Los humanos no son el problema; el problema es la cultura
Fenómenos como la contaminación, la alteración de la biodiversidad, el cambio climático son hechos que perjudican a muchos animales pero que también pueden beneficiar a otros. Si atendemos sólo a criterios biológicos entonces nada de eso sería intrínsecamente malo. El beneficio o el perjuicio depende del punto de vista que adoptemos para valorarlo. Dentro de los procesos naturales [terremotos, erupciones, tempestades] también se producen muertes, contaminación, alteraciones de la biodiversidad y cambio climático; y no por eso lo condenamos como algo inmoral.
Para juzgar el problema del daño medioambiental debemos enfocarlo desde un punto de vista moral.
La contaminación producida por el ser humano ha aparecido sólo en los últimos siglos a la par que la revolución industrial. La contaminación medioambiental no es algo inherente a la humanidad, sino que es producto de una determinada evolución tecnológico.
Creo que incluso los más radicales antropocentristas podrían estar de acuerdo en que los humanos somos tremendamente dañinos para el medio ambiente, pero les resultaría irrelevante en tanto que sólo les importa el futuro de la humanidad.
Hay que tener en cuenta que ni biológicamente ni culturamente los humanos estaban preparados para afrontar el problema de la contaminación medioambiental. La contaminación no es el efecto de alguna clase de maldad.
La gran mayoría de los humanos estarían de acuerdo en que debemos respetar el medio ambiente, aunque fuera por una simple cuestión de interés propio. Si bien ocurre que nuestra naturaleza y nuestros patrones culturales no estaban preparados para esta grave situación tan peculiar que ha causado la industrialización como consecuencia indirecta.
Después de la explotación animal, el mayor daño que causamos a los demás animales con nuestras acciones se produce mediante la contaminación.
Gran parte de esta contaminación se podría evitar mediante el uso de energías renovables y el reciclaje y otras medidas que aminoran nuestro impacto sobre el medio ambiente.
Sin embargo, la raíz del problema está en la falta de consideración moral por los animales no humanos. No puede haber solución, ni ser eficaz, si no es atendiendo a la causa del problema.
Asumir o promover algún tipo de misantropía no es más que el reverso de la misma moneda. Ni el antropocentrismo ni la misantropía van a solucionar ese problema.
El ecologismo no es un error; el error es el especismo
A menudo, el movimiento ecologista actual lejos de respetar los derechos de los animales lo que hace es promover la esclavitud y exterminios de animales inocentes. Ahora bien, estos sucesos no considero que estén motivado por el propio ecologismo en sí.
Esas prácticas entran dentro del tipo de ecologismo actualmente predominante, del mismo modo que cocinar cadáveres de animales entra socialmente dentro de la gastronomía. No sucede porque la gastronomía en sí implique necesariamente cocinar cadáveres de animales sino porque vivimos en una sociedad especista que entiende esa práctica como algo aceptable.
Si por ecologismo entendemos tratar de respetar el medio ambiente debido a que es el necesario sustento de la vida de los animales, entonces la violencia que promueve no tiene que ver en sí con el ecologismo. La causa está en el especismo; más concretamente en la idea de que la humanidad es el centro del universo y los demás animales existen para servir a sus necesidades.
En sí mismo el concepto de ecologismo no tiene por qué ser especista, aunque el movimiento ecologista actual sea predominantemente especista, este rasgo no considero que tenga que ser intrínseco al ecologismo en sí como concepto sino que está motivado por el paradigma moral que domina en nuestra sociedad, es decir, el antropocentrismo.
La postura ecologista no implica necesariamente discriminar ni matar a otros animales. De la misma manera que no implica discriminar ni matar seres humanos. El problema del ecologismo es el prejuicio especista que ha asumido. El error está en el antropocentrismo; no el ecologismo.
Los ataques de algunos bienestaristas contra el ecologismo están motivados por el odio de los bienestaristas hacia la propia existencia del sufrimiento. Si el principio del ecologismo implica aceptar que los animales no humanos vivan libres en hábitats naturales entonces esto supone aceptar que esos animales puedan sufrir por circunstancias de su vida.
Veganismo y ecologismo son dos cuestiones diferentes
Muchos estaremos de acuerdo en que debemos preocuparnos por la contaminación, y el daño contra el medio ambiente en general, debido a que perjudica indirectamente a otros animales —humanos y no humanos. Es un problema, y tenemos que tenerlo en cuenta a la hora de vivir. No obstante, se trata de una cuestión aparte del veganismo.
No deberíamos confundir el veganismo con otras cuestiones, por muy importantes que sean éstas. Es decir, alguien que use vehículos de motor, o consuma productos industriales, no está violando el principio del feminismo aunque esa contaminación perjudicara indirectamente a las mujeres y a otros seres humanos. Lo mismo sucede con el veganismo.
Quizás pueda ser más ecológico el hecho de pescar —asesinar animales acuáticos— que comprar en un supermercado, pero lo primero es una violencia que no se puede justificar éticamente.
