eficaz dentro de los límites de la ética. En cambio a un bienestarista no le importa la ética; sólo le importa lograr su objetivo de "reducir el sufrimiento", y por eso promueve iniciativas como el "lunes sin carne", que en realidad sólo consiguen que la gente se sienta más cómoda al consumir explotación animal. Aunque a veces erróneamente llamen "ética" a su obsesión personal contra el sufrimiento, no tiene nada de ético pretender que uno puede hacer lo que le dé la gana simplemente por alcanzar un objetivo, por muy supuestamente loable que fuera tal objetivo.

El análisis del profesor Taft demuestra que la eficacia no estaría reñida con la ética y que ambas son compatibles. Debemos esforzarnos por buscar y aplicar los métodos más efectivos para lograr una concienciación social cada vez más amplia, pero siempre ajustándonos a un criterio ético. Decir que algo es efectivo para conseguir una fin —incluso aunque se tratara de un fin bueno— no lo hace necesariamente justo ni aceptable.

Si la forma más efectiva de hacer desaparecer la explotación animal fuera aniquilar toda la vida sintiente del planeta, esta medida no sería ética ni aceptable, aunque su finalidad sea loable. Sé que algunos bienestaristas estarían de acuerdo en esa medida. Creer que todo defendemos 'lo mismo' es un error. Dentro del ámbito animalista coexisten distintas posiciones morales que pueden no ser compatibles entre sí. Aclarar este punto me parece muy relevante, y es quizás el único defecto que le podría achacar al análisis del profesor Taft, quien parece asumir la idea de que todos somos animalistas con una misma base moral, cuando esto no es así.

Si podemos entender la esencial diferencia entre el antropocentrismo y la filosofía de los Derechos Animales —y que ambas posiciones no se pueden compatibilizar— entonces también podemos comprender igualmente que existe una profunda y radical distinción entre el bienestarismo y el veganismo; y que ambos están en constante oposición. De ahí que surjan tantas discusiones entre activistas que supuestamente 'defienden lo mismo' cuando en realidad no defendemos lo mismo.

Debemos decidir si vamos a apoyar a esos grupos bienestaristas corporativos que buscan su propio beneficio o si preferimos apoyar el activismo de base y ayudar a que el veganismo se convierta en un verdadero movimiento social de justicia.

25 de febrero de 2016

La ética no es una imposición


En este ensayo pretendo defender la tesis de que la ética no puede ser una 'imposición' porque eso supondría alegar erróneamente que se nos «im-pone» algo que no es inherente a nosotros, es decir, que se nos fuerza a acatar algo que es ajeno o contrario a nuestra naturaleza.

En primer lugar, la capacidad moral es algo inherente a nuestra propia naturaleza. No es algo impuesto o añadido desde fuera. La moralidad es un fenómeno biológico que no sólo aparece en los seres humanos sino que también se han comprobado su existencia en otros animales —concretamente en otros mamíferos; aunque en un nivel muy básico.

Denominamos moralidad a la capacidad de tener en consideración a otros individuos y a sus intereses, basada a su vez en la capacidad de empatía. La moralidad es el reconocimiento de que no somos los únicos seres conscientes en este mundo y que los intereses de los demás individuos también deben ser considerados a la hora de determinar nuestra conducta.

Por tanto, nuestra capacidad de actuar moralmente no es una imposición sino que es una capacidad intrínseca a nuestra personalidad.

En segundo lugar; la ética sería la obligación inherente de acatar los principios de la lógica que forman parte de nuestra propia facultad de razonar. Por eso no se puede imponer, por definición. Sólo podríamos decir que se impone —algo que se introduce interiormente desde fuera– en el caso de que se tratara de algo externo a lo que se nos quiere forzar.

La ética sería una pura derivación de la lógica. Los principios fundamentales de la moral son el principio de igualdad —o principio de igual consideración— y el principio de valor inherente; los cuales a su vez se derivan directamente del principio de identidad. Si esto es así, entonces la ética no la podemos imponer ni refutar; sólo la podemos reconocer. No podemos imponer ni refutar que A=A.

Así, los principios básicos de la ética son puramente lógicos y estamos obligados a ellos por nuestra facultad de razonamiento. Estamos intrínsecamente obligados a reconocer que A=A y lógicamente a acatar ese principio en nuestra conducta. Pero no estamos obligados en el sentido de forzados o coaccionados externamente, sino obligados en el sentido de acatar un imperativo lógica, dado que es un requisito necesario para la existencia y funcionamiento de nuestra racionalidad.

Por ello, si la lógica no es una imposición, y la ética es en efecto el acatamiento a la lógica, entonces la ética no puede ser conceptualmente una imposición. En cambio, cuando decidimos ignorar o quebrantar esos principios entonces somos nosotros quienes estamos imponiendo nuestros deseos o intenciones por encima de los de otros individuos.

Si los demás individuos son igualmente sujetos, y albergan los mismos intereses básicos que nosotros, entonces lógicamente no debemos tratarlos como objetos. Esto es lo que queremos decir cuando señalamos que los seres conscientes poseen un valor inherente. Tratar a los sujetos como si fueran objetos es lógicamente contradictorio. Asimismo, debemos considerar sus intereses al mismo nivel que los nuestros puesto que son los mismos intereses [A=A] aunque se den en individuos diferentes ―a esto es lo que nos referimos cuando hablamos de la igualdad en sentido moral.

La ética representa todo lo opuesto a la imposición de unos sobre otros; la ética se basa en la igualdad. Por supuesto que la igualdad no significa que nuestros intereses se sacrifiquen en favor de los intereses de otros individuos sino que los intereses de todos deben ser considerados igualmente; al mismo nivel.

No obstante, es importante señalar que no sería acertado que equiparemos la ética a cualquier doctrina o código específico de conducta que se pretenda de obligado cumplimiento. Existen diversas teorías morales que difieren e incluso se oponen entre sí. Por tanto, en virtud del principio de no contradicción, resulta obvio que no pueden ser todas correctas y que algunas de ellas tienen que ser necesariamente erróneas. Aquellas teorías que incumplen la lógica son teorías racionalmente equivocadas. Todas aquellas que se basan en presupuestos no-lógicos [emociones, sentimientos, gustos, tradiciones,...] no serían siquiera éticas desde el punto de vista racional. Un ejemplo de esto sería el utilitarismo. Sin duda, hay doctrinas que dicen ser éticas pero que contradicen una definición racionalista de la ética. 

Por otro lado, podemos crear normas que impongan determinada conducta de forma impositiva, coactiva. Por ejemplo: las leyes jurídicas siempre son una imposición; son de carácter externamente coactivo. La legalidad es un ámbito categorialmente diferente a la moralidad. La legalidad es de carácter convencional.

