25 de enero de 2014

Alerta: periodismo basura




Me he encontrado hace poco con esta desgraciada noticia en La Vanguardia:
"Katharina Katit-Stäheli, la mujer suiza que degolló a su hijo de diez meses en el Hospital de Torrevieja, tiene 40 años y es una apasionada de los animales, en especial los caballos, y una vegana convencida. Precisamente su férreo seguimiento a esta dieta fue lo que le hizo perder la custodia de su hijo Dylan, ya que se negó en rotundo a que el pequeño fuera tratado de la hidrocefalia que padecía con la ayuda de la medicina tradicional."
A la desgracia del suceso se añade el tratamiento de la noticia que hace este periódico, mencionando que la autora del crimen era supuestamente vegana, y que al parecer eso tiene que ver con lo que ha sucedido. Por ello, me gustaría señalar una serie de puntos al respecto.

Primero; no está claro que la aparente autora de estos hechos sea vegana. Que sea "amante de los animales", o que llevara una dieta completamente vegetal, o que esté en contra de la "vivisección", nada de eso implica que sea vegana. A mi modo de ver, ser vegano es estar a favor del reconocimiento de los animales no humanos como personas. Esto significa estar en contra de su esclavitud —de su utilización como recursos y propiedades de los humanos. Es una postura moral, que obviamente se lleva a la práctica, pero no es una dieta ni es un estilo de vida ni tiene que ver con el "amor a los animales". Veganismo es el equivalente del feminismo, pero aplicado al problema de la opresión especista sobre los demás animales. 

No está nada claro que esta persona sea partidaria del veganismo, según lo defino aquí, sino que su práctica de no consumir productos animales, y su rechazo a la vivisección, puede estar motivada por otros motivos de tipo puramente personal o emocional. Al igual que hay personas que no practican ninguna religión pero que no están contra de la religión ni tienen una postura a favor del laicismo, sino que simplemente no quieren participar en la religión porque no les apetece o porque no les gusta. 

Habrá, por supuesto, personas que no estén de acuerdo con esta definición, y habrá otras que sí. Pero como esta definición es la única que aporta un carácter singular al concepto de veganismo y no lo confunde con otras nociones —y además es una definición avalada por la historia del movimiento vegano desde sus comienzos— considero entonces que sería la definición correcta y apropiada. 

En cualquier caso, incluso que la autora de este suceso resultara ser en efecto vegana no altera ni invalida los argumentos que pretendo exponer aquí. Si en embargo, en otros medios informativos que he consultado resulta que en ellos no se menciona siquiera el veganismo cuando cubren la noticia. 

En segundo lugar; hay personas que ciertamente no son veganas y que han asesinado a sus hijos pequeños. Si alguien lo duda que acuda a la hemeroteca y en seguida verá una  lista de de casos. Me pregunto si alguien considera que no-ser-vegano tiene relación directa y causal con esos hechos. Al menos deberían señalarlo en la noticia: "padres especistas asesinan a sus propios hijos". En el caso de que consideremos que es lícito mencionar factores que no están involucrados en el suceso para dar a entender como si fueran sus causantes. Obviamente el hecho de ser especistas no fue la causa del asesinato sino que se debió a otros motivos. Pero si cada vez que alguien supuestamente vegano cometa alguna inconveniencia o delito, vamos a resaltar que supuestamente es vegano entonces hagamos lo mismo cuando hablemos de los millones de seres humanos especistas que cometen crímenes, aunque el especismo no tenga realmente que ver, en esos casos, con lo que hacen.

Tercer punto: lo que ha hecho esta persona no tiene relación alguna con el veganismo ni tampoco con la filosofía de los Derechos Animales. Ni el veganismo, ni los Derechos Animales, promueven  en modo alguno agredir o matar a nadie; sino todo lo contrario. Lo que promovemos es precisamente el respeto integral por todos los animales —humanos y no humanos— como personas. Esta noción moral es incompatible con el asesinato en cualquier forma. El veganismo postula que no debemos utilizar a los demás animales como medios para nuestros fines. El veganismo es una extensión del principio de la noviolencia hacia los no-humanos.