Del mismo modo, puede ser más ecológico esclavizar a seres humanos que utilizar máquinas que contaminan; pero que sea más ecológico simplemente no lo hace permisible.
Deberíamos intentar proteger el medio ambiente porque es el medio directo del que dependen los animales, incluyendo a los humanos, pero sin olvidar los principios éticos más básicos.
Por otra parte, algunos animalistas pretenden denunciar uso de animales no humanos enfocándolo desde una perspectiva diferente a la moral. Ellos creen que si se centra el problema desde un aspecto económico o medioambiental, resaltando las consecuencias negativas o insostenibles de ciertos prácticas industriales, se conseguirán resultados más eficaces para terminar con el uso de animales por el hombre. Ese enfoque me parece profundamente controvertido debido a que margina la cuestión ética.
Si los seres humanos explotan a los animales se debe no sólo al hecho mismo de querer satisfacer ciertas necesidades sino especialmente debido a que consideran en su pensamiento que utilizar a otros animales es algo legítimo.
La mentalidad especista no tienen conciencia de estar haciendo daño a otros animales o consideran que ese daño está justificado porque sus intereses están por encima de los de sus víctimas. La mentalidad especista considera a los demás animales como cosas y no como individuos. Nuestra mentalidad especista coloca siempre los intereses de los humanos por delante de los de otros animales.
Esa forma de pensar es lo que ha constituido en normales y habituales conductas como el consumo de animales y es lo que provoca que la mayoría de la gente, por ejemplo, compre cadáveres de animales asesinados para luego comérselos y lo vea como algo perfectamente normal.
Una de las razones por las que los argumentos económicos o medioambientales fallan a la hora de abordar el problema de los animales no humanos se debe a que hay situaciones en las que los argumentos de ese tipo no tienen validez.
Para el caso de los animales que son libres —los que viven en estado natural salvaje— y están siendo progresivamente cercados y eliminados por la acción expansiva del ser humano en todo el planeta, —o que son secuestrados o criados para realizar con ellos experimentos científicos— resulta obvio que los argumentos que pretenden atacar la explotación animal —que es una de las varias consecuencias del especismo— no valen para su situación.
Lo mismo se podría decir del movimiento animalista, que también es en su mayor parte especista y cómplice la explotación animal, pero no por esto deberíamos rechazar de plano el animalismo, si por tal término entendemos la defensa de que los demás animales merecen consideración moral o, mejor aún, que es el hecho de ser animal —entendido como ser sintiente— la característica relevante para ser incluido en la comunidad moral.
Este análisis valdría igualmente para otros movimientos de cierta afinidad como son el feminismo y los Derechos Humanos. No deberíamos rechazar el concepto de Derechos Humanos ni el feminismo, pero sí su enfoque especista, precisamente porque al menos parte del contenido de su ética es válido salvo por el hecho de que excluyen la consideración moral hacia otros animales.
Un enfrentamiento con el ecologismo no parece el enfoque más correcto, sino que considero que sería más apropiado y efectivo intentar concienciar y educar a la gente de postura o simpatía ecologista acerca de la cuestión moral de los animales.
Es posible un ecologismo respetuoso con los demás animales
Si nos preocupamos por los demás animales también deberíamos preocuparnos por no envenenar el aire, el agua y la tierra que son necesarias e imprescindibles para sus vidas.
Es importante plantear una visión distinta de lo que podría ser el ecologismo: un ecologismo basado en la ética de Derechos Animales, y no en el antropocentrismo.
Un ecologismo no especista no se opone intrínsecamente a alterar el medio ambiente sino que más bien se opone a dañarlo de tal modo que no permita la vida de quienes lo habitan. Lo que yo entiendo por un ecologismo compatible con la posición de los Derechos Animales se basa en dos puntos:
[1] No interferir en la naturaleza si eso implicara violar los derechos de los animales.
[2] Respetar los ecosistemas del planeta en tanto que es necesario para respetar los intereses de todos los animales.
La única manera de que nosotros respetemos las vidas de otros animales es que aprendamos a tener en cuenta los intereses de los demás animales.
Hablar de eficiencias económicas o de gases contaminantes no sólo margina completamente la cuestión moral sino que, desde el punto de vista puramente práctico, resulta además ineficaz para muchos casos.
Mientras los seres humanos sigan siendo especistas, mientras sigan siendo adoctrinados en el especismo, la utilización de otros animales para satisfacer las necesidades y deseos de los humanos nunca terminará.
Mientras la humanidad continúe siendo especista siempre buscarán la forma de continuar las prácticas especistas en las que han vivido siempre, por inercia, y adaptarán sus prácticas especistas a las contingencias del momento.
Atacar las ramas pero no a las raíces, sólo provocará que el problema se siga perpetuando. Cuando determinadas ramas sean podadas —determinadas maneras de explotación animal— otras saldrán en su lugar porque la raíz, el antropocentrismo, permanecerá intacta. Pero si socavamos la raíz del problema entonces todas sus ramificaciones se vendrán abajo.