Ahora bien, al afirmar que debemos respetar a los seres sintientes como personas —no tratarlos como cosas— no estaríamos imponiendo nada. Este mandato es una derivación necesaria de la lógica. Lo que estamos diciendo es que no debemos imponer injustificadamente nuestros deseos a otras personas —que no debemos tratarlas como simples medios para nuestros fines— porque es la norma de conducta coherente con la lógica, la cual es parte inherente de nuestra propia racionalidad. Por tanto, la moral no existe fuera de nosotros —de forma heterónoma, como es el caso de las leyes jurídicas— sino que está dentro de nosotros, dentro de nuestra racionalidad, de forma autónoma.

Para terminar, es importante aclarar que aunque la ética no pueda ser una imposición, esto no significa que la imposición sea un hecho malo ni bueno por sí mismo. La imposición puede ser correcta o puede ser incorrecta. Esto depende de si está moralmente justificada o no. Lo cual nos retorna de nuevo a los principios éticos que son el referente normativo de la moralidad. Según lo expuesto aquí, el único fundamento objetivo que podría tener una moral es la lógica.

En conclusión, la ética puede parecer una imposición sólo para aquellos que no han comprendido su naturaleza propia; pero no para quienes la hemos interiorizado y reconocemos que es una extensión de nuestra propia racionalidad. Las normas éticas se conocen mediante la razón, que es inherente a nosotros, no desde fuera de nosotros. Actuar racionalmente no es una limitación sino un desarrollo de nuestra personalidad.

17 de febrero de 2016

«¿Cuál Es La Mejor Forma De Promover El Veganismo?: La Perspectiva De Un Psicólogo»


El profesor Casey Taft analiza en este artículo sobre cuál podría ser la forma más efectiva de difundir el veganismo en la sociedad desde un punto de vista psicológico partiendo de su propia experiencia como terapeuta. Pienso que sus reflexiones pueden ser útiles para mejorar nuestro activismo en favor del respeto a los demás animales y merecen que las tengamos en cuenta.

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¿Cuál Es La Mejor Forma De Promover El Veganismo?: La Perspectiva De Un Psicólogo 
Casey Taft, Ph.D.
He sido responsable de una investigación clínica pionera en el ámbito de la prevención de la violencia. He desarrollado los únicos programas que muestran cómo prevenir y terminar con la violencia doméstica por parte de miembros del ejército y estos programas son ahora aplicados en los hospitales de todo el país. He sido asesor en la Naciones Unidas para un proyecto destinado a acabar con la violencia en países devastados por la guerra y he recibido premios internacionales por mi trabajo. Actualmente estoy escribiendo un libro para la Asociación Americana de Psicología centrado en la prevención del trauma y la violencia.

Menciono estas credenciales para sugerir que puedo saber algo acerca de cómo acabar con la violencia innecesaria. De hecho, hay un vasto campo de conocimiento acerca de promover el cambio en individuos no motivados que ha sido largamente ignorado por muchos activistas animalistas.

Ofrezco mi perspectiva sobre promover el cambio en una conducta violenta basándome en mi experiencia con la prevención de violencia y debido a que existe una conexión con nuestros esfuerzos en promover la no-violencia hacia los animales. Tengo ciertos conocimientos sobre motivar el cambio de conducta entre grupos considerados "resistentes al cambio" porque a diario he observado cambios profundos durante mi trabajo clínico, y quiero exponer cómo se podría aplicar esto en nuestra labor de promover el veganismo.

Las organizaciones animalistas hacen un gran esfuerzo para animar a los no-veganos ofreciéndoles alternativas sin carne, promoviendo la campaña del Lunes Sin Carne y el reducetarianismo,... pero olvidan el componente más importante de cualquier estrategia para el cambio de conducta: un objetivo claramente definido. Resulta sorprendente que el veganismo apenas aparezca mencionado como objetivo por parte de estas organizaciones. ¿Cómo esperamos conseguir que la gente se haga vegana a gran escala y minimizar todas las formas de violencia hacia los animales si esto no aparece como el objetivo que busca el cambio de conducta? Difícilmente vamos a conseguir que la gente se haga vegana animándoles a reducir su consumo de carne u ofreciéndoles deliciosa comida vegana, porque esto es un método más bien inefectivo para conseguir un cambio real a largo plazo. Si queremos que acabe la violencia innecesaria hacia los animales y vemos esto como una cuestión de justicia, entonces el veganismo debe ser promovido sin excusas.

No hay ningún método para el cambio de conducta —o movimiento social de justicia para el caso— que adolezca de semejante falta de claridad acerca de un objetivo definido. Si yo pensara que sugerir a mis pacientes que una simple reducción de la violencia hacia las mujeres, o que confiaran en estrategias para cometer menos abusos, fuera algo aceptable y recomendable como objetivo final, estaría haciendo un flaco servicio a las víctimas y merecería perder mi trabajo. Cuando trabajo sobre aquellos que están involucrados en la violencia y el abuso, dejo muy claro y explícito que el objetivo de nuestro programa es ser no-abusivos en ninguna forma y lo expongo de una manera en que sea aceptable para las personas sobre las que trabajo. Insisto en que si queremos ver un cambio de conducta específico y finalmente acabar con la violencia y ayudar a los que son afectados, necesitamos ser claros sobre qué es esa conducta y por qué necesitamos un cambio.

Algunos activistas y organizaciones tienen miedo de promover el veganismo como objetivo final porque sienten que si son muy "agresivos" perderán por completo a la gente. Esto es probablemente el principal motivo por el cual no ha ocurrido un mayor cambio cultural hacia el veganismo. De hecho, es posible establecer el objetivo claro de terminar con la violencia hacia los animales y trabajar con no-veganos de una forma productiva y no-agresiva para producir un cambio de conducta.

Yo comprendo por qué algunos activistas están preocupados por el hecho de perder a los no-veganos cuando realizan activismo. En la mayor parte de mis primeras investigaciones clínicas —así como en el enfoque de mi disertación doctoral— mostré la importancia de la relación terapéutica para tratar a los responsables de violencia doméstica. Mostré que cuanto mayor sea el lazo que une al paciente con el terapeuta, y cuanto mayor sea el ámbito de objetivos y actividades que compartan en el tratamiento, menor sería la violencia de los pacientes después del tratamiento. Cuanto más colaboremos y apoyemos con nuestro trabajo a aquellos que deseamos que cambien de conducta, mayor será el cambio que veremos como resultado. Aunque eso no significa que fallemos en establecer un objetivo para ese cambio al mismo tiempo. Hacerlo sería completamente contraproducente para la terapia.

En cualquier estrategia de cambio es importante ser honesto, sincero y directo acerca de aquello que se necesita cambiar, sin juzgar ni poner a los otros a la defensiva. Sí, esto es posible y en realidad muy simple y terapéutico. Podemos mostrar comprensión y empatía respecto de un problema de conducta, y lo que motiva dicho comportamiento, al mismo tiempo que mantenemos la postura de que toda violencia debe terminar. Ambos puntos no son mutuamente excluyentes y son necesarios para que el cambio suceda.