Tendría algún sentido mencionarlo si el veganismo propusiera algún tipo de hostilidad contra alguien —como sí sería el caso de determinadas ideologías políticas o religiosas. Pero no siendo el caso, la alusión a que esta persona es supuestamente vegana no tiene ningún sentido. ¿Y si fuera feminista también habría que señalarlo? ¿Y si fuera liberal o fuera socialista? Lo que ocurre es que ser vegano es una condición que llama la atención dentro de una sociedad que considera normal y aceptable explotar a los animales. Y cuando dicho dato llega al conocimiento de un periodista con ánimo sensacionalista entonces no duda en mencionarlo en primera plana para incitar a la polémica.

Cuarto; si alguien se molestara en leer las noticias al respecto, todo parece indicar que la conducta de esta madre es claramente producto de una grave perturbación mental. Se trata de un problema psicológico-emocional —que nada tiene que ver tampoco ni está causado por la práctica del veganismo. Pretender acusar o relacionar al veganismo con este suceso sería como intentar relacionarlo con el hipotético hecho de que esta persona fuera partidaria del feminismo o del ateísmo o del republicanismo. Ninguna de estas posturas morales o ideológicas promueve o acepta el asesinato, ni ningún tipo de agresión contra nadie. El veganismo tampoco.

Quinto; la noticia dice que la madre, debido al hecho de ser supuestamente vegana, rechazaba "la medicina tradicional" y que su negativa a que su hijo recibiera obligadamente tratamiento médico fue lo que motivó el asesinato. Este punto merece una aclaración específica.


En primer lugar, el veganismo no tiene nada en contra de la medicina ni de la "medicina tradicional". Aunque no está muy claro que quiere decir eso de "tradicional", porque "tradicional" para muchos significa "remedios tradicionales" que provienen de la tradición popular o familiar desde hace siglos. Pero si lo a lo que se refiere es a la medicina con base científica, entonces el rechazo no tiene que ver con el veganismo. El veganismo no se opone a la ciencia. 

El veganismo se opone sólo al uso de animales no humanos. Si alguien es vegano entonces no participará en cualquier actividad que implique como tal utilizar a otros animales. Si nos referimos al ámbito de la ciencia, esto es: trabajar en actividades que usen a animales consumir o productos que estén hechos con sustancias quitadas a los animales. 

Pero ¿qué ocurre si para conservar nuestra salud necesitamos de verdad recurrir a un tratamiento o un medicamento que hubiera sido producido a partir de animales? Bien, esto es un tema delicado. Incluso en esta sociedad especista y dependiente de la explotación de los animales resulta que el 99.99% de los usos que hacemos de no-humanos no son necesarios para vivir y tener una buena calidad de vida, y existen opciones/alternativas que no implican utilizar a los no-humanos. Aunque siempre puede haber una excepción.

Ahora bien, el hecho de recibir determinado medicamento/tratamiento que hubiera sido experimentado con nohumanos no significa participar en el uso de animales. Otra cosa sería que el producto en sí estuviera hecho con sustancias que le han sido extraídas a otros animales. No son lo mismo. Los testeos con animales forman parte del protocolo obligado para todo medicamento o sustancia para consumo humano. Una vez que ha sido probado, no hay nada moral o práctico que nuestro rechazo suponga para ese hecho. Del mismo modo que si los nazis hubieran encontrado la cura del cáncer experimentando con judíos no vamos a solucionar nada negándonos a recibir dicha cura, ni al hacerlo tampoco vamos a apoyar moralmente la explotación de judíos o seres humanos en general.

Vayamos a lo concreto: ¿el tratamiento que necesitaba el hijo de la autora de este crimen implicaba siquiera el uso de animales en su elaboración o producción? La respuesta es no. El tratamiento es de tipo quirúrgico [drenaje] y no implica utilizar ni matar a ningún animal para ello. Por tanto ¿de dónde se ha sacado La Vanguardia que el hecho de ser vegana tiene algo que ver con su rechazo a este tratamiento? 

En definitiva, considero que esta noticia es otro enésimo ejemplo de periodismo basura, al que por desgracia ya estamos habituados. Ese periodismo que sólo busca llamar la atención con titulares sensacionalistas y distorsionados. Ese periodismo que, por ejemplo, cada vez que ocurre algún suceso no duda en señalar la raza, la nacionalidad o la orientación sexual de los autores o los involucrados, cuando ninguna  de esas características tiene relación directa con los hechos y lo único que consigue es fomentar prejuicios. 

Claro que el hecho de que haya periodistas que distorsionan, que no contrastan las fuentes de sus informaciones, o que directamente mienten, no implica que todos los periodistas hagan lo mismo, ni que el hecho de ser periodista implique mentir o faltar a la verdad. De igual modo que el hecho de que algunos veganos se comporten de forma indebida por cuestiones personales  o psicológicas no implica nada para el resto de veganos ni tiene relación con el propio veganismo.

No cabe duda de que esta noticia será utilizada como arma contra el veganismo, del mismo modo que se ha utilizado la noticia de que unos padres supuestamente veganos habían causado la muerte a su hijo por desnutrición, para intentar así argumentar que la práctica del veganismo no es saludable en general o específicamente para niños. Este tipo de noticias fraudulentas lo analicé en una entrada anterior, donde expliqué que la asociación con el veganismo era errónea y que había sido un caso de simple negligencia. Un tipo de negligencia que algunos padres no veganos cometen también. Pero a quien tiene ya un prejuicio y una intención de hostilidad contra el veganismo no le importará la verdad de los hechos sino simplemente atacar aquello que no le gusta o que contradice sus ideas preconcebidas.

A modo de conclusión, quisiera señalar que si realmente nos importa que dañen o maten a otros individuos que sienten y desean vivir, deberíamos reflexionar sobre lo siguiente:

Si consumimos productos de origen animal [carne, lácteos, huevos, miel, cuero, lana,...] entonces estamos pagando para que maten deliberadamente a otros animales. Esto es un hecho. Personas que no son veganas matan todos los días a otros animales —en las granjas, en los mataderos, en los laboratorios—  pero como vivimos todos inmersos en una sociedad especista, esto pasa inadvertido. No aparece en las noticias. Ignoramos, o queremos ignorar, que a pocos kilómetros de nuestras casas están matando a otros animales simplemente por que obtenemos un placer al comer trozos y secreciones de sus cuerpos. Esto sí sucede por causa de una forma de pensar —que denominamos especismo.

Desde este blog rechazo y condeno este asesinato, igual que cualquier asesinato contra cualquier persona —humana o no humana— sin importar su raza, sexo, tamaño, aspecto, orientación sexual, o cualquier otra característica irrelevante. Todos los animales merecen el mismo respeto en tanto comparten la única característica moralmente relevante: la capacidad de sentir. 

20 de enero de 2014

¿Qué significa ser persona?


Tradicionalmente se ha reservado la noción de persona sólo para los seres humanos. Sin embargo, a continuación pretendo mostrar que no habría una razón objetiva que justifique discriminar a los otros animales, sólo por no ser humanos, de la categoría de personas.

Etimológicamente, el término persona proviene del griego antiguo, para referirse a lo que en el contexto escénico hoy entenderíamos como personaje. ¿Qué es esencialmente un personaje? Es un individuo con su propia perspectiva, cualidades e intereses. Es un punto de vista en el mundo. Esto es, la persona sería sinónimo de sujeto. Un sujeto es un ser que posee subjetividad, es decir, un ser que no simplemente existe sino que genera una perspectiva singular sobre el mundo; que experimenta a través de sensaciones, emociones, deseos, sentimientos y pensamientos.

Persona, por definición esencial, sería cualquier ser que posee subjetividad, es decir, conciencia de sí mismo y de sus experiencias. Una persona es por tanto un sujeto —un ser que posee un yo.


Si nos atenemos al elemento esencial del concepto entonces deberíamos reconocer como persona a todo ser que esté dotado con la capacidad de sentir, puesto que la capacidad de sentir implica la conciencia. Éste es el requisito a nivel fisiológico para ser incluido en el concepto de persona, en oposición a la noción de cosa o de objeto. Gracias a la investigación científica, sabemos que los animales no humanos son seres conscientes.

El aspecto moralmente relevante del concepto de persona está en la consideración que implica. Es decir, una persona es un ser que, a diferencia del resto de seres, posee un valor inherente. Así lo explica la profesora Priscilla Cohn:

«Al aseverar que los animales tienen un valor inherente, quiero decir que su valor es independiente de nuestros juicios respecto de su utilidad, belleza y así sucesivamente. Decir que los animales tienen un valor inherente significa entonces que su valor no es instrumental, o que no son meramente medios para nuestros fines humanos.»

Por esto, si un ser tiene un valor inherente esto quiere decir que no se le puede tratar justificadamente como si sólo tuviera un valor instrumental; esto sería explotación. Por esta razón entendemos que la esclavitud es inmoral. Un valor inherente es un valor absoluto —no relativo— e intrínseco al propio ser. Es un valor que no depende para su existencia de nuestro gusto o conveniencia.

Los únicos seres que pueden valorar son los seres sintientes. Sólo ellos pueden generar valoraciones —preferencias, deseos, intereses. Además, todos los seres sintientes se valoran a sí mismos —valoran su conservación, su bienestar y su libertad— aunque nadie más lo hiciera. Esto es lo que quiere decir que ellos poseen, de hecho, un valor inherente: un valor fijo e intrínseco a sí mismos por el hecho de ser sintientes.

Al ser sintiente también lo podemos denominar como individuo. El hecho de ser sintiente implica que uno se identifica a sí mismo [A=A] como una unidad diferenciada, dividida, del resto que lo rodea. Esto es el individuo. Y también es sinónimo de sujeto, en oposición a objeto.

Así pues, desde el punto de vista empírico, lo que define la condición de persona sería la sintiencia o conciencia sensitiva. Por otra parte, desde el punto de vista moral, lo que define la condición de persona es el valor inherente o valor moral intrínseco. Esto es, la noción de que el ser considerado como persona merece ser considerado y respetada por sí misma —como un fin en sí mismo— y nunca como un simple medio para conseguir alguna finalidad. Como diría don José Ortega y Gasset: Nos es dado a elegir, ante otro sujeto, entre tratarlo como una cosa —utilizarlo— o tratarlo como un «Yo» 

La noción moral de persona y el hecho fisiológico de la sintiencia coinciden lógicamente a través del principio de identidad. Ser sintiente —> Valor inherente —> Persona. Un ser dotado de sensibilidad genera un valor inherente y este valor implica que no es un objeto que sólo posee un valor instrumental que nosotros le asignemos.

La razón moral nos obliga a respetar a los seres sintientes; en tanto que son los únicos seres que poseen identidad. Mejor dicho: son identidad. La identidad —la conciencia de sí mismo— es lo que caracteriza esencialmente al ser sintiente. Y dado que un ser sintiente es un sujeto, y no un mero objeto, entonces no sería lógicamente correcto considerarlo ni tratarlo como un objeto, como si fuera una cosa que carece de valor intrínseco y podemos tratar instrumentalmente.

Sentir no significa simplemente obtener información sino procesar percepciones en forma de sensaciones, es decir, experiencias subjetivas. Eso es la conciencia: la conciencia sensitiva. En eso consiste ver, oír, oler, saborear, disfrutar, sufrir,... Esto es sentir.

Las plantas no sienten. Aunque puedan detectar la luz o sonidos, las plantas tienen ninguna capacidad para procesar esa información en forma de experiencias subjetivas, puesto que carecen de órgano o dispositivo que pueda ejercer esa función. Sólo los animales dotados de un sistema nervioso adquieren la facultad de sentir, ya que sabemos que precisamente una de las funciones principales del sistema nervioso centralizado consiste en generar sensaciones.

El dolor es una sensación. El placer es una sensación. La imagen también lo es. Al igual que los sonidos, los olores, las texturas, los placeres, los dolores. Son fenómenos físicos que se originan en determinada forma de la materia que es el sistema nervioso. Son producto de la actividad química y eléctrica del sistema nervioso.

El problema para determinar la conciencia radica en que se trata de una experiencia privada que no se puede observar desde fuera ni medir ni cuantificar. Por eso la única evidencia es la conciencia personal que tiene cada uno de sí mismo. Todo lo demás son siempre deducciones; no evidencias objetivas. Pero si las deducciones son lógicamente consistentes y se basan en evidencias empíricas, entonces hay que aceptarlas racionalmente.

Sabemos con certeza que nosotros podemos sentir porque tenemos estructuras neuronales especializadas en nuestro sistema nervioso que generan las sensaciones. Y resulta que los demás animales poseen esas mismas estructuras en forma idéntica, análoga o muy similar en su sistema nervioso. Por tanto, la única conclusión razonable sería deducir que ellos sienten. Si sienten entonces son seres conscientes. Por tanto merecen ser considerados y respetados como personas.

¿Podemos cuestionar el hecho de que "ver una imagen" implica "ser consciente de la visión de una imagen"? Hacerlo sería tan contradictorio como suponer que es posible sentir dolor sin ser consciente de que se siente dolor. Así, la sintiencia implica la conciencia. Todo ser sintiente es por este motivo un ser que posee una mente consciente.

Siempre que se produce una sensación tiene que haber necesariamente conciencia de esa sensación. Por ejemplo, si hay dolor tiene que haber por fuerza alguien que siente ese dolor !No puede haber dolor sin que haya alguien que le duela! El fenómeno de la sensación requiere de la subjetividad. Es por ello que entendemos que cualquier ser sintiente debe disponer, como mínimo, de una conciencia básica de sí mismo y de lo que le sucede. Así, ser sintiente es ser consciente, al menos en un grado elemental.

Si otros animales pueden experimentar imágenes, sonidos, olores, texturas,... entonces deben poseer al menos una conciencia básica: un yo que experimenta las percepciones procesadas en sensaciones. La sensación implica conciencia: alguien-siente-algo. Así es la naturaleza de la subjetividad. Este fenómeno establece la diferencia radical —tanto a nivel lógico como biológico— entre un objeto y un sujeto: entre una cosa y una persona.

Aparte, es importante aclarar que el solo hecho de ser una persona no implica que tal persona tenga alguna clase de obligación o responsabilidad. La condición de persona sólo implica que los agentes morales respetemos su valor inherente, es decir, que consideremos a un ser sintiente siempre como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio para los fines nuestros o de otros.

La responsabilidad y obligación sólo competen a los individuos que tienen una conciencia moral desarrollada. Persona no equivale a ser agente moral. Los animales no humanos son personas pero no son agentes morales —ni tampoco lo son todos los humanos— porque no tienen conciencia moral, que les permite comprender normas éticas y adaptar su conducta a ellas, y es por esto que no se les puede exigir obligaciones ni responsabilidad moral, ni sería lógico pretender que las tengan.

En definitiva, un ser dotado de sensación posee en efecto conciencia de sí mismo como individuo, y valora su propia conservación y bienestar y autonomía. Por tanto, no hay razón para no considerarlo una persona y respetar sus intereses.

En el contexto jurídico, el término persona se refiere al individuo que tiene la aptitud para poseer derechos. Los derechos son protecciones de intereses. Ahora, todos los seres dotados de sensación poseen intereses básicos, como el interés en continuar viviendo, así que no hay una razón básica que justifique discriminar a los otros animales sintientes de la personalidad jurídica. Si bien, aquí nos limitamos a tratar la cuestión de la personalidad en sentido neurobiológico y en sentido moral.

También hay otras concepciones diferentes de que lo que supuestamente deberíamos entender como persona, la cuales tienen como requisito necesario: [A] la capacidad de razonar o inteligencia, [B] la posesión de alma, o [C] la pertenencia a la especie humana.

Mi respuesta a esas concepciones es que son erróneas:


[A] La inteligencia, o la capacidad de razonar, no es una condición necesaria para tener conciencia. La conciencia sensitiva es la forma básica de conciencia. Es precisamente la conciencia lo que distingue al sujeto del objeto: al individuo de la mera cosa. Todo ser sintiente tiene conciencia por el mismo hecho de sentir. Sentir implica necesariamente que alguien siente algo —un sujeto experimenta una sensación. La sensación requiere del sujeto y la aparición de la subjetividad es lo que permite la conciencia. Por tanto, no es la inteligencia o raciocinio lo que genera la subjetividad como tal sino que es la sintiencia.

[B] La existencia del alma es un postulado metafísico que no ha sido demostrado ni cuenta con una sola prueba que avale su existencia. Por tanto, queda racionalmente descartada.

[C] Ni la capacidad de sentir ni la capacidad de pensar o razonar son exclusivas en la especie humana. Está demostrado que otros animales poseen dichas facultades. Ni siquiera son capacidades inherentes al hecho de ser humano, puesto que hay seres biológicamente humanos que carecen de sintiencia —embriones, cadáveres— o que carecen de raciocinio —bebés, seniles, discapacitados. Por tanto, asociar la personalidad, la condición de persona, con la pertenencia a la especie humana incurre en un evidente error.

En definitiva, considerar que los animales son personas es una posición basada tanto en la ciencia como en la filosofía. Consideramos que los animales sintientes son personas tanto desde una perspectiva empírica como desde una perspectiva moral, y pensamos también que deberían ser reconocidos como tales desde una perspectiva jurídica.

Para esta exposición me he basado parcialmente en el trabajo del profesor James W. Walters, que define formalmente la personalidad como la capacidad de ser consciente de uno mismo como un individuo singular en medio de otros seres. También en el trabajo del profesor Gary L. Francione, que considera que la noción de personalidad debe englobar a todos los seres sintientes; la cual está necesariamente asociada al rechazo de considerarlos como objetos y propiedades. Así como también en el trabajo del filósofo Mark Rowlands que argumenta que la condición de persona sería equivalente a la condición de poseer autoconciencia, siendo la autoconciencia básica una característica inherente a la propia naturaleza de todo ser consciente.

Bibliografía:







14 de enero de 2014

La verdad es una cuestión moral





El matemático y filósofo William K. Clifford defendía la noción de que tenemos una obligación ética de asegurarnos que nuestros conocimientos son realmente ciertos - basados en evidencias. La verdad es una cuestión moral. Porque de lo que nosotros creamos y difundamos como verdad dependerá las decisiones que tomemos, y esas decisiones nos afectan directamente a nosotros y a los demás.

Si esta postura es correcta, entonces hacer pasar por verdadero algo que no sabemos con certeza sería mentir. 

Si yo afirmara, por ejemplo, que "la civilización inca duró cuatro siglos" estaría mintiendo. Aunque el dato fuera objetivamente cierto. Porque no tengo ni idea de cuanto tiempo duró, pero aun así intento hacer pasar por verdadero algo que no sé ni me he molestado en enterarme. Da igual la veracidad del dato; lo importante es mi intención.

A nivel puramente factual, una proposición puede ser correcta o incorrecta según concuerde con los hechos. De ese modo, podremos decir que es cierta o que es falsa. Pero a nivel moral, lo relevante no es sólo si el hecho es objetivamente correcto o no; sino que la cuestión principal reside en la intención y la conducta motivada por dicha intención.

Cuando la información al respecto está disponible y accesible, pero sin embargo uno dice cosas que son objetivamente falsas, entonces está mintiendo siempre. No se ha tomado la molestia de averiguar, y confirmar, que su creencia o sus datos son verídicos. Un caso claro de esto es la viabilidad nutricional de la alimentación vegana. Quienes dicen que no podemos vivir sin usar a otros animales como comida - en el modo en que sea - están mintiendo siempre.

No quiero decir que cualquier error o falsedad que podamos enunciar en una declaración sea automáticamente una mentira. Pero si afirmamos algo falso como verdad porque previamente no nos hemos esforzado en conocer y confirmar si lo que estamos diciendo es realmente verdadero, entonces estamos mintiendo. Incluso aunque supusiéramos que sea verdad. La honestidad intelectual nos obliga a verificar todas nuestras creencias.

Tampoco estoy hablando del caso de que seamos engañados. Si alguien perpetra un engaño y caemos en la trampa a pesar de nuestras precauciones, entonces no estaríamos mintiendo. Esto es sólo excusable si alguien ha sido precavido. Tomar por verdad automáticamente lo que otros nos digan tal cual es una falta moral.

De este modo, la ética nos obliga a ser escépticos. Per ser escéptico no consiste en "no creer en nada". Ser escéptico, desde el punto de vista racional, implica no aceptar como verdadero nada que no tenga claras evidencias a su favor. Ya sean evidencias lógicas y/o empíricas.

Lo correcto no consiste en recopilar datos para sostener nuestros argumentos preconcebidos. Sino que primero debemos acudir a las evidencias y luego y ir deduciendo conclusiones lógicamente coherentes a partir de ellas. No al contrario: sólo dar por buenos los datos que coincidan con nuestro prejuicio.


La veracidad se basa solamente en la consistencia objetiva de las pruebas que se presenten. Quién sea la persona que presente los argumentos no es relevante para determinar si los argumentos que se presentan son verídicos. 

Hay que tener en cuenta siempre que una evidencia o certeza no es una creencia. El conocimiento de las evidencias es objetivo, universal y demostrable. En cambio, las creencias son un conocimiento derivado y susceptible de cambio, error y mejora. Las creencias, para ser racionales, deben basarse en las evidencias. Sólo así pueden dirigirse hacia la verdad.

El conocimiento se fundamenta en los axiomas (la lógica) luego en los los datos o videncias empíricas y, a partir de aquí, surgen racionalmente las creencias (ideas, opiniones). La ciencia es el mejor ejemplo de este proceso. Pero no hay razón por la que no podamos aplicar el mismo método a otros ámbitos de conocimiento, como la ética.

Por tanto, no hay que hacer ningún "acto de fe" para conocer la veracidad. Sólo hay que contrastar los datos y acudir a fuentes paralelas - previas y posteriores - para ver si coinciden los resultados. 

La ética se basa en la verdad y es una obligación moral procurar que nuestros conocimientos y creencias se fundamenten y orienten hacia la verdad. Esto implica también que debemos atenernos a la verdad sin importar si coincide con nuestras creencias, deseos o preferencias.

6 de enero de 2014

"!No hagan sufrir a los cerdos!"



Hace ya algún tiempo me encontré con este vídeo en el que unos niños le pedían a la empresa McDonald´s que por favor dejara de comprar carne de cerdo a las granjas que los encerraban en determinadas jaulas y solicitaban que los trataran con "menos crueldad":


Vale la pena leer la petición, porque en unos pocos párrafos sintetizan todos los tópicos habituales que se esgrimen al respecto: "apenas comemos carne de estos sitios"; "el sufrimiento les provoca estrés y eso hace que su carne sea menos saludable",.. Ni siquiera piden que haya una ley general que prohíba ese tipo de jaulas, sino que se lo piden específicamente a McDonald´s, como si el resto de empresas que comercian con animales no existieran. Es una iniciativa calcada a la que promueve la organización bienestarista PeTA y su homóloga en el mundo hispanohablante: Anima Naturalis.

Ahora, reflexionemos un momento sobre esto: si sucediera que unos hombres tuvieran privados de libertad a otros semejantes para obtener algún beneficio —para utilizarlos con fines sexuales o para obligarlos trabajar— seguro que no juzgaríamos que el problema de esa situación es el sufrimiento. El problema real es la injusticia de utilizar a otros individuos sin su consentimiento, en contra de su voluntad, a costa de vulnerar sus intereses básicos. Esto siempre que asumamos que a los seres humanos hay que respetarlos como personas con derechos inalienables, porque un utilitarista no aceptaría este planteamiento y pensaría de forma muy distinta.

Es probable que la petición haya sido supervisada por adultos, pero me parece muy significativo que sean precisamente unos niños, que todavía no tienen el suficiente discernimiento y experiencia sobre ética básica, y cuestiones morales, quienes cometen el error de focalizar en el sufrimiento, sin cuestionar la propia injusticia de la esclavitud.

Como bien señalara el profesor Tom Regan, lo relevante para determinar la moralidad no radica en si se les hace sufrir mucho o poco a la víctimas. Cualquier sufrimiento causado por una injusticia es igualmente rechazable; pero no por el sufrimiento en sí mismo, sino porque es causado de forma injusta. Por esto, lo relevante para determinar el error moral está en quebrantar en nuestras acciones el reconocimiento del valor inherente y del principio de igualdad. Esto sucede cuando tratamos a seres conscientes como si fueran objetos y simples medios para nuestros fines; cuando ignoramos o supeditamos sus intereses para que sirvan a los nuestros. Por esto juzgamos que es injusta la explotación de animales. Es injusto utilizar a los otros animales independientemente de si les causamos mucho, poco o ningún sufrimiento al hacerlo.

Según ha argumentado en numerosas ocasiones el abogado y activista Gary Francione, la reforma de 'Bienestar Animal' tiene como objetivo real tranquilizar la conciencia de la gente para que se sienta cómoda consumiendo animales: que tengan menos cargo de conciencia al hacerlo y que no se cuestionen lo que están haciendo.

El bienestarismo no desafía la dominación humana sobre los demás animales. La perspectiva bienestarista se focaliza en el sufrimiento, sin oponerse al uso de animales. Al bienestarismo, como su propio nombre indica, sólo le importa el bienestar pero no le importan la libertad, la igualdad, ni la dignidad —el respeto por el individuo.

Mientras no abandonemos el paradigma bienestarista no podremos comprender, ni hacer entender, que los otros animales son personas no humanas que merecen el mismo respeto básico que nosotros. Bajo el bienestarismo, los animales nunca podrán tener derechos reconocidos y seguirán siendo esclavizados como recursos para los humanos —injustamente discriminados por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana.

2 de enero de 2014

Una reflexión para comenzar el año


Resulta mucho más gratificante trabajar para conseguir un objetivo a corto plazo que trabajar por un objetivo a muy largo plazo que es posible que nunca veremos realizado. Tal vez por eso tantos activistas prefieren apoyar campañas que ofrecen conseguir supuestos logros ahora mismo —que les hagan sentirse satisfechos consigo mismos— que involucrarse en una tarea de muy largo recorrido en la que el avance no se aprecia a simple vista y cuyo éxito quizás nunca lleguen a ver en su vida personal.
 
No podemos cambiar la sociedad si nosotros mismos repetimos los mismos errores que provocan la violencia contra los demás animales. Si marginamos el veganismo, y somos tolerantes con el especismo y con el bienestarismo, no conseguiremos erradicar el problema de la opresión que padecen los animales nohumanos. 
 
Por eso, posicionémonos a favor de un activismo que promueva el veganismo —conectado con la ética de Derechos Animales— que rechace tajantemente el especismo y pida la abolición de todo uso de animales no humanos. Un activismo educacional compuesto por activistas y organizaciones de base que difundan el veganismo a toda la sociedad.

El cambio empieza en nosotros mismos, en cada uno de nosotros, y ese cambio exige que abandonemos los errores y prejuicios que heredamos del pasado.


31 de diciembre de 2013

La banalidad del mal


El hecho de que humanos normales y corrientes sean capaces de cometer crímenes y atrocidades en determinadas circunstancias es achacado por algunos a una supuesta maldad intrínseca en la naturaleza humana. Sin embargo, tal maldad no está demostrada, y cabe la posiblidad de que esto ocurre debido a la educación y el ambiente social en que vivimos.

La filósofa Hanna Arendt acuñó la expresión «banalidad del mal» como concepto para explicar por qué y cómo sucedía que personas mentalmente equilibradas, integradas en la sociedad, y que no estaban incapacitadas para la empatía ni el razonamiento moral, pudieran participar en sucesos terribles y asumirlo como algo aceptable y normal. Arendt utilizó el caso de Adolf Eichmann para ilustrar esta inquietante realidad. 

Podemos comprobar que estamos inmersos en una cultura de la violencia que nos dice que los fines justifican los medios. Esta ideología nos lleva a cometer actos que en el fondo sabemos que están mal con el objetivo de lograr esos fines que consideramos importantes, valiosos y/o necesarios. 

Aunque podamos razonar que hay principios éticos básicos —como el respeto por el valor inherente del individuo— que no deberían sacrificarse por ningún fin, esta noción moral es algo que todavía no se ha comprendido ni asimilado plenamente en nuestra cultura. Existe en permanente conflicto entre ambas posturas: la ética y el consecuencialismo.

La ideología del consecuencialismo, y sus efectos directos, podemos comprobarla nuestra relación con los demás animales. Consideramos que nuestros fines justifican que tratemos a los animales no humanos como simples medios para lograr los fines humanos. Esta forma de pensar nos ha conducido a cometer la domesticación de los animales.

Cuando rechazamos esa forma de pensar, y reconocemos el valor intrínseco de los individuos no humanos, es entonces cuando podemos cambiar nuestra conducta y dejar de participar en esas actividades de opresión. No sucede que fuéramos malvados y ahora seamos buenos por arte de magia. Sólo hemos modificado en parte nuestra forma de pensar. Los demás humanos que continúan participando en la explotación sobre los animales no son malvados sino que no han reflexionado o no han tomando conciencia lo que están haciendo. Es una cuestión de comprensión moral.

Puede ocurrir que a veces hay nociones que no comprendemos en su momento y que sólo después de un tiempo alcanzamos a entender y asimilar. Así, la comprensión generalizada o mayoritaria de que el especismo es injusto no puede suceder de un día para otro, pero progresivamente va aumentando cada día el número de personas que toman conciencia de ello y deciden actuar haciéndose veganas.

Claro que hay casos excepcionales de individuos que son sádicos o psicópatas de forma inherente a su naturaleza. Pero ésa no es la realidad de la mayoría de humanos. La gran mayoría son capaces de empatizar, de aplicar el principio de igualdad, y de comprender que los demás animales son seres sintientes que merecen respeto. Otra cosa es que esta moralidad no esté aún establecida en nuestra sociedad, y sólo sea defendida, de momento, por el movimiento de Derechos Animales.

Se nos educa desde niños para considerar inferiores a los demás animales; a creer que ellos existen en el mundo para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Estamos continuamente inmersos en un ambiente cultural que reafirma una ideología de supremacismo humano hasta el punto que ni lo advertimos como tal. Muchos consideran el antropocentrismo como algo natural, sin darse cuenta que es un prejuicio ideológico como lo es también el racismo, el sexismo, o la homofobia. Esto no son tendencias naturales inamovibles —como la ley de la gravedad— sino que son formas de pensar y de actuar que podemos comprender y modificar.

Resultados empíricos como los que aporta el experimento Milgram aportan luz a este respecto, puesto que nos ayudan a entender por qