30 de octubre de 2015

Consentimiento

«Es obvio que ningún animal no humano podrá nunca dar su consentimiento voluntario para ser usado en un experimento. Pero si una situación así plantea problemas morales en el caso de los seres humanos, y si intentamos dejar de lado todo prejuicio de especie, ¿no habrá de plantearlos en el caso de los animales?» ~ Jorge Riechmann

Usar a otros animales es sinónimo de explotarlos, porque al utilizarlos lo hacemos sin su consentimiento

Usar no es siempre sinónimo de explotar. Se puede usar a alguien sin explotarlo. La explotación ocurre cuando se usa a alguien exclusivamente como un medio para un fin, como si fuera un mero recurso, y no se le respeta como un fin en sí mismo. Es decir, la explotación es un tipo de uso que considera a otros seres como simple recursos para nuestro propio beneficio.

Por ejemplo, si alguien nos hace una pregunta nos está usando. Nos trata como un medio para un fin: conseguir una respuesta. Pero no nos trata solamente como un medio para un fin, si se supone que al hacerlo respeta nuestra voluntad y nuestra individualidad. Este uso no sería explotación porque no nos trata como si fuéramos un recurso. Pero si nos agrediera o coaccionara de algún modo para conseguir su respuesta entonces el uso se convierte en explotación.

En ocasiones se dice que «alguien nos utiliza» de forma despectiva, queriendo decir en realidad que alguien nos explota, es decir, que nos usa sin nuestro consentimiento. Pero el lenguaje coloquial no destaca precisamente por su rigurosidad. También sucede habitualmente que se dice que «alguien nos explota» queriendo decir que comete algún abuso concreto dentro de un uso consentido. Por ejemplo, cuando nuestro jefe no nos paga un salario justo. Esa expresión es igualmente errónea. Aunque toda explotación es un abuso, no todo abuso es explotación.

En cambio, cuando se trata de usar a otros animales esto siempre implica explotación porque se realiza sin su consentimiento o directamente contra su voluntad. Y a menudo, casi siempre, este uso implica atentar contra sus intereses básicos: su interés en continuar existiendo; su interés en evitar el daño y el sufrimiento.

Los demás animales son seres sintientes: ellos poseen conciencia de sí mismos y de lo que les sucede, tienen voluntad, intenciones, deseos e intereses propios. Ellos son sujetos. Por eso no es correcto tratarlos como si fueran objetos y usarlos como simples medios para conseguir nuestros fines. Exactamente la misma razón que descalifica la explotación de seres humanos. La especie no es moralmente relevante.

Cada animal sintiente es un sujeto de una vida. En tanto sujetos no sólo estamos vivos sino que además experimentamos nuestra vida a través de sensaciones, emociones, deseos. Esta vida es un fin en sí misma —posee un valor inherente— y no es simplemente un medio para los fines de otros individuos —valor instrumental. Por eso es injusto sacrificarla forzadamente a los deseos y las necesidades de otros como si fuera un objeto de carece de valor intrínseco.

Por tanto, aparte del daño y el sufrimiento que implica la explotación animal, el hecho de utilizar a otros animales es inmoral porque ellos no pueden dar su consentimiento. No solemos reparar en este punto porque nuestra cultura especista ha cosificado a los demás animales hasta el punto de que ya ni siquiera pensamos que otros animales tienen su propia voluntad personal y que nosotros debemos respetarlos.


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Si entendemos que es moralmente erróneo utilizar a otros humanos sin su consentimiento entonces no hay razón que justifique una consideración diferente cuando se trata de otros animales. Como acertadamente señalaba el profesor Tom Regan:

«Lo que es cierto de los humanos incapaces —esos seres humanos, repitámoslo, que aunque han conocido lo que prefieren, no pueden dar ni negar su consentimiento— lo es asimismo de los chimpancés y de otros animales como ellos en los aspectos pertinentes, suponiendo, como aquí suponemos que no puedan dar o negar su consentimiento informado.» [Tom Regan, Ganancias mal adquiridas, 1993]

Los demás animales no pueden dar consentimiento a que los usemos. Por tanto, cualquier uso que hagamos de ellos ya es un abuso.

El consentimiento implica:

[1] Igualdad entre las partes: una no puede estar en disposición de aprovecharse de la otra.

[2] Voluntad libre para decidir: no ser coaccionado ni forzado.

[3] Comprensión consciente de lo que implica la situación: poseer un conocimiento pleno de lo que se está haciendo y todo lo que implica.
Ninguno de esos requisitos puede darse entre humanos y no-humanos.

Los animales no humanos no han dado consentimiento para ser utilizados por nosotros. Ellos no lo han decidido por sí mismos. Los humanos decidieron por ellos y luego los no-humanos tuvieron que someterse por la fuerza.

Lo que hacemos los seres humanos es coaccionar a los no-humanos para que estos hagan algo a cambio de darles comida, cobijo o de evitarles un castigo. Los no-humanos ciertamente tienen noción de que están sometidos a la autoridad humana y actúan por miedo o motivados por el dolor que les causamos.

Pero suponer que ellos consienten simplemente porque ceden ante la imposición de los humanos es exactamente lo mismo que decir que los esclavos humanos consienten su esclavitud simplemente porque muchos acceden a trabajar para evitar represalias o porque están coaccionados por sus explotadores y no pueden optar a otra cosa. Ellos no decidieron ni consintieron esa situación. Están forzados a ella para beneficio de otros que los han sometido. 

A través de la explotación, los demás animales están sometidos al estatus de propiedad. Esta injusticia fundamental es a la que se opone el veganismo y el movimiento de liberación animal.

27 de septiembre de 2015

Una reflexión sobre la importancia y lo importante


Existe la dudosa la idea de que hay unas injusticias más importantes que otras. Pero incluso aceptando que algunas injusticias fueran más importantes que otras, esto no justificaría que decidamos ignorar o incurrir en algunas de ellas con la excusa de que hay otras más importantes. Si supuestamente la violación fuera un crimen menos importante que la tortura ¿acaso esto justificaría que cometamos violaciones? Parece evidente que no.

Incluso si uno piensa que las injusticias cometidos sobre humanos son más importantes que las cometidas sobre otros animales ¿cómo justificaría esto que cometamos injusticias con otros animales que no son humanos? No lo justifica de ningún modo. Si en efecto es injusto que utilicemos a otros animales como medios para nuestros fines entonces no es relevante el hecho de que consideremos que haya otras injusticias supuestamente peores o más importantes que la explotación animal. 

Si pensamos que el asesinato es una injusticia más importante que escupir a alguien a la cara ¿justificaría esto acaso que escupamos a otra persona a la cara sólo por diversión? El grado de daño que causan ambas acciones no es el mismo. Pero la injusticia de tratar a alguien como si fuera un objeto que es la misma injusticia. Por eso razonamos que está mal actuar así. Es un error considerar a una persona como si fuera una cosa y actuar sobre ella como si careciera de voluntad y de intereses propios. Este error moral es lo que denominamos cosificación.

Cuando señalamos que una injusticia es menos importante que otras, lo que estamos queriendo decir a menudo es que para nosotros es menos importante porque nos afecta menos o porque nos importa subjetivamente menos. Sin embargo, esto no implica que sea menos importante desde un punto de vista imparcial.

A los otros animales que son víctimas de una injusticia les importa tanto proteger su vida y su bienestar como nos importa a nosotros proteger la nuestra. Esta perspectiva igualitaria, más acorde con lo que la ciencia nos muestra acerca de la sintiencia en los animales no humanos, desafía la creencia de que nuestra consideración moral hacia ellos debe ser menos importante que la que tenemos por otros humanos.

Además, la moralidad de una acción se determina racionalmente por criterios objetivos. Si otros animales desean vivir, proteger su vida y estar libres de sometimiento, ¿por qué sus intereses básicos van a ser menos importantes que los nuestros si se trata de los mismos intereses? Si aplicamos el principio de igualdad debemos tener en consideración moral la individualidad, el bienestar y la libertad de los otros animales al mismo nivel que nuestra individualidad, nuestro bienestar y nuestra libertad. Así lo explica el profesor Gary Francione:

«El principio de igual consideración representa un componente indispensable de toda teoría moral. Cualquier teoría que mantenga que resulta permisible tratar de diferente modo supuestos similares  no  puede  ser  calificada  como  teoría  moral  admisible  por  esta  sola  razón.  Aunque  puedan existir numerosas diferencias entre los seres  humanos  y  los  animales,  nadie  duda  en  reconocer que al menos existe una importante similitud: nuestra capacidad de sufrir. En este sentido,  humanos  y  animales  son  semejantes  entre  ellos  y  diferentes  del  resto  del  universo  que carece de sensibilidad. Para que la supuesta prohibición de causar sufrimiento innecesario a los animales posea algún significado, debemos  dar  igual  consideración  a  los intereses de los animales en no sufrir.» Gary Francione; Animales: ¿propiedad o personas? [2009]

La doctrina del «mal menor» —que afirma que está bien elegir o aceptar un mal si supuestamente es menor que otro— sirve en realidad para justificar cualquier mal con la excusa de que siempre hay, o podría haber, otro peor. Por tanto, no se trata de hacer una escala de males para usar los más graves como excusa para cometer aquellos aparentemente menos graves. Se trata de evitar todo mal que esté en nuestra mano poder evitar. Uno de esos males que todos podemos evitar es la explotación animal, es decir, considerar y tratar a los otros animales como si fueron recursos para los humanos. Lo opuesto a la explotación animal es a lo que denominamos veganismo.

Asumir el veganismo no significa menospreciar o cometer otras injusticias que afectan a seres humanos; tal y como en ocasiones se suele decir. Los Derechos Animales y los Derechos Humanos son posiciones compatibles y no excluyentes. De la misma manera que respetar y preocuparse por los niños no significa ignorar o menospreciar a los adultos. Incluso aunque alguien creyera de alguna manera que las injusticias cometidas sobre niños son más importantes, o más graves, que las cometidas sobre adultos eso no justifica que discriminemos o explotemos a los adultos.

Independientemente de la lista de prioridades que consideremos que se deberían afrontar, esa posición no nos impide dejar de explotar a los animales. Aunque consideremos que los problemas humanos tienen prioridad, ya fuera el hambre, la guerra, la pobreza, o cualquier otro, podemos afrontarlos sin necesidad de explotar a los animales. Podemos ayudar a otros humanos y al mismo tiempo respetar a los animales en un sentido muy básico, que es el de no participar en su explotación. Uno puede involucrarse en cualquier labor humanitaria a la vez que decide dejar de consumir animales. No son posiciones incompatibles. Uno puede creer que acabar con la pobreza es una prioridad pero eso no es incompatible con respetar a las mujeres, o a los niños, y no participar en su explotación, ¿cierto? No hay razón para no aplicar el mismo criterio a los otros animales. Como señala el filósofo 
James Rachels:

«Los seres humanos, son sólo una de las especies que habitan este planeta. Como los seres humanos, los animales también tienen intereses que se ven afectados por lo que hacemos. Cuando los matamos o los torturamos son dañados, así como los seres humanos son dañados cuando se les trata en esas formas. [...] Excluir de nuestra consideración moral a otros seres por su especie no está más justificado que excluirlas por su raza, nacionalidad o sexo. La imparcialidad exige la expansión de la comunidad moral no sólo a través del espacio y del tiempo, sino también a través de las fronteras entre las especies.» James Rachels; Introducción a la filosofía moral [2005]

No necesitamos utilizar a otros animales ni para comer, ni para vestirnos, ni para divertirnos ni para todo lo que implica vivir y tener una buena calidad de vida. Es así de simple. Todo el daño que les causamos por este motivo es innecesario, es evitable y, lo más importante, es injusto.

Si los demás animales importan moralmente, si reconocemos que ellos tienen un valor moral, y no son cosas con un valor utilitario, y si nos importa la ética y la justicia, entonces el veganismo es la única conclusión racional desde aquella premisa.

Quizás no haya nada más importante, desde el punto de vista moral, que comprender y asumir estas nociones básicas que son necesarias para comprender todas las injusticias que se producen cada día.

6 de septiembre de 2015

Adoctrinar en el especismo (II)


«Hemos sido formados por una historia del pensamiento en la que apenas estamos conscientes de que vemos a los animales como recursos que tenemos derecho a emplear del modo que creamos conveniente para satisfacer nuestras necesidades y deseos.» ~ Gary Steiner

Los seres humanos hemos esclavizado a los demás animales. Los sometemos a nuestra voluntad para utilizarlos de comida, de vestimenta, de transporte, de entretenimiento, de compañía,... y muchos otros fines para nuestro beneficio.

Esta situación de esclavitud no se mantiene en el tiempo de forma espontánea sino que necesita un constructo ideológico que ayude a mantenerla para evitar que se vea cuestionada y asaltada por nuestra empatía y el sentido moral —como ocurre con los niños que todavía no han asimilado los prejuicios especistas— y con ese propósito surge la idea de que los seres humanos somos 'seres superiores' que tenemos legitimidad en dominar a los demás animales.

Un ejemplo representativo de este adoctrinamiento lo encontramos de la mano de la Asociación Española de Pediatría, quien aconseja a los padres que no cuenten la verdad a sus hijos sobre la procedencia de los productos de origen animal para que así no los rechacen. Se afirma que con los vegetales "no hay ningún problema" pero que con los animales hay que esperar un tiempo "hasta que el niño comprenda como funciona la naturaleza [sic]". Esto es, hasta que la cultura especista haya anulado su empatía y su sentido moral y asimile como normal la idea de que los demás animales existen para que nosotros los explotemos. No es el funcionamiento de la naturaleza la que nos obliga o condiciona a explotar a los demás animales; es la ideología especista.

Un estudio llevado a cabo por Matti Wilks, Lucius Caviola, Guy Kahane y Paul Bloom, de las universidades de Yale, Oxford y Harvard, revela que la tendencia por priorizar la vida de los humanos frente a la de otros animales es mucho más débil en los niños de entre 5 y 9 años que en los adultos. Los resultados sugieren que las inclinaciones antropocéntricas son de aparición tardía y de naturaleza fundamentalmente social.

Desde la infancia se nos educa y socializa en la creencia de que los demás animales son seres inferiores que están en el mundo para ser utilizados por nosotros: los humanos. Pero esta idea es un prejuicio. No es un hecho; no es una verdad. Además es una creencia que contradice los principios elementales de la ética básica. 

TEXTOS ESCOLARES QUE INCULCAN LA IDEA DE QUE EL SER HUMANO ES SUPERIOR A LOS DEMÁS ANIMALES Y TIENE LEGITIMIDAD PARA EXPLOTARLOS.

El antropocentrismo no es algo natural; no es una idea que esté inserta en nuestra mente de forma inherente, sino que es una doctrina ideológica que se difunde en nuestra cultura como paradigma moral y cuyo objetivo es cosificar a los otros animales para facilitar su explotación; de la misma manera que la cultura machista cosifica a las mujeres para que los varones las puedan dominar y someter a su voluntad.

El especismo no es más natural de lo que lo es el machismo. Se trata de un prejuicio construido culturalmente para motivar y perpetuar una determinada estructura de opresión en la que un grupo dominante [los humanos] someten y explotan a los otros individuos que no pertenecen a dicho grupo [los animales no humanos] con el fin de obtener un beneficio.

Puede que exista una tendencia de origen biológico que nos motiva a agruparnos junto a los que son más semejantes a nosotros —lo cual ayudaría a explicar fenómenos como el racismo o el sexismo— pero no es natural toda la ideología que acompaña a la discriminación especista sino que se trata de una construcción cultural que se ha ido forjando para justificar nuestra opresión sobre los demás animales.


Cuando desde niños se nos inculcan una serie de ideas y de hábitos de conducta, luego nos resulta más difícil cuestionarlos y analizarlos con objetividad. De ese modo aceptamos como normal lo que en otras circunstancias juzgaríamos como un error o un crimen, de acuerdo a nuestro sentido moral.

Si no fuera por el adoctrinamiento especista que recibimos a partir de la infancia en todos ámbitos [familia, escuela, sociedad] no aceptaríamos la explotación de los animales como algo moralmente aceptable. Lo demuestra el hecho de que tantísima gente rechace de forma espontánea, por sentido moral, algunas prácticas de explotación animal en tanto que no han sido educados ni acostumbrados a ellas; a pesar de que esas actividades no se diferencian de aquellas otras en las que ellas participan habitualmente.

La filósofa Hanna Arendt y el psicólogo Stanley Migran dedicaron gran parte de su trabajo a estudiar cómo puede suceder que los seres humanos que no tienen una naturaleza cruel o psicópata puedan ser capaces de apoyar y participar en actividades de violencia extrema cuando se les presiona socialmente para ello. Esto ocurre debido en parte a que todos poseemos una cierta tendencia innata a seguir los dictados del grupo al que pertenecemos, ya sea a normas establecidas en ese grupo o a la voluntad del líder que lo dirige, y esa tendencia nos condiciona incluso hasta el punto de sofocar nuestra empatía natural y nuestro razonamiento moral.

Vivimos en una cultura que nos adoctrina en la creencia de que los demás animales existan para servir a nuestras necesidades y deseos. Interiorizamos esa creencia en nuestra mentalidad a través de rituales sociales como, por ejemplo, la práctica de comer animales. Asumimos desde niños el hábito de participar en la explotación de los animales sin apenas darnos cuenta de ello. Es por esto que cuando alguien critica la existencia de la explotación animal lo recibimos a menudo como si estuviera defendiendo que respirar aire está mal.

Algunas personas alegan que no deberíamos 'imponer' a los niños el veganismo. Mientras que al mismo tiempo esas personas inculcan sus propias creencias y hábitos a sus hijos. Aparte de esta evidente contradicción; si realmente no se quiere imponer a los niños nada más allá de lo necesario, entonces ¿por que no se les cuenta la verdad sobre lo que les hacemos a los animales que explotamos y que los niños decidan por sí mismos?  A ver qué sucede.




Sin embargo, por mucho que nuestra empatía y nuestra conciencia moral se puedan ver reprimidas y distorsionadas por este adoctrinamiento, podemos conseguir salir de este marco cultural especista precisamente gracias a esas mismas cualidades.

Muchos 
ya hemos cuestionado y desafiado esas creencias que nos dicen que está bien explotar a otros animales, que está bien ignorar que ellos son seres conscientes, experimentan emociones y sentimientos, y que está bien destruir sus intereses con el objetivo de favorecer los nuestros.

A esa oposición ética a considerar a los animales como si fueran objetos y meros recursos para los humanos es lo que denominamos veganismo.

17 de agosto de 2015

La confusión de Claudio Bertonatti



En esta ocasión me gustaría responder a un artículo titulado "La confusión del veganismo" publicado por un tal Claudio Bertonatti. Lo hago a petición expresa de varias personas que entendieron que el artículo merecía una respuesta. Espero que esta entrada les resulte de utilidad.

En mi respuesta pretendo exponer que la única confusión sobre este tema proviene exclusivamente por parte de su autor, el cual sí que estaría muy profundamente confundido en diversos puntos. Dividiré mi respuesta en dos secciones: una empírica y otra moral.

La confusión empírica

Bertonatti sostiene la idea de que los veganos están confundidos porque creen que al no consumir productos de la explotación animal ya no provocan la muerte de otros animales, cuando en realidad sí lo hacen en tanto que la agricultura también conlleva causar la muerte de animales. Así pues, no habría diferencia esencial entre comer animales y abstenernos de hacerlo de hacerlo. Esta tesis de Bertonatti evidencia una profunda confusión a varios niveles, como trataré de explicar a continuación.

En primer lugar hay que aclarar que el veganismo no se opone a la muerte de animales en sí misma, o al simple hecho de causar muerte, sino que el veganismo se opone a la explotación de los animales no humanos por parte de los humanos.

De acuerdo a su definición original, el veganismo se opone a la explotación de animales no humanos por parte del ser humano y propugna que los animales sean liberados de nuestra dominación. Esto es el veganismo y no otra cosa. El veganismo no tiene como finalidad eliminar la existencia de la muerte en el mundo sino eliminar la explotación sobre otros animales, por ser éticamente injusta.

A mi modo de ver, nadie debería opinar sobre veganismo sin informarse antes sobre lo que es el veganismo, en lugar de suponerlo  o juzgar meramente de oídas, porque entonces es probable que lo confunda con otra cosa distinta. El veganismo es un fenómeno relativamente reciente en nuestra cultura y su confusión con otras ideas diferentes con las que pudiera tener algún parecido es casi habitual.

Ésta es la primera confusión de Bertonatti. Es una confusión que he tratado varias veces en este blog, y por tanto me remito a esos textos.

Declara Bertonatti que pretende dirigirse a las personas que creen que sólo por no comer carne ya no estarían causando la muerte a otros animales.

Lo siento, pero no sé quienes son esas personas. No conozco a nadie que crea que por el solo hecho de no comer carne, o de no participar en la explotación animal, eso suponga que dejen de morir animales por su causa. Quien deja de comer animales lo que pretende es que otros animales dejen ser asesinados y explotados para que nosotros los usemos como comida o como recursos en general. De hecho, en cualquier página vegana se reconoce que asumiendo el veganismo no evitamos todo el daño que causamos, por supuesto, pero sí que evitamos ese daño en concreto.

Rechazando la práctica del canibalismo no evitamos todo el daño que causamos a otros humanos —ya sea directo o indirecto— pero sí que evitamos causar ese daño en concreto. Diría que es algo muy sencillo de comprender. No para Bertonatti, al parecer.

Por tanto, creo que Bertonatti recurre a la falacia del muñeco de paja. Es decir, se inventa una postura imaginaria para poder criticarla a su medida. No digo que no haya alguien por ahí que crea realmente lo que Bertonatti dice. Hay gente capaz de creer toda clase de cosas inverosímiles. Pero esa idea no corresponde en absoluto a lo que los veganos defienden.

Además, retomando mi crítica en el primer punto, es evidente que el autor confude sistemáticamente el veganismo con el vegetarianismo. Sobre vegetarianismo también he escrito en varias ocasiones en este blog y me remito a esos artículos para quien le interese leer un análisis específico al respecto.

Creo que es difícil comenzar de una forma peor la redacción de un artículo. El hecho de que Bertonatti no cite siquiera ningún texto que se supone que defienda la idea de que simplemente "por no comer carne ya dejamos de causar la muerte a otros animales" me hace suponer la intención de basar su artículo en esa falacia a propósito. Reitero que jamás he oído a nadie vegano asumir esa creencia que Bertonatti atribuye a los veganos o a los vegetarianos. Jamas he visto semejante declaración en los foros y grupos veganos.

Ésta es la segunda confusión grave de Bertonatti. Y no hemos hecho más que empezar. ¿Se suponía que este señor iba a aclararnos el asunto?

Dice Bertonatti que él fue vegetariano y luego se convirtió en "omnívoro". Debo señalar que este señor está usando mal las palabras, otra vez. Todos los humanos somos omnívoros. El omnivorismo es una condición fisiológica que nos permite digerir tanto sustancias de origen animal y como de origen vegetal. Esto no es algo que dependa de nuestra voluntad. Los veganos somos omnívoros dado que somos humanos. La cuestión es que los humanos no necesitamos comer animales para vivir y estar sanos. Ser omnívoro es una mera capacidad; no es una obligación para nuestra conducta ni nuestra salud. Puesto que el artículo no se extiende más en este punto, lo dejo aquí de momento.

Afirma Bertonatti que los veganos sólo se preocupan de los animales "domésticos" pero que guardan silencio sobre los animales "salvajes". Esto simplemente no es cierto. No es cierto que los veganos se preocupen más por unos animales que otros sino que el veganismo se refiere en particuar al problema de la explotación animal. No todos los conflictos y agresiones que involucran a los animales pertenecen al contexto de la explotación. La domesticación es una forma de explotación y es por eso que los veganos se refieren específicamente a ella. Pero los veganos también hablan a menudo en contra de la caza y en contra de explotar a los animales que viven libremente en la naturaleza. El veganismo se refiere a todos los animales no humanos, en tanto que todos ellos son víctimas de una misma opresión.

Insisto: Bertonatti no ha comprendido que los veganos se oponen a la explotación de animales no humanos por parte de los humanos. Si no hay explotación entonces no atañe al veganismo como tal. Hay muchos problemas morales en el mundo pero al veganismo sólo le corresponde el problema concreto de la explotación especista.

El feminismo es un movimiento que se opone específicamente a la opresión machista, que atenta contra las mujeres. Pero ¿acaso no hay también otros problemas morales en el mundo? Por supuesto, pero el feminismo se refiere a ese problema específico; un problema sobre el que se requiere tomar conciencia y responder de forma específica. Con el veganismo ocurre exactamente lo mismo.

Dado que Bertonatti no cita fuentes es imposible saber si se está refiriendo en verdad a los veganos o a los vegetarianos o a alguna clase de animalistas en particular. Teniendo en cuenta que confunde todas estas categorías de forma sistemática.

Además, el autor pretende hablar sobre el impacto ambiental de la agricultura y la ganadería pero sin citar datos ni fuentes ni evidencias objetivas. Habla simplemente en base a sus especulaciones y experiencias personales. Eso no da mucha credibilidad que digamos a la hora de debatir un asunto. Más bien indica poco rigor y poca seriedad.

Bertonatti llega a decir nada menos que "si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia." Pero ¿hay algo de cierto en esta atrevida afirmación? Bueno, para refutar esa declaración no me basaré en meras especulaciones y experiencias personales, como hace Bertonatti, sino que consultaré los informes medioambientales de autoridades académicas. Veamos lo que nos dicen algunas de ellas.

En primer lugar, según una investigación de la Universidad de Oxford las dietas que incluyen carne animal son las que provocan una mayor contaminación con notable diferencia respecto del resto de dietas:

«El estudio también reveló que las dietas vegetarianas, por contraste, generan un equivalente de 8,4 libras de dióxido de carbono (3,7kg), menos de la mitad. Asimismo, las dietas veganas reducen aun más las emisiones, a 6,4 libras (2,8kg). Esto supone que la huella de carbono se reduce aproximadamente en un 60% con respecto a las dietas carnívoras.»



De acuerdo con el Institute of Social Ecology, la forma más eficaz de evitar la destrucción del medio ambiente es eliminar la explotación animal:

«Resulta que la agricultura de animales es la primera causa de deforestación, y destrucción de hábitats de animales en el mundo. De hecho el 50% de la tierra en nuestro planeta se usa para criar animales para el consumo humano. [... ] Los investigadores encontraron que se podría producir suficiente comida para toda la población mundial, hasta 2050, sin necesidad de convertir más bosques en campos de agricultura. Lo único que debemos hacer es dejar de comer carne y productos de origen animal. [...] La única forma de asegurarse de que haya suficiente comida para todos en las próximas tres décadas es si todos nos volvemos veganos, o sea, no comemos carne ni productos de origen animal como leche, huevos o miel de abejas. Si logramos hacer esa transición, no solo salvaríamos los bosques de nuestro planeta, sino que también podríamos llevar un estilo de vida más saludable.»

Esto coincide con lo que publica la Fundación Universia sobre los efectos que tendría el veganismo en sustitución de la explotación animal:

«Las explotaciones ganaderas de más de 1.300 millones de animales se desarrollan en el 24% del territorio mundial, destruyendo miles de hectáreas de bosque tropical en América para incrementar el número de pastizales. Este proceso está llevando a la extinción a numerosas especies de seres vivos. Asimismo, esta constante explotación destruye la fertilidad del suelo, evitando que estas tierras puedan utilizarse para plantar vegetales y cereales.»

Y en la misma línea se pronuncia una investigación de la Universidad de Tulane y la Universidad de Michigan publicado en Environmental Research Letters.

En conclusión, y de acuerdo a la revista Scientific American, una dieta basada en alimentos vegetales representa la opción más sostenible para el planeta y la salud pública:

«Los resultados sugieren que las dietas basadas en frutas, verduras y legumbres constituiría una opción más sostenible para el planeta. Si fueran adoptadas a escala global reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero de origen agrícola, la deforestación y la extinción de especies que viven en estos entornos naturales. Además, ayudarían a prevenir todo tipo de enfermedades crónicas no contagiosas relacionadas con la dieta.»


Así, deducimos que el veganismo aplicado a la producción de alimentos conlleva [1] menos contaminación emitida, [2menos extensión de tierra cultivable, [3menos cantidad de agua utilizada, y [4menos gasto de recursos naturales en general, para poder producir una mayor cantidad de comida que los que necesita el sistema actual basado en la explotación animal para producir el mismo alimento en forma de calorías y nutrientes.

Además de esto, y de acuerdo a los cálculos publicados por la organización Animal Visuals, también ocurre que un mundo vegano —en el que no existiera la explotación animal— conllevaría una reducción notable en el número de animales que son directamente perjudicados por la industria agrícola durante los procesos de cultivo del suelo y recolección de las cosechas.



Aplicar el veganismo a gran escala conllevaría que muchos menos animales no humanos murieran o se vieran afectados por la agricultura humana.

Es decir, la implantación global del veganismo no sólo evitaría todas las víctimas de la explotación animal sino que además reduciría de forma muy considerable el número de víctimas que provoca indirectamente la agricultura.

En definitiva, podemos elegir basar nuestras creencias en datos y evidencias empíricas o podemos creernos ciegamente las historietas que nos cuenta Bertonatti. Si nuestra intención es defender a toda costa la explotación animal, a costa de la verdad y la ética, entonces sólo nos conviene la segunda opción.

Si la humanidad se hiciera vegana esto supondría una tragedia sólo para el prejuicio de quienes desean mantener, por mero placer o inercia, una tradición innecesaria y violenta que causa sufrimiento y muerte a miles de millones de animales: víctimas que podríamos fácilmente evitar seguir causando. Para el resto, la implantación del veganismo supondría un cambio beneficioso en todos los aspectos.

Yo he citado fuentes objetivas que no tienen relación alguna con la defensa del veganismo. Todas ellas, y cualquier otra similar que consultemos, coinciden en que eliminar la explotación animal es una medida positiva para el medio ambiente y que adoptar una alimentación vegana bien planificada no es sólo una opción viable sino incluso beneficiosa para nuestra salud personal.

Con todo esto sólo quería dejar constancia que las afirmaciones empíricas de Claudio Bertonatti en contra del veganismo son manifiestamente falsas y no tienen relación alguna con la realidad. Mi razón para rechazar sus argumentos no se debe sólo a que intente atacar el veganismo. Si alguien intentara defender el veganismo alegando falsedades o falacias no dudaría en denunciarlo y rechazarlo de igual modo. El conflicto en este asunto es incluso más profundo que la oposición entre veganismo y explotación animal. Se trata de un conflicto entre la verdad y la mentira.

Y así entramos a continuación en el contexto propiamente moral.

La confusión moral

Mi adhesión al veganismo no tiene relación alguna con el hecho de que su aplicación práctica sea beneficiosa para mí o para la humanidad en general. Soy vegano porque estoy en contra de que se trate a los sujetos como si fueran objetos. Estoy en contra de que se considere a las personas como si fueran cosas. Estoy en contra de que explotemos otros individuos y violemos sus intereses en nuestro beneficio, valiéndonos de que somos más inteligentes o más poderosos que ellos. Ésta es la base moral del veganismo y el único fundamento que hace que el veganismo sea consistente en su práctica.

Cuando se realizan estimaciones sobre cuáles opciones son más respetuosas con el medio ambiente —y por tanto con todos los animales que dependemos del medio ambiente para vivir— dentro de esas opciones no se incluye la esclavitud humana. Supongamos: ¿y si la opción más ecológica de todas fuera utilizar a seres humanos como esclavos en lugar de usar máquinas y trabajadores libres? ¿Haría esto que la esclavitud humana fuera aceptable?

La primera confusión moral de Claudio Bertonatti incurre en la creeencia de que los criterios medioambientales se imponen a los criterios morales.

Antes de ponernos a discutir sobre la valoración medioambiental de una actividad, primero deberíamos analizar si esa actividad es básicamente aceptable desde el punto de vista ético.

A la hora de evaluar su moralidad no nos ponemos a valorar el impacto medioambiental del asesinato, la tortura, la violación sexual, la esclavitud, el abuso infantil,.. y demás acciones que consideramos crímenes execrables. Estos actos violan los principios morales más elementales y por esto los condenamos independientemente de su impacto medioambiental. Entonces, ¿por qué deberíamos tratar de forma distinta esos actos cuando sus víctimas son otros animales? ¿Debemos tratarlos de forma diferente sólo porque esos animales no son humanos sin importar que sienten, sufren y son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros?

La segunda confusión moral de Claudio Bertonatti reside en creer que humanos y otros animales merecen una consideración moral distinta sólo por estar clasificados en especies diferentes. Esto es lo que conocemos por especismo.

Alega Bertonatti que la agricultura implica la muerte de animales no humanos. No sólo la muerte accidental sino también muertes provocadas intencionadamente por los agricultores para evitar que esos animales se coman los cultivos. Este hecho es objetivamente cierto. Lo que no es cierto es que este hecho suponga legitimarnos para explotar a otros animales.

El razonamiento de Bertonatti para justificar la ganadería es el siguiente: como no podemos evitar causar algún tipo de daño para poder vivir entonces no importa que causemos innecesariamente miles de millones de víctimas que sí podríamos evitar. Asombroso razonamiento.

Alegar que como no podemos evitar dañar o matar a otros animales para poder vivir entonces no hay problema moral en explotarlos resulta un argumento absurdo. Bajo ese mismo criterio, estaría justificado practicar el canibalismo. ¿Si al vivir no podemos evitar causar algún tipo de daño a otros humanos, aunque sea indirecto o accidental, qué importa usarlos para comida? Claro, el prejuicio especista de Bertonatti no le ha dejado ver esta obvia consecuencia que conlleva asumir su criterio.

Si el hecho de que no podamos evitar causar algún daño al vivir justificara que comamos animales entonces, por el mismo criterio, también justificaría que comiéramos seres humanos —que también están hechos de carne y sus hembras producen leche. La especie no hace ninguna diferencia. La especie no es una característica ni es una entidad; es un concepto que construimos intelectualmente en base a determinadas semejanzas genéticas entre individuos.

Como ya aclaré al comienzo de este ensayo, el veganismo no se opone a la muerte en sí misma ni al hecho de causar muerte. El veganismo se opone a la explotación de otros animales. Ahora bien, el asesinato es una forma de explotación. Causar la muerte a alguien para obtener un beneficio a su costa es explotarlo; es utilizar a alguien como un mero recurso para nuestro beneficio. Por esto el veganismo se opone a los mataderos.

No obstante, nada de esto tiene que ver con el hecho de que matemos animales para evitar que se coman nuestros cultivos. Si fueran seres humanos los que invadieran nuestras plantaciones agrícolas para comerse la comida de la que dependemos para vivir, estaría justificado que tomáramos medidas similares para evitar que lo hicieran. Se trata de un caso de autodefensa. Aquí hay un conflicto de intereses. Pero la explotación animal no es el resultado de un conflicto de intereses; es la opresión de un grupo sobre otro, motivada por el beneficio e incluso a menudo simplemente por la inercia de la tradición y las costumbres.

Sin embargo, no estoy sugiriendo que esa situación de conflicto siempre justifique automáticamente matar a otros animales de forma despreocupada —ya sean humanos o no humanos. Deberíamos intentar encontrar un medio de proteger los cultivos que no hiciera necesario tener que recurrir a métodos letales para evitar conflictos con otros animales. Pero, en cualquier caso, se trata de una situación categorialmente diferente al hecho de explotar animales para servirnos de alimento o de vestimenta o cualquier otra finalidad.

¿Si no pudiéramos vivir sin matar a otros humanos que nos atacaran, o que atacaran nuestros cultivos que necesitamos para sobrevivir, acaso esto justificaría que levantáramos granjas y mataderos para poder criar y comer a seres humanos?

Si uno reflexiona sobre el argumento de Bertonatti puede ver claramente que es una postura absurda y que está confundiendo categorías mediante una falacia de asociación, que pretende equiparar dos hechos o dos nociones basándose exclusivamente en que hay un elemento común entre ellas. El solo hecho de que en dos situaciones haya causación de muerte no las convierte en equivalentes. Causar la muerte de alguien de forma totalmente accidental no es lo mismo que matar a alguien con propósito intencionado. Causar la muerte de un agresor para defender nuestra vida no es lo mismo que matar a un inocente para obtener un beneficio de su muerte. No es lo mismo ni siquiera a nivel empírico, fáctico, ni menos aún en sentido moral.

El argumento de Bertonatti se basa en el criterio de asumir que si en una situación concreta yo no puedo evitar matar para defenderme entonces de esto se deriva que está bien que mate sistemáticamente a otros individuos para beneficiarme. Pero no hay ninguna conexión lógica entre la premisa y la conclusión, aparte de la presencia del hecho mismo de la muerte. Estamos ante lo que en teoría lógica se conoce como un non-sequitur

La explotación animal no se basa en la supervivencia ni en la autodefensa —en proteger nuestra vida ante un ataque— sino en el deseo de obtener un beneficio, y este beneficio se reduce habitualmente al placer que nos causa comer animales o vestir con trozos de animales. Ésta es la única excusa que tenemos para alegar: nos da gusto saborear cadáveres y secreciones orgánicas de otros animales y llevar puestos trozos y pelos arrancados de sus cuerpos. Como acertadamente declara el profesor Gary Francione, respondiendo a esta misma polémica suscitada en el ámbito anglosajón:

«La mejor excusa que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a 56 mil millones de animales es que saben bien. Decimos que está mal causar sufrimiento innecesario a los animales, pero al mismo tiempo lo estamos causando sistemáticamente.»

En conclusión, el artículo de Claudio Bertonatti debería retitularse: "Promover la confusión sobre el veganismo" o algo parecido. Para lo único que sirve su artículo es para evidenciar que su autor vive en la absoluta confusión y promueve la confusión a los demás.

Si su intención era difamar el veganismo, como así parece, creo que el efecto que ha conseguido, de acuerdo a lo que he estado leyendo los foros, ha resultado ser justo el contrario, puesto que ha permitido generar un debate que nos ha dado la oportunidad de replicar a prejuicios y confusiones sobre el veganismo.

9 de agosto de 2015

Cinco errores fatales del activismo animalista


La organización PeTA declara que si haces algo bueno por otros animales entonces eres un 'ángel' para ellos aunque sigas explotándolos para servir de alimento o vestimenta. El mensaje es que uno puede ser bueno con los animales aunque sea su explotador.

Ésta es mi traducción de un texto escrito por Victor Schonfeld, quien fue el autor de un documental llamado The Animals Film, estrenado en el año 1982, y que tuvo un éxito notable en el mundo anglosajón de aquel momento —algo parecido a Earthlings en nuestra época más reciente— lo cual motivó a mucha gente a acercarse al vegetarianismo y el activismo animalista.

En el texto, Schonfeld expone su opinión sobre la evolución del movimiento animalista. El artículo se publicó en 2010 pero creo que vale la pena rememorarlo, pues a fin de cuentas no han cambiado tanto las cosas desde entonces. Aunque no es un análisis especialmente profundo, considero que señala algunos puntos importantes a tener en cuenta.

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Cinco errores fatales del activismo animalista

Henry Schonfeld

2010

Hay algunas cosas que me han motivado a continuar, y que me hacen sentir orgullo por como he vivido durante estas últimas décadas. Cerca del primer puesto de la lista está el ser vegetariano por razones éticas. Esto ya estaba pasado de moda en 1977 cuando dejé de comer carne y me puse a rodar The Animals Film. Me puse loco de contento cuando el filme tuvo un impacto que ni yo habría soñado; luego volví a interesarme por cuestiones humanas en mi trabajo creativo. No fue hasta 30 años después que por sugerencia de la BBC volví al mismo terreno para hacer la serie de documentales radiofónicos: One Planet: Animals and Us. Si bien yo seguía siendo vegetariano y esperaba descubrir que la explotación de los animales en la alimentación y la ciencia se habría reducido desde la década de los 80.

Sin embargo, lo que descubrí fue bastante perturbador: una total ausencia de progreso real. Austria tenía leyes muy estrictas que se acercaban a un cambio significativo, pero el número de animales sufriendo para satisfacer las necesidades y placeres humanos no ha menguado y la explotación industrial para comida se ha extendido por todo el planeta.

Sólo había un avance claro, a pesar de todo, y era la progresiva normalización del vegetarianismo a lo largo de los años.

Cuando me instalé en Gran Bretaña, los restaurantes raramente ofrecían opciones vegetarianas; los supermercados apenas podían satisfacer mis necesidades. El principal restaurante vegetariano de Londres se llamaba Cranks [Excéntricos] y esto lo dice todo. Ahora, por contraste, veo a familias enteras comprando comida vegetariana en la tienda de la esquina que regenta mi sobrina, y las opciones vegetarianas se van haciendo habituales en los comedores de los colegios.

En consonancia con esto, una de los oyentes de mi trabajo en la BBC expuso una crítica que contrastaba con las respuestas entusiastas que tuvieron los programas. "Qué malo es saber que Schonfeld sigue siendo vegetariano después de tantos años", se quejaba. Lo que ella quería decir es que le parecía mal que yo no me hubiera vuelto vegano. Después de concluir la serie de documentales con el profesor Gary Francione apelando a la educación vegana como "base moral" para los derechos animales, todavía quedaba la cuestión: ¿qué pasa conmigo y con la manera en que vivo?

Yo había dejado de evitar los lácteos y los huevos en mi dieta así como la piel y la lana de mi vestimenta. Tenía mis razones y la principal era que no quería imponer ese estilo de vida a mi familia. Además, en la década de los 80, uno de los defectos del movimiento por los derechos animales era la marginación. Así que cuando me entrevistaron sobre The Animals Film y los periodistas me señalaron inconsistencias sobre mi forma de vida, dije que yo llevaba zapatos de piel o añadía leche a mi café para que las implicaciones del filme no pudieran ser ignoradas descalificando a su autor por ser un fánatico.

Pero ahora en el siglo 21, los supermercados ofrecen comida vegetariana, los restaurantes sirven menús etiquetados como vegetarianos, y el daño a la salud y al medio ambiente causados por las granjas industriales se ha convertido en un saber común. Ya es hora de que los veganos hagan oír su voz. Incluso los huevos camperos y la producción de leche ecológica implican un notable sufrimiento y los animales son asesinados cuando su productividad decrece.

Ya desde la infancia se nos acostumbra a utilizar una diversidad de productos animales sin pensar en ello. Seguir el camino del veganismo requiere un esfuerzo. Yo comprendí esto: conseguir evitar completamente la explotación puede ser difícil pero los esfuerzos continuos nos fortalecen.

Así que a nivel individual estoy esperanzado. Aunque la serie de Animals And Us hizo evidente que el trabajo de los grupos animalistas organizados ha sido claramente inútil hasta la fecha, en términos de alcanzar objetivos, y las campañas por conseguir pequeños cambios son posiblemente contraproducentes. El activismo organizado está muy necesitado de nuevas perspectivas. Por lo cual he presentado para su escrutinio cinco errores fatales del activismo animalista:

1. En lugar de promover los objetivos de los derechos animales dentro de un contexto global de cambio social, las organizaciones animalistas insisten en ir por su cuenta. Hasta el Partido Verde tiene un programa de derechos animales tan radical como el de muchas organizaciones animalistas.

2. Uno de los grupos animalistas más conocidos a nivel mundial exhibe habitualmente cuerpos de mujeres desnudas, incluyendo a estrellas del porno, para llamar la atención de los medios informativos. ¿Cuándo se ha visto que una organización de derechos humanos cayera tan bajo?

3. Los grupos animalistas se han dedicado a premiar a diseñadores de mataderos y a cadenas de hamburgueserías después de haber negociado con ellos pequeños cambios que permiten que la explotación permanezca intacta.

4. En lugar de promover como base moral que las personas deben hacerse veganas para así abandonar su participación en la explotación de los animales, los grupos animalistas han apoyado conceptos como el de "carne feliz", "carne humanitaria" y "omnívoros conscientes".

5. Tácticas de violencia e intimidación personal hace tiempo que dejaron de tener un apoyo favorable, pero ahora los activistas gastan energía y recursos en organizaciones que carecen de una estrategia para conseguir acabar con la explotación animal, ya sea para la alimentación o para la ciencia. 

Los activistas no se han planteado a sí mismos las cuestiones más controvertidas, y la auto-promoción de las organizaciones ha sustitutido el menos glamuroso trabajo de ayudar a la gente a cambiar de forma de vida. Mucho ruido y pocas nueces. Tal vez sea hora de revertir esto. 

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Pienso que las conclusiones de Victor Schonfeld fueron fuertemente estimuladas por el contacto intelectual con Gary Francione, quien desde la década de los 90 del siglo pasado ha sido un severo crítico sobre los planteamientos teóricos y prácticos que han predominado dentro del ámbito animalista; especialmente con las organizaciones animalistas corporativas. El propio Francione realiza un comentario favorable respecto del artículo de Schonfeld en su blog.

A mí me gustaría hacer dos observaciones en relación con el contenido del texto:

La primera es que no existe tal cosa como un movimiento animalista. Esto no existe. Lo que sí existe son varios movimientos que defienden la consideración moral sobre los animales. Varios y no uno. En mi artículo «Tres movimientos» identifiqué claramente tres posicionamientos dentro del contexto animalista. Cada uno de ellos con bases, medios y objetivos diferentes. Que en la práctica haya una constante confusión y solapamiento entre ellos —por el simple hecho de que todos tienen en común el preocuparse por los animales no humanos— no invalida la evidencia de que son sustancialmente diferentes.

No deja de ser curioso que en las publicaciones de los defensores de la explotación animal sea donde más claramente se reconoce que existen unas evidentes diferencias dentro del ámbito animalista, frente a la creencia de que sólo hay un solo movimiento animalista. Quienes tienen mayores problemas para distinguir son los propios animalistas, quizás en parte debido al bombardeo propagandístico de las organizaciones corporativas que son las que difunden el engaño de "un movimiento por los animales" único y monolítico —el cual en la práctica consiste básicamente en darles dinero a ellas, claro.

Mi segunda reflexión, en relación con la anterior, es que si no aclaramos ese punto ni siquiera vamos a comprender qué es lo que está ocurriendo y mucho menos vamos a solucionar nada. Por supuesto que Schonfeld no señala esto en su artículo porque seguramente, como la mayoría de la gente, cree que existe un movimiento animalista que sólo varía en la radicalidad o la intensidad de su implicación. Es un error importante no reconocer estas diferencias ideológicas. Algo así como ignorar o confundir dentro del contexto humano las esenciales diferencias entre diferentes posiciones ideológicas: fascismo, anarquismo, liberalismo, socialismo,...

La confusión es un mal y, por tanto, favorece todo aquello que sea un mal. Los males son el especismo y el bienestarismo. Ambos prejuicios son, a mi entender, los verdaderos errores fundamentales y que han provocado como consecuencia todo lo demás. Nuestra confusión para advertirlos y denunciarlos ha permitido que dominen nuestra cultura incluyendo, por supuesto, a todo el ámbito animalista.

29 de julio de 2015

«Circos sin animales»: Campañas sin ética




Cuando el hábito de mentir está tan arraigado no se prescinde de él ni siquiera cuando resulta evidente la mentira. 

Con esto no me refiero al habitual uso coloquial de llamar animales sólo a los individuos no humanos sino a hablar en general de animales cuando esta ley que celebran sólo prohíbe la utilización de animales salvajes mientras que al mismo tiempo acepta y regula la explotación de los considerados domésticos

El objetivo de esta campaña: reformar superficialmente la esclavitud animal para darle una apariencia de actividad "humanitaria" que elimina la "crueldad innecesaria".

La mayoría de grupos animalistas, por supuesto, se ha apuntado a apoyar y celebrar esta "victoria" a favor de regular la explotación especista. 

Llaman "victoria" a una campaña que ha marginado el veganismo. 

Llaman victoria a una campaña que ha fomentado la división arbitraria entre animales "salvajes" y animales "domésticos". 

Llaman victoria a una campaña que ha apoyado una medida que acepta y promueve la utilización de animales "domésticos" [perros, caballos, conejos, palomas,...] para ser usados en los circos. 



Llaman "victoria" a una campaña que se basa en la idea de que está bien explotar animales siempre que no se haga de forma "cruel" y que el problema está en las condiciones en que se realiza la explotación.

Y a eso lo llaman "victoria". A eso lo llaman "progreso". Uno tiembla al pensar a qué tremenda degradación moral debería llegar una campaña para que deba ser considerada una derrota para los animales.

Dicen que una medida que regula la explotación de los animales es una "victoria". Dicen que una medida que fomenta el uso de animales es una "victoria". Dicen que perpetuar la explotación animal es una "victoria". Dicen que fomentar el especismo es una "victoria".

Bueno, como yo defiendo el veganismo y los Derechos Animales entonces no puedo considerar nada de eso como una "victoria".

Para quien todo es una victoria realmente no es para los animales esclavizados sino para los corporaciones animalistas que así ganan socios y donaciones para ingresar dinero y financiarse sus salarios. Es una victoria para su negocio que consiste en explotar la explotación animal. Se van apuntando supuestos logros en su currículum para hacerse publicidad ante la opinión pública.

También es una victoria para el prejuicio de que está bien utilizar a los demás animales siempre que se limiten determinados usos marginales que sean "crueles". Es una victoria para la postura que defiende que podemos explotar a los animales "humanitariamente".

El principal argumento que se ha aportado para fundamentar esta prohibición es que los circos no pueden cumplir con determinadas condiciones de "bienestar animal". Lo cual señala explícitamente que si los circos pudieran cumplir con esas condiciones entonces no deberíamos objetar a que explotaran animales

Prohibir que determinados animales no sean utilizados en los circos no implica que dejen de ser sometidos como propiedades, ni tampoco conlleva que dejen de ser explotados en otros ámbitos; y no tiene ningún efecto educativo beneficioso en la sociedad. Casi todo el mundo está de acuerdo en que se deben prohibir algunos determinados usos de animales que son considerados 'crueles' para así reformar la explotación animal y hacerla más moderna y 'humanitaria'.

Se pretende dar la impresión de que está consiguiendo algo positivo cuando no es tal. Lo que se está haciendo es gastar tiempo, energía y recursos en campañas monotemáticas, en lugar de difundir el respeto por todos los animales en todos los ámbitos.

Si aplicáramos el criterio que ha fundamentado esta campaña en el contexto humano entonces deberíamos apoyar campañas que prohibieran, por ejemplo, violar a mujeres —excluyendo a los varones— pero sólo si fueran rubias —excluyendo de esa prohibición a todas las demás mujeres que no son rubias— pero sólo en actividades de espectáculo y entretenimiento —permitiendo que se haga en cualquier otro ámbito. 

Eso sería el colmo del absurdo y de la injusticia. No es menos absurdo e injusto aplicado a los no-humanos. Pero cuando se trata de los otros animales entonces la lógica moral, y la veracidad, desaparecen y los animalistas aprueban literalmente cualquier cosa que se diga o se proponga para "defender a los animales".

Una campaña en contra del uso de animales en los circos —que a menudo, como hemos visto, ni siquiera se refiere a todos los animales— es análoga a una campaña en el contexto humano contra la violación sexual realizada dentro de un circo.

Alguien podría objetar lógicamente que ese criterio excluye al 99.99% de las violaciones sexuales. Alguien podría objetar razonablemente que ese tipo de discriminación es arbitraria. Dentro del contexto humano esa clase de discriminaciones se verían como absurdas e injustas y un gasto inútil de recursos.

Si un determinado criterio es absurdo e injusto con lo seres humanos entonces es exactamente igual de absurdo e injusto si se aplica a los demás animales. Lo contrario sería creer que la especie hace alguna diferencia moral. Esto es el especismo.

Por otro lado, a menudo se alega que estas medidas pueden conducir de alguna forma hacia la abolición de la explotación animal. Pero no existe ninguna evidencia de que las regulaciones de la explotación animal ayuden a avanzar hacia el respeto por todos los animales y la abolición de su explotación. De hecho, lo que la historia demuestra es que ayudan a favorecer justo lo contrario. En muchos países se prohibió la tauromaquia hace siglos o, más recientemente, en muchos países ya se prohibió el uso de animales en los circos hace décadas. Pero no ha tenido ningún efecto respecto de terminar con el resto de explotación especista. Ese argumento se basa en una pura especulación imaginaria.

El único cambio real ha sido un progreso en el número de veganos durante los últimos años, pero este hecho es totalmente aparte de las campañas animalistas y se debe a los activistas que enfocan su tiempo en el activismo vegano. Hay muchos más veganos que hace diez años pero no gracias a los grupos animalistas sino a pesar de ellos.

Nadie pretende aquí que las cosas cambien de un día para otro. Pero el simple hecho de que haya un cambio no quiere decir que ese cambio sea algo bueno. Cuando hay una presión social sobre determinada actividad, ésta tiene que renovarse para poder continuar con éxito o de lo contrario podría desaparecer. El especismo y la explotación animal tienen que renovarse acorde con la evolución de la sociedad. Si en la sociedad se difundiera la idea de que es injusto utilizar a los demás animales entonces la explotación especista desaparecería progresivamente al carecer de causa y apoyo. Pero éste no es el objetivo que pretenden las campañas bienestaristas.

En lugar de difundir el veganismo, estas campañas bienestaristas ayudan a que la explotación de los animales no humanos se reforme para hacerla más aceptable a una sociedad cada día más concienciada respecto de nuestra relación moral con los demás animales. Los grupos animalistas colaboran con los explotadores de animales para publicitar que la esclavitud animal es ahora más compasiva son sus víctimas.

En definitiva, esta campaña de «circos sin animales» —al igual que muchas otras campañas animalistas en activo— falta a la verdad, desprecia la justicia y perpetua los prejuicios especistas.

Esta campaña no es más que otro ejemplo de como los animalistas malgastan recursos en campañas especistas y monotemáticas. Podríamos conseguir acabar con toda la explotación animal difundiendo el veganismo. El veganismo significa la eliminación de todos los usos de animales. ¿Cómo puede ser razonable apoyar campañas que se dedican a promover sólo la eliminación de determinado uso concreto sobre determinadas especies; promoviendo así la idea de que hay formas aceptables de explotar a los animales y quitando recursos a la promoción del veganismo?

Vivimos en una sociedad donde casi todo el mundo participa directamente en la explotación de los animales cada día especialmente a través de sus hábitos de consumo: alimento, vestimenta,... Es aquí donde deberíamos enfocar nuestras energías y no en campañas que discriminan entre las víctimas de una misma opresión: la explotación especista.

La única forma de acabar con la explotación animal es acabar directamente con la causa que la provoca: el prejuicio del especismo y la idea de que los demás animales son recursos para beneficio humano. Por desgracia, a día de hoy la mayoría de animalistas aceptan y perpetúan este prejuicio y sólo les importa que no explotemos a los animales de forma cruel.