He comprobado que mis pacientes aprecian mi honestidad cuando observo que determinadas conductas son abusivas y problemáticas. También trato de reforzar los estímulos positivos en mis pacientes cuando tratan de controlar su ira y afrontar mejor las situaciones, aunque no lo hagan de manera perfecta. Por supuesto, cuando reforzamos su conducta positiva, esto tiene un impacto más poderoso que si sólo penalizamos su conducta negativa. Sin embargo, nunca debemos apoyar o excusar la conducta abusiva en ninguna forma, y debemos señalar el abuso cuando sucede.

Del mismo modo, en nuestro activismo, debemos promover el veganismo y reforzar los pasos hacia este objetivo. Eliminar la carne, eliminar los lácteos,... son pasos en la dirección correcta hacia el veganismo, y si queremos promover un cambio real debemos apoyar estos pasos todo lo que podamos. Pero esto debe ser visto como pasos hacia el veganismo y no como fines en sí mismos.

En resumen, lo que saco de mis experiencias de tantos años terminando y previniendo la violencia con mis pacientes es que hay dos claves para lograr el cambio real: [1] necesitamos tener un objetivo claro —terminar con la violencia— que es definido y expresado de forma absoluta y rotunda, y [2] debemos mantener una postura no-agresiva a la hora de promover el objetivo final —terminar con la violencia— asumiendo que el individuo puede estar dubitativo sobre cambiar su conducta, y apoyando los pasos hacia ese objetivo.

Alguien puede argüir que aquello que es efectivo en prevenir y acabar con la violencia interpersonal en pacientes o grupos no es relevante para promover cambios a gran escala en lo que se refiere a la violencia contra los animales. Sin embargo, el tipo de gente sobre la que trabajo posee muchas similitudes con quienes son cuestionados sobre su consumo de animales. Aunque muchos de ellos son coaccionados legalmente para someterse a terapia, a menudo no reconocen su conducta como un problema, tienden a reaccionar de forma defensiva e irascible cuando se les cuestiona, y esgrimen justificaciones irracionales sobre su comportamiento. Más aún, al igual que el activismo, la terapia es una forma de persuasión social, y nuestro mensaje en cada contexto tiene más similitudes que diferencias. Sólo tenemos que imaginar una campaña contra la violencia doméstica que promoviera un "lunes sin abusos" o "un abuso humanitario" para apreciar que determinados métodos de persuasión utilizados por el activismo animalista no son lógicos desde el punto de vista de la justicia o el de la psicología.

El cambio de conducta sigue unos principios básicos que se aplican a diversos problemas y grupos. Necesitamos un objetivo claro y una comunicación honesta y positiva. Ambos puntos pueden y deben acompañarse mutuamente para lograr una reducción a gran escala en la violencia contra los animales. Con el auge del veganismo en la sociedad y el apoyo ético y científico que lo avala, ahora más que nunca tenemos la oportunidad de conseguir un gran cambio. Necesitamos aprovechar esta oportunidad animando de manera explícita a los demás a que se hagan veganos y apoyando los pasos hacia ese objetivo.


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Pienso que el enfoque del profesor Casey Taft es muy acertado al centrar el énfasis tanto en la ética como en la psicología. Al contrario de lo que parecen opinar algunos activistas, otros entendemos que es importante que nuestro activismo se ajuste a los principios éticos, así como también tener en cuenta el impacto psicológico que causa en las personas. Hay estudios que apuntan a que apelar a valores morales ayuda a motivar una modificación en la conducta. Por esto, la psicología clínica puede servirnos de gran ayuda para mejorar nuestro activismo, en tanto que nuestro objetivo es generar la reflexión y el cambio de comportamiento en la gente.

8 de febrero de 2016

«El mal uso del término *efectividad* en el activismo animalista»

Tenerife Vegano

En este nuevo artículo del psicólogo, terapeuta y profesor Casey Taft, que he tenido la oportunidad de leer y traducir, se analiza la propaganda bienestarista sobre el tema de la *efectividad* desde el punto de vista científico. Continúa así con el mismo tema desarrollado en su anteriores ensayos, en los que exponía con pericia el uso fraudulento por parte de los grupos bienestaristas de conceptos científicos para intentar presentar su forma de hacer activismo como la más *eficaz* sin ninguna evidencia objetiva y comprobable que demuestre semejante afirmación.

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El mal uso del término 'efectividad' en el activismo animalista

Casey Taft


Noviembre 2015


 
Desde hace un tiempo es habitual ver el término 'efectividad' pronunciado a menudo en los foros animalistas. Sobre todo lo he visto en quienes afirman que es más efectivo pedirle a la que gente que reduzca su participación en la explotación animal en lugar de eliminarla. En otras palabras, ellos afirman que no es efectivo pedirles a los demás que sean veganos.

Como ejemplo, este reciente artículo de Tobias Leenaert que comienza con la siguiente premisa

«Asumamos por un momento que pedir cualquier otra cosa menos que veganismo es inmoral —y que el veganismo es la base moral. Sin embargo, vamos a suponer al mismo tiempo que pedir "algo menos que veganismo" conduce a una mayor reducción de la muerte y el sufrimiento animal. En ese caso ¿qué deberíamos priorizar: la moralidad de nuestro activismo o su impacto? En otras palabras, debemos —asumiendo que sabemos que esto es seguro— usar un mensaje menos efectivo porque creemos que debe ser un mensaje moral?»

El resto del artículo continúa con esta premisa hipotética de que pedir a los demás que reduzcan su consumo de animales es más efectivo que pedirles que se hagan veganos. El problema es que no existe evidencia científica publicada —o siquiera alguna investigación no publicada que yo conozca— que indique que eso es más efectivo, y se trata de una muy cuestionable especulación acerca de lo que sería más efectivo, la cual en mi opinión contradice lo que los psicólogos clínicos conocen desde hace tiempo acerca de promover un cambio de conducta.

Ha habido una proliferación de estudios sesgados sin publicación ni revisión por pares que he criticado recientemente por ser pseudociencia. Lo más preocupante acerca de esa literatura es que la conclusión tiende siempre a coincidir con el método elegido por las organizaciones animalistas, lo que sugiere que que debemos pedir a los demás que simplemente "reduzcan" su explotación de animales, aunque los datos no avalan dicha conclusión. De hecho, en uno de esos estudios los datos indican justo lo contrario: que promover el veganismo conduce al mayor cambio a largo plazo.

También hay grupos de Facebook que promueven el activismo "eficaz". En estos foros, quienes promueven el veganismo como una cuestión de justicia son habitualmente rechazados y los que prefieren tratar el veganismo como una dieta son los que dominan y suelen estar de acuerdo en que hay que promover el reducetarianismo. En cualquier caso, no hay datos publicados y revisados que fundamenten sus proclamas sobre la "eficacia".

Otros grupos como Animal Charity Evaluators supuestamente ayudan a quienes desean donar dinero a una organización animalista y les indican que organizaciones son más "efectivas". Según su declaración de intenciones:

«La misión de ACE de encontrar y promover las oportunidades más efectivas para mejorar las vidas de los animales es lo que dirige nuestro programa de investigación. Buscamos comprender la diversidad del activismo animalista a un nivel básico para así identificar aquellas áreas que son más prometedoras. Procedemos a llevar a cabo una investigación profundas sobre las acciones y las organizaciones dentro de esas áreas, para así identificar cuáles poseen una mayor evidencia de eficiencia.»

Si bien se trata de un objetivo loable, el problema es que no existe ninguna evidencia científica medible y revisable que indique que cualquier organización es más efectiva que otra. De este modo nos encontramos con un escenario de 'basura entra, basura sale' en el que las conclusiones expuestas tienen una validez cuestionable debido a que los datos usados para establecer la efectividad son inexistentes o ausentes. Y de nuevo, los grupos que promueven el veganismo como un asunto de justicia social no han sido incluidos en la lista de evaluación.

El panorama que se descubre a partir de todo lo anterior es que al parecer estas proclamas de 'eficacia' están intentando apoyar la idea de que debemos evitar pedir a los demás que se hagan veganos. Tenemos que tener claridad de mente ante el origen de semejantes proclamas. Si los grupos de activismo animalista pueden afirmar que su promoción del reducetarianismo es 'efectivo' entonces pueden actuar sin molestar a sus clientes. En otras palabras, ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Pueden persuadir a todo el ámbito animalista para que crea que su activismo es eficaz mientras que consiguen más y más dinero por parte de los no-veganos agradecidos de que no les pidan que se hagan veganos.

Yo no pretendo estar en posesión de ningún conocimiento profundo sobre el verdadero motivo por el que se produce este mal uso del término 'efectividad' en el ámbito animalista, pero sí puedo asegurar que esto no ayuda a los animales. Si queremos hablar sobre la efectividad, debemos llevar a cabo ensayos clínicos controlados y aleatorios para determinar realmente cuáles son los métodos más efectivos. Los recursos y los métodos de investigación ya están ahí. Sólo necesitamos que los grupos activistas empleen su dinero en su lugar de sus palabras si quieren hablar sobre eficacia. Debemos realizar estudios honestos y rigurosos sobre el activismo animalista o debemos dejar de hablar de efectividad.

También debemos tener en cuenta las limitaciones de los métodos de estudio. Por ejemplo, sería posible demostrar que una forma de activismo se asocia con mayores reducciones a corto plazo del consumo de carne y lácteos en determinados individuos, pero esto no nos dice nada acerca de que estos individuos se hagan veganos a largo plazo. Posibilitar que haya veganos de por vida debe ser nuestro objetivo en tanto que esto es lo que permite la mayor minimización de nuestro daño hacia los animales. Más aún, si continuamos promoviendo la noción de que es aceptable explotar a los animales moderadamente, estaremos fallando en desafiar las normas sociales que permiten la existencia de la explotación animal en sus diversas formas, asegurando así que jamás termine el uso de los animales.


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Con la ayuda del análisis del profesor Taft comprobamos lo que ha sucedido: los propios bienestaristas crean organizaciones que dicen servir para evaluar el activismo pero cuya verdadera intención es poder darse premios a sí mismos alegando que ellos son los activistas más *eficaces* pero sin ninguna evidencia real que lo pruebe. Nos encontramos pues ante un fraude. Por desgracia, mentir y engañar es un comportamiento normal en personas que creen que el fin justifica los medios.

24 de enero de 2016

Si esto es un abuso, nosotros somos los abusadores


Hace unos días apareció la noticia de que unos jóvenes habían matado a varios lechones saltando sobre ellos para divertirse. Este hecho se ha condenado socialmente por ser «crueldad gratuita» y también se persigue legalmente como «maltrato».

Todo condenamos que hayan causado muerte y sufrimiento innecesario a unos cerdos reventándolos a golpes. Sin embargo, aquí sostengo que si consumimos animales entonces hacemos exactamente lo mismo que hicieron aquellos individuos: infligimos daño a los animales sin una necesidad que lo justifique.

Si no los hubieran matado a golpes, esos cerdos habrían conocido una horrible muerte en un matadero. Pero todo ese daño y esa muerte en el matadero serían también innecesarios porque no tenemos necesidad de comer animales.

El problema de fondo reside en que consideramos que los demás animales son nuestra propiedad, así que cuando su sufrimiento innecesario nos produce un beneficio entonces decimos que esto está bien. Ahora, cuando su sufrimiento innecesario ya no nos beneficia a nosotros, entonces decimos que no está bien.

Pero en ambos casos, el daño y el sufrimiento que les causamos es innecesario. No hay ninguna diferencia moral. De la misma manera que no hay diferencia entre matar a un ser humano reventándolo a golpes para divertirnos o matarlo para obtener placer comiendo su cadáver. Los animales no desean sufrir ni morir reventados a golpes ni tampoco acuchillados en un matadero. En este deseo de evitar el daño no hay diferencia entre humanos y otros animales.

Lo que ocurre es que nosotros establecemos una diferencia arbitraria según valoramos instrumentalmente si los animales fueron utilizados de forma productiva o no. El sufrimiento innecesario que condenamos es sólo el sufrimiento que no consideramos beneficioso para nosotros. Si hubieran sido reventados a golpes en un laboratorio con la excusa de que eso podría beneficiar la salud humana entonces nos parecería bien.

Sea cual sea la perspectiva desde la que lo analicemos, la conclusión es que no podemos justificar moralmente nuestra explotación sobre los animales.

Desde un punto de vista humanitario, hay un principio moral que dice que no está bien hacer daño a los animales innecesariamente, pero resulta que los humanos no necesitamos consumir animales de la misma manera que no necesitamos reventar animales para divertirnos. En ambos casos provocamos sufrimiento y muerte a otros animales innecesariamente, por mero placer. Consumir animales es una acción que contradice el principio moral humanitario que establece que no debemos infligir sufrimiento innecesario a los animales.

Desde el punto de vista de las víctimas, ellos son seres conscientes que no desean que les causemos daño ni tienen interés en sufrir y morir para nuestro beneficio. Los demás animales poseen un interés intrínseco en conservar su vida y tratan de evitar el daño y la muerte; al igual que nosotros.

Desde el punto de vista empírico; todos los seres sintientes son individuos con voluntad propia y que tienen una serie de intereses entre los que se encuentran el deseo de supervivencia y de bienestar. Por tanto, desde el punto de vista ético, tratar a un ser sintiente como un mero recurso es una violación de los principios éticos más elementales: el principio de igualdad y el principio de valor inherente.

El único punto de vista que puede encontrar aceptable lo que hacemos a los demás animales es el punto de vista del egoísmo antropocéntrico que considera que podemos utilizar a los otros animales simplemente porque ellos no son humanos y porque obtenemos un beneficio al hacerlo. Este es el punto de vista del especismo.

Esos jóvenes reventaron a estos animales porque les divertía hacerlo. Nosotros comemos animales porque nos da placer hacerlo. Si ellos son abusadores, nosotros también lo somos.

Si participamos en la explotación animal entonces somos abusadores de animales. Puede ser que actuemos de este modo porque seguimos una tradición que nos han inculcado desde la infancia pero esto que hacemos sigue siendo un abuso contra los animales.

13 de enero de 2016

¿Cadena Alimenticia o Cadena de Esclavitud?


En esta nota me gustaría exponer dos conclusiones sobre la supuesta «cadena alimenticia» que en ocasiones se presenta como argumento para intentar justificar que utilicemos a otros animales de comida.

La primera conclusión es que no sería empíricamente correcto decir que el ser humano está en la cima de la cadena alimenticia o decir que comemos animales debido a alguna supuesta cadena alimenticia que nos condiciona a ello. 

La segunda conclusión es que este tipo de hecho en ningún caso justifica moralmente nuestra explotación de otros animales.

Mis razones para haber llegado a estas conclusiones son las siguientes:

Primero; los animales catalogados biológicamente como depredadores naturales [leones, tigres,...] y como parásitos [mosquitos, pulgas,...] se sitúan por encima de nosotros en la red trófica: en el estado natural ellos se alimentan de nosotros y no al contrario. Los humanos no estamos objetivamente en la cima de ninguna cadena o pirámide alimenticia natural.

Tal y como explica un estudio publicado sobre el nivel trófico en que se sitúan los seres humanos:

«La investigación, dirigida por Sylvain Bonhommeau, del Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar, estima que el nivel trófico promedio de la población mundial era de 2,21 en 2009, lo que nos ubica en la misma categoría de otros omnívoros como los cerdos y las anchoas. De hecho, ''estamos más cerca de los herbívoros que de los carnívoros'', dice Bonhommeau. "Ello cambia nuestro prejuicio de que somos depredadores superiores".» [Eating up the world’s food web and the human trophic level, VV..AA, 2013]

Por tanto, desde un punto de vista científico, carece de todos sentido creer que los humanos somos "la cima de la cadena alimenticia" o que estamos determinados por alguna inercia biológica que nos obligue a comer animales.

Es cierto que los humanos somos omnívoros, pero esto sólo quiere decir que estamos capacitados fisiológicamente para obtener los nutrientes tanto de vegetales como de animales, pero no quiere decir que estemos obligados necesariamente a comer de ambos. Una dieta vegana correctamente planificada es apta y saludable en todas las etapas de la vida humana.

Segundo; apelar a la cadena alimenticia como argumento presupone que nuestra conducta alimenticia en tal cual hecho natural, obligado e inamovible. Sin embargo, nuestra explotación sobre los demás animales para servir de comida se sostiene mediante ideas y costumbres que son culturales y que podemos cambiar en gran medida a voluntad.

La cadena alimenticia en la que participamos la hemos creado nosotros mismos, así que, más allá de nuestro propio egoísmo o algún extravagante apego emocional, ¿qué impedimento podría encontrar alguien para su modificación?

Varios experimentos han comprobado que las personas tienden a descargarse de su responsabilidad moral cuando actúan siguiendo órdenes. Creo que ese mismo mecanismo psicológico funciona también con entidades abstractas o imaginarias como Dios o la Naturaleza. Uno se excusa de la responsabilidad de su conducta alegando que Dios lo ha mandado así o que la Naturaleza lo ha determinado de tal manera. De este modo, uno se ve a sí mismo como parte de un mecanismo inexorable que no puede cambiar en lugar de verse como un sujeto que puede elegir su conducta.

El hábito de comer es natural pero nuestra práctica de comer animales es cultural. La naturaleza no nos ha dispuesto con apéndices naturales para la depredación, ni tampoco nos ha proporcionado las armas, las granjas y los mataderos que usamos para explotar a otros animales. Todo esto lo creamos nosotros; son herramientas y artificios culturales. Los humanos decidimos hacerlo porque nos convenía, pero no porque necesitemos hacerlo o porque estemos obligados a ello por naturaleza.

Además, tampoco tendría sentido señalar que otros animales comen animales para intentar justificar que nosotros también lo hagamos. Desde un punto de vista moral, lo que otros animales hagan no puede ser un criterio de conducta para nosotros. Pretender justificar una conducta alegando que otros animales actúan de esa manera resulta tan absurdo como pretender justificar una conducta alegando que otros humanos actúan de esa manera. Así lo explica el profesor Gary Francione:

«El que los animales coman a otros animales es irrelevante. ¿Por qué debería importar que algunos animales coman a otros animales? Algunos animales son carnívoros y no pueden vivir libremente sin comer carne. Nosotros no entramos en esa categoría; podemos vivir sin comer animales, y cada vez más gente reconoce que nuestra salud y el medio ambiente se beneficiarían de una dieta sin productos de origen animal.»

Desde el punto de vista biológico, millones de humanos en todo el mundo vivimos saludablemente sin comer animales. Los estudios médicos muestran que los humanos no necesitamos comer a otros animales para vivir y estar saludables. Una alimentación vegana bien planificada nos aporta todos los nutrientes que necesitamos para gozar de buena salud.

En conclusión, no hay ninguna cadena alimenticia que nos obligue a comer a otros animales. Los seres humanos podemos llevar una vida saludable sin utilizar a otros animales de comida. Así comprobamos que no existe ningún hecho biológico que nos conduzca necesariamente a comer a otros animales. Nosotros podemos elegir.

Esa supuesta idea de una cadena alimenticia en la que domina el ser humano desde su cúspide es en realidad un producto ideológico surgido para justificar y mantener un estado de opresión. Es parte del adoctrinamiento cultural que nos inculcan desde la infancia para hacernos creer que somos `superiores' a los otros animales, así como se ha adoctrinado también en ideologías similares sobre la superioridad de unos individuos humanos sobre otros; como sucede con el racismo y el machismo. No comemos animales debido a una supuesta "cadena alimenticia" que nos obliga a ello sino debido a la errónea creencia de que el ser humano es dueño de los demás animales y tiene derecho a someterlos y usarlos para su beneficio.

La evolución biológica no justifica el antropocentrismo La idea de que la evolución es una pirámide jerárquica, con el ser humano en su cúspide, es un concepto ideológico y no un hecho científico. El antropocentrismo no tiene ninguna base científica; es sólo un prejuicio, como así aclara el biólogo Paul Patton
:

«Una de las ideas erróneas más difundidas sobre la evolución  cerebral es que constituye un proceso lineal que culmina con las asombrosas facultades cognitivas de los humanos; los cerebros de otras especies modernas son representativos tan sólo de estadios preliminares. Tales  ideas han influido incluso en el pensamiento de neurocientíficos y psicólogos al comparar los cerebros de especies diferentes utilizadas en el estudio biomédico.» [Un mundo, múltiples mentes, Paul Patton, 2010]

En contra de esa idea sobre la superioridad humana, que nos permite creernos legitimados para disponer de las vidas de los otros animales, podemos objetar que los animales son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros y, por tanto, no hay razón que justifique supeditar o menospreciar esos intereses frente a los nuestros, dado que son los mismos intereses.

Los demás animales son seres conscientes y, por tanto, poseen intereses relativos a su propia supervivencia y bienestar. Los humanos y los otros animales sintientes no somos esencialmente diferentes en esta característica.

Si un ser puede sentir entonces es un sujeto, y no un objeto. Por esto, lo correcto es respetarlo como un sujeto y no tratarlo como si fuera una objeto que sólo tiene un valor instrumental para nosotros.

Además de ser iguales empíricamente en el hecho particular de que sentimos, también lo somos moralmente en lo que se refiere a la consideración que merecemos. Somos iguales en lo que se refiere al único requisito necesario y suficiente para ser incluido como miembro de la comunidad moral: la sintiencia.

29 de diciembre de 2015

Derechos Animales vs. El Mito Del Trato Humanitario



En el siguiente artículo, el profesor Tom Regan expone su análisis sobre aquella posición —supuestamente basada en el principio humanitario de que no debemos causar un sufrimiento innecesario a los otros animales— que es denominada como «Bienestar Animal» partiendo de varios ejemplos que describen lo que se hace con los animales en la industria de explotación animal bajo las regulaciones legales promovidas por los partidarios del «Bienestar Animal».

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Derechos Animales vs. El Mito Del Trato Humanitario

Tom Regan


2010


Muchas personas nos ven como excéntricos declarados, de primer nivel, los primeros de la clase de los chiflados. Sin embargo, reducido a lo esencial, lo que nosotros defendemos es de mero sentido común.

Lo que nosotros creemos

Creemos que cada animal matado para alimentarnos, atrapado en una trampa para usar su piel, utilizado en laboratorios o entrenado para saltar por aros es alguien único, no un genérico “algo”. Creemos que les importa lo que les suceda. ¿Por qué? Porque lo que les sucede representa una diferencia en la calidad y la duración de sus vidas.

A este respecto, pensamos que los humanos y los animales son lo mismo, son iguales. De modo que todos los defensores de los derechos animales comparten un punto de vista moral común: no deberíamos hacerles lo que no querríamos que nos hicieran a nosotros. No comerlos. No llevar sus pieles. No experimentar en ellos. No entrenarlos para saltar por aros. Nosotros decimos: "No Jaulas Más Grandes, Sino Jaulas Vacías."

El "trato humanitario" en la legislación

Comparativamente hablando, pocas personas son defensoras de los derechos animales. ¿Por qué? Parte de la respuesta concierne a nuestras creencias dispares acerca de con qué frecuencia se trata mal a los animales. Nosotros opinamos que ésta es una tragedia de proporciones incalculables. Los no activistas creen que el maltrato apenas ocurre.

Que piensen así parece bastante razonable. A fin de cuentas, tenemos leyes que disponen cómo han de ser tratados los animales, y una cuadrilla de inspectores del gobierno para certificar que dichas leyes son obedecidas.

¿Qué requieren nuestras leyes? En el lenguaje de nuestra legislación federal más importante, el Acta de Bienestar Animal, los animales deben recibir "un cuidado y un trato humanitario." Es decir, los animales deben ser tratados con consideración y bondad, con misericordia y compasión, el auténtico significando de la palabra "humanitario." Así reza en cualquier diccionario estándar.

Si las cosas estuvieran tan mal como los activistas dicen que están, los inspectores del gobierno sacarían a la luz pública una enorme cantidad de casos de crueldad. Sin embargo, esto es precisamente lo que los inspectores de gobierno no encuentran.

Para el ejercicio económico 2001, el Servicio de Inspección de Salud de Animales y Plantas (APHIS) realizó 12.000 inspecciones. De este total, sólo se informó de 140 casos de posibles infracciones por dispensar un trato inadecuado a los animales. Esto significa una tasa de cumplimiento de la ley del 99%.

No es de extrañar que el gran público crea que, salvo raras excepciones, los animales son tratados con misericordia y bondad, con consideración y compasión.

Las inspecciones y el mito del "cuidado y trato humanitario"

Por desgracia, la confianza del público en lo adecuado de las inspecciones del gobierno es desacertada. Lo que los inspectores del APHIS consideran trato humanitario socava las propias inspecciones antes de que se lleven a cabo. Considere algunos ejemplos de lo que les ocurre a los animales en los laboratorios de investigación:

Gatos, perros, primates no humanos y otros animales son ahogados, asfixiados, y matados de hambre.

Son quemados, sometidos a radiaciones, y utilizados como "conejillos de indias" en la investigación militar.

Se les extraen los ojos quirúrgicamente y se destruye su audición.

Son desmembrados, y sus órganos son aplastados.

Se utilizan medios invasivos para provocarles infartos, úlceras y convulsiones.

Se les priva del sueño, se les somete a electroshock, y se les expone a calor y frío extremos.

Cada uno de estos procedimientos y resultados cumple con el Acta de Bienestar Animal. Todos obedecen a lo que los inspectores del APHIS consideran "un cuidado y un trato humanitario”. Y las cosas son aún peores.

Está yendo a peor

Se estima que el número anual de animales utilizados en laboratorios de investigación sujetos a inspecciones del APHIS es unos 20 millones. Esta cifra, a pesar de ser considerable, resulta insignificante al lado de los 10 mil millones de animales matados al año para ser comidos, sólo en los Estados Unidos. 

Sorprendentemente, los animales de granja son explícitamente excluidos de la protección legal que proporciona el Acta de Bienestar Animal. Esto es lo que el APA dice: 

«[En el Acta de Protección Animal] el término 'animal'... excluye a caballos no empleados para la investigación y otros animales de granja, tales como, aunque no exclusivamente, el ganado o las aves, utilizados o destinados a convertirse en alimento (o tejido). . .»

¿Pero si no es nuestro gobierno, entonces quién decide qué significa un cuidado y un trato humanitario para los animales de granja? En la política real sobre la ganadería americana, es la propia industria de animales de abasto la que escribe las reglas. ¿Y qué tipo de trato permiten esas reglas? Veamos algunos ejemplos:

Las terneras pasan toda su vida confinadas individualmente en estrechos establos tan reducidos que no pueden darse la vuelta.

Las gallinas ponedoras viven un año o más en jaulas del tamaño de un cajón de escritorio, siete gallinas o más por jaula, tras el cual son sistemáticamente privadas de comida durante dos semanas para inducir un nuevo ciclo de puesta.

Las cerdas son instaladas durante cuatro o cinco años en cercos individuales rodeados de barrotes ("establos de gestación") escasamente más anchos que sus cuerpos, donde son forzadas a dar a luz camada tras camada.

Hasta que saltó la reciente alarma de las “Vacas Locas”, las vacas demasiado débiles para mantenerse en pie eran arrastradas o empujadas hasta el matadero.

Los gansos y los patos son forzados a ingerir el equivalente humano a 30 libras de alimento por día para agrandar su hígado, lo mejor para satisfacer la demanda de foie gras (arcaica tradición francesa).

Todas estas condiciones y procedimientos ponen de manifiesto el pertinente compromiso de la industria con la misericordia y la bondad, la compasión y la consideración.

No olviden la vestimenta

Conforme a lo dispuesto en el Acta de Bienestar Animal, existen más animales, además de los destinados a ser "alimento", que no alcanzan la consideración de animales. Esto es válido para cualquier animal empleado en la industria textil. En la del cuero, por ejemplo. O la lana. O la piel. Esto son hechos, no ficción. Los animales cuya piel utilizamos, tanto si son atrapados en trampas como si son criados en granjas peleteras, están exentos incluso de la escasa protección legal proporcionada por el APA. Como sucede en la ganadería, la industria peletera establece sus propias medidas y regulaciones de "cuidado humanitario"

¿Y qué cosas permiten las granjas peleteras o las trampas “humanitarias”? Aquí tenemos algunos ejemplos:

En las granjas, los visones, chinchillas, mapaches, linces, zorros y otros animales son confinados en jaulas de tela metálica durante toda su vida.

Las horas que están despiertos las pasan desplazándose de un lado al otro, o haciendo círculos con la cabeza, o saltando hacia los lados de sus jaulas, o automutilándose, o comiéndose a sus compañeros de jaula.

Se les mata rompiéndoles el cuello, o por asfixia (utilizando dióxido de carbono o monóxido de carbono), o introduciéndoles barras eléctricas por el ano para "freírlos" de cabo a rabo.

Los animales atrapados en trampas tardan un promedio de 15 horas en morir.

A menudo se arrancan a sí mismos los miembros atrapados en un vano intento por salvar sus vidas.

Todo es perfectamente legal; cada detalle ocurre de acuerdo con los estándares de bondad y misericordia, de consideración y compasión de la industria. Aquellos de nosotros que ya tenemos una cierta edad recordamos las inmortales palabras del locutor de televisión Howard Beale, en la Red cinematográfica. Todo es una locura, decía Beale. El mundo está patas arriba. La gente debería enfadarse. Enfadarse de verdad. "!Quiero que todos ustedes se levanten de sus sillas!," decía Beale a sus espectadores, "Vayan hacia la ventana, ábranla, saquen la cabeza, y griten, '!estoy absolutamente furioso y no voy a permitir esto ni un minuto más!'"

Tiempo de ira

Las personas que confían en lo que los portavoces de la industria y los inspectores del gobierno les dicen acerca del "cuidado y el trato humanitario" de los animales deberían seguir la recomendación de Howard Beale. Deberían enfurecerse por dos razones.

Primero, deberían enfurecerse por cómo se les ha tratado. La pura realidad es que no se les ha dicho la verdad. Han sido desorientados y manipulados por los portavoces de la industria y del gobierno. "No hay nada de qué preocuparse. Público, confíe en nosotros: todo está en orden en los laboratorios, en las granjas, en el campo. Los animales reciben un trato humanitario." ¿Confía en nosotros? Esperemos que ya no.

Segundo, la gente debería enfurecerse por cómo se trata a los animales. Cuando los animales son desmembrados y sus órganos aplastados; cuando se les hace enfermar a través de la alimentación que son forzados a comer y pasan la vida entera solos, aislados; cuando son gaseados hasta morir o se les rompe el cuello: no existe maquinaria propagandística en el mundo que pueda transformar estos hechos espantosos en lo que no son.

Si llega el día en que el gran público se enfurece, el número de defensores de los derechos animales empezará a alcanzar niveles sin precedentes. Cuando ese día llegue, pero no hasta entonces, nuestra esperanza compartida en un mundo en el que los animales sean de verdad tratados humanamente tendrá por fin unas bases sólidas sobre las que asentarse. 


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Este artículo de Tom Regan es otra aportación que nos ayuda a comprender por qué el denominado´Bienestar Animal´ es un fraude empírico y moral.

Es un fraude moral porque no aporta ninguna razón que justifique que utilicemos a otros animales como recursos para nuestro beneficio. Simplemente da por hecho que tenemos legitimidad en someter y matar a los demás animales en tanto que eso beneficie a los humanos.

Es un fraude empírico porque la posición del ´Bienestar Animal´ no sólo acepta y promueve la explotación de animales no humanos sino que considera que esclavizarlos y matarlos es compatible con su bienestar. Sin embargo, si estas prácticas se aplicaran sobre seres humanos, la gente las calificaría como tortura.

El simple hecho de que los animales que son víctimas de esta explotación no sean humanos es la única diferencia que podemos alegar para establecer una valoración diferente. Es decir, no podemos establecer ninguna diferencia que sea moralmente relevante, pues la diferencia de especie es equivalente a la diferencia de sexo o de raza.

Oponerse al «Bienestar Animal» no significa oponerse al bienestar de los animales no humanos sino que significa oponerse a unas políticas que atenta directamente contra su bienestar —además de contra su libertad y su vidas. El denominado 'Bienestar Animal' no ha ayudado a eliminar el sufrimiento que infligimos a los demás animales y de hecho más bien han servido para perpetuarlo y agravarlo.

Como acertadamente explicaba la autora Joan Dunayer:

«Los bienestaristas a menudo acusan a los defensores de los Derechos Animales de ser insensibles al sufrimiento de los no-humanos. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los defensores de los Derechos Animales entienden que ninguna víctima de la industria alimenticia cuenta con verdadero bienestar. Los animales considerados dispensadores de huevos, leche o carne son acordemente tratados como cosas, no como personas. Con el bienestarismo el sufrimiento sigue y sigue y sigue aumentando. Debemos hablar y actuar demostrando y demandando pleno respeto para los animales no humanos. Sólo ese respeto máximo puede reducir, y finalmente acabar, con el sufrimiento masivo.»

Por todo ello, quien esté a favor de los Derechos Animales debería oponerse activamente al denominado «Bienestar Animal» por ser una posición ideológica y un instrumento práctico en favor del sometimiento y la destrucción de los animales no humanos.

La única forma real y efectiva de dejar de hacer daño innecesariamente a los demás animales es dejar de utilizarlos —dejar de consumirlos.

18 de diciembre de 2015

«Pseudociencia en el Movimiento Animalista»



Este artículo del profesor Casey Taft es una continuación de otro artículo anterior titulado «El Activismo Animalista Y El Método Científico» en el que explicaba cómo los grupos bienestaristas manipulan los datos para intentar forzarlos a que encajen sus ideas. En esta entrada veremos como esta deshonestidad no es un caso puntual sino que parece ser algo sistemático de esos grupos.

La supuesta "ciencia" que las organizaciones bienestaristas están promoviendo para intentar justificar su forma de actuar no es tal ciencia. No es ciencia sino pseudociencia. Yo diría que ellos quieren hacer creer a la gente que su activismo reformista es más efectivo que el activismo de los abolicionistas veganos, para así conseguir su apoyo y, sobre todo, su dinero.

No cabe duda de que debemos introducir el método científico en el análisis de nuestro activismo para poder valorar y mejorar su eficacia. Pero antes, sería necesario comprender la diferencia entre la ciencia real y la estafa pseudocientífica que los bienestaristas están difundiendo. 

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«Pseudociencia en el Movimiento Animalista»

Casey Taft, PhD


Expuse anteriormente mi análisis acerca de una investigación en la que Humane Research Council [ahora renombrada Faunalytics] malinterpretaba los datos para intentar defender la idea de que debemos promover que la gente reduzca su consumo de carne en lugar de promover el veganismo. Tal y como señalé, sus datos apuntaban justo lo contrario de lo que manifestaban en sus conclusiones e indicaban que debemos promover el veganismo en lugar del "reducetarianismo". Otros fallos del estudio radicaban en la ausencia de hipótesis testables basadas en una teoría y que habían maldefinido el veganismo y lo consideraban como una dieta en lugar de una posición ética contra el uso de animales. Además, no habían dispuesto sus hallazgos a la revisión por pares, lo cual es un práctica estándar en la comunidad científica.

Así que cuando vi que otro grupo, el Humane League Labs, ha publicado un reciente estudio que de forma similar concluye que debemos animar a la gente a reducir su consumo de animales en lugar de eliminarlo completamente, me mostré escéptico al respecto. Leí el informe completo, por supuesto, para comprobar si sus datos coincidían con sus conclusiones. Tal y como sospechaba, no fue así.

La premisa de este estudio ya la hemos visto antes. Ellos repartieron propaganda que "trataba sobre la crueldad de las granjas industriales y los beneficios para la salud de eliminar los productos animales de nuestra dieta". Después, los autores repartieron ocho planfletos diferentes que exponían varias cuestiones: algunos animaban a lectores a "comer vegano"; otros animaban a "comer vegetariano"; otros animaban a "comer menos carne"; y otros animaban a "reducir o suprimir" la carne y otros productos animales.

Al igual que en el anterior estudio que critiqué, aquí también hay serios problemas teóricos y metodológicos. De nuevo, el mayor problema respecto de este estudio es que el veganismo no está apropiadamente presentado. Un mensaje vegano no se enfoca sólo en las "granjas industriales" sino que discute la moralidad de utilizar a los animales en cualquier forma. Tampoco se enfoca en la salud. Por tanto, si los autores quieren sacar inferencias sobre el mensaje vegano y su efectividad, entonces deberían referirse al verdadero mensaje vegano.

No voy a analizar los problemas metodológicos en detalle pero el enfoque utilizado no se podría considerar aceptable si fuera sometido científicamente a una revisión por pares. Los principales problemas incluyen un bajo nivel de respuesta en el seguimiento [menos de la mitad] y la ausencia de contabilidad de los datos faltantes [esto es: análisis de datos incompletos]; la confianza en "la calificación por puntos" que es un enfoque claramente débil en el análisis de datos; una falta de claridad acerca de cómo fue la selección aleatoria de los participantes; y una cantidad de grupos desequilibrada.

Sin embargo, lo más preocupante es cómo los datos fueron malinterpretados de manera coincidente con la visión de este grupo. Los que estaban en el grupo de "control" redujeron su consumo de carne y lácteos en mayor medida que los otros grupos. Más aún, los únicos hallazgos estadísticamente significativos fueron aquellos que demostraban que los que estaban en el grupo de control reducían su consumo en mayor medida que quienes recibieron diferentes mensajes. En otras palabras, el único resultado "significativo" a partir del análisis de datos es que los individuos reducen su consumo de carne y lácteos en mayor medida cuando no se les anima a cambiar nada que cuando se les anima a hacer alguna clase de cambio en su consumo. Estos resultados contraintuitivos sugieren que los problemas metodológicos que anteriormente analicé conllevan que todos los datos obtenidos sean cuestionables. En definitiva, los resultados no tiene sentido, y es razonable mostrarse escéptico sobre que podamos sacar algo en claro de todo esto.

Los autores, por otro lado, han interpretado estos resultados que no tienen significado estadístico de forma que concluyen que el mensaje "reduce o suprime" la carne y otros productos animales "sería el enfoque más efectivo" para conseguir que la gente reduzca su consumo de productos animales. Estas conclusiones son injustificadas de acuerdo a los datos actuales, la falta de significado estadístico entre los grupos [excepto por las diferencias mostradas en aquellos que no recibieron ningún mensaje y que fueron los que más redujeron su consumo], y los problemas metodológicos que ponen en cuestión la validez de los datos.

La pseudociencia es "una afirmación, creeencia, o práctica que es presentada como científica pero que no se ajusta a la metodología científica válida, carece de evidencia que la apoye, no puede ser probada de forma estable, y demás carencias de tipo científico." Cuando una organización realiza un estudio y malinterpreta datos erróneos para adecuarlos a su tipo de activismo, está incurriendo en la pseudociencia. Esta clase de prácticas parecen ser demasiado comunes en el ámbito animalista, lo cual es decepcionante y potencialmente peligroso. Medios informativos y otras organizaciones difunden las conclusiones de este estudio asumiendo que son válidas. Las organizaciones que llevan a cabo esta clase de trabajo pueden afirmar falsamente que su forma de trabajar está "basada en la evidencia". Es potencialmente dañino para los animales promover la idea de que una forma de activismo es más efectiva que otra basándose en estudios profundamente sesgados y erróneos. Podemos y debemos hacerlo bastante mejor que esto.

Texto original en inglés: 
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Mi interpretación sobre lo que ha sucedido es la siguiente: muchos bienestaristas dejaron de consumir animales por estar en contra del sufrimiento y se autodenominaron 'veganos', pensando que el veganismo era una simple dieta o estilo de vida. Pero ahora se dan cuenta de que el veganismo como principio ético es lo contrario de lo que ellos defienden —ellos están a favor de la explotación animal si es para acabar con el sufrimiento— y por eso difunden propaganda para desacreditar la idea de que consideremos el veganismo como un principio moral y favorecer la distorsión de su significado original.