27 de diciembre de 2013

El aborto y la cuestión del especismo





Hay posturas que afirman que el aborto de seres humanos siempre está mal porque supone matar a un ser humano. Otras posturas consideran que una mujer tiene derecho a interrumpir su embarazo en cualquier etapa de la gestación, sin importar qué consecuencias tuviera para el feto ni en qué desarrollo se encuentre. Por último, hay otras opiniones morales que consideran que el aborto no sería problemático en las primeras etapas de embarazo —los primeros meses— pero que a partir de cierto momento, el feto adquiere una característica cualitativa que lo distingue esencialmente de un embrión: la capacidad de sentir.

Por lo general, las perspectivas morales no influidas por prejuicios o dogmas religiosos admiten que no habría problema moral en abortar durante las primeras semanas del embarazo puesto que el embrión no es sintiente: no tiene un sistema nervioso activo. Incluso en los primeros meses tampoco hay prueba acerca de la presencia de sintiencia. Ahora bien, cuando el feto ya tiene entre cinco y seis meses hay evidencia de que que posee un sistema nervioso en funcionamiento. que puede experimentar sensaciones. Ya hay alguien ahí. No es un simple ser vivo sino un ser sintiente: un individuo que percibe conscientemente.

Que la gran mayoría de personas que razonan al respecto, sin partir de dogmas o prejuicios, llegue a la conclusión de que hay una diferencia moralmente cualitativa entre un feto no sintiente y un feto sintiente no me parece que sea una mera casualidad.

Lo que distingue moralmente a un sujeto de un objeto es la capacidad de sentir. Un embrión no tiene capacidad de sentir. El feto no desarrolla el sistema nervioso hasta muy avanzada la gestación. Y si no siente entonces no tiene derechos morales, porque los derechos protegen intereses. Pero sin capacidad de sentir no se pueden tener intereses ni sensaciones ni intenciones ni nada de lo que caracteriza intrínsecamente a una persona.

La cuestión de fondo está en que si la personalidad moral —la condición de persona— no puede asociarse racionalmente con la pertenencia a determinada especie entonces la única opción razonable que justifique la inclusión en esa categoría debe ser la capacidad de ser consciente. Esto es: la capacidad de experimentar sensaciones y de tener intereses o intenciones. Esta característica es la que diferencia ontológicamente a un sujeto [una persona] de un objeto [una cosa].

Sin embargo, no debemos confundir la capacidad de sentir con el hecho específico de sentir dolor. Hablamos de la capacidad de sentir como cualidad en general. El dolor es sólo una de las muchas sensaciones que experimenta un ser sintiente y si un ser es sintiente entonces tiene intereses —como el interés en continuar existiendo— y es un sujeto; no un mero objeto. Por tanto, no debemos tratarlo como si fuera un simple medio para nuestros fines.

Algunas posiciones alegan que no sabemos con certeza cuándo comienza el feto a ser sintiente. Es cierto que no lo sabemos con exactitud. Pero sí podemos tener una idea aproximada. La ciencia nos aporta datos relevantes al respecto. Del mismo modo que no saber exactamente cuándo comienza a amanecer no significa que no podamos establecer una diferencia más o menos nítida entre el día y la noche. Esto no significa que podamos establecer un criterio absoluto, ya que cada proceso de embarazo concreto puede tener diferencias relevantes, pero sí sabemos en general que el sistema nervioso de un feto no puede funcionar antes de los tres meses y que antes de los seis meses no hay evidencia clara de que pueda sentir.

Que la ciencia rectifique constantemente en base a las evidencias es precisamente lo que ha conseguido que sea la fuente de información sobre el mundo más fiable y precisa de la que tenemos noticia. A pesar de posibles errores, la ciencia es mucho más confiable que cualquier otra herramienta de conocimiento en el ámbito empírico, ya sea la intuición, la revelación o la mera creencia sin pruebas. Lo es precisamente porque se hace autocrítica y revisión constante en todos sus aspectos.

Por otra parte, el argumento de que un embrión debe ser tratado como una persona porque, aunque todavía no lo es, "será una persona" es una falacia lógica. Este argumento es una falacia categorial que confunde el presente existente con un hipotético futuro. Si ese argumento fuera racionalmente válido entonces sería justo que tratáramos a los vivos como si fueran muertos, ya que todos los vivos, sin excepción, morirán en un futuro. Eso es confundir lo que existe en el presente real por entidades imaginarias no-existentes de un supuesto futuro que no existe.

Por otro lado, también se dice que el embrión no sintiente está vivo. De acuerdo. Las plantas también son seres vivos. Entonces ¿por qué motivo merecerían consideración solamente los seres vivos humanos y no los de otras especies? ¿Es así sencillamente porque nosotros lo decimos sin más? Esto sí que sería basarse puramente en el capricho personal; es pura arbitrariedad.

Si razonamos lógicamente no podemos llegar a conclusiones que se contradigan entre sí. El punto central de esa conclusión es que la persona se caracteriza esencialmente por la capacidad de sentir. De este modo, un embrión sin sistema nervioso activo no puede ser una persona porque carece de la capacidad de sentir. Por tanto, no debemos considerarlo como si lo fuera, porque no lo es; no es un quién. No es alguien; no siente.

Todo esto nos conduce finalmente a la cuestión de los Derechos Animales.

Si aceptamos el criterio moral de la sintiencia, esto implica que por coherencia lógica deberíamos reconocer a todos los seres dotados de conciencia sensitiva como miembros de la comunidad moral, independientemente de su especie. Si un ser puede sentir entonces es un ser consciente —un sujeto que tiene experiencias subjetivas: sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, intenciones. Así no podríamos justificar racionalmente que discriminemos a individuos no humanos sintientes de la misma consideración que damos a los humanos sintientes en lo que se refiere a su estatus de persona y sus derechos básicos.

La posición antiabortista pide el derecho a vivir para embriones humanos que no sienten y se lo niega a animales no humanos que sí sienten y desean vivir. Esto es otro claro ejemplo de especismo. Con la peculiaridad de que, en este caso, es un prejuicio especista que también perjudica a individuos humanos Por ejemplo: se vulnera el derecho de la mujeres a decidir libremente si desean seguir adelante con su embarazo, durante sus primeras fases, con la excusa de que un embrión humano por el mero hecho de ser humano —antropocentrismo— merece consideración moral. Como el embrión es un ser humano —y en efecto es un ser genéticamente de la especie humana— entonces debe ser protegido como cualquier ser humano. Bajo esta perspectiva, el aborto sería siempre inmoral.

La posición antiabortista fundamentada en el antropocentrismo está aplicando de forma coherente el prejuicio de que los humanos merecen respeto por el mero hecho de ser humanos. Este prejuicio especista supone que el resto de animales son discriminados de la comunidad moral sólo no ser humanos, a pesar de que ellos son seres conscientes, que sienten, sufren y desean. Ahora, si ese criterio antropocéntrico no es racionalmente válido en la cuestión del aborto entonces tampoco puede ser aceptable como criterio de consideración moral en cualquier otra cuestión.

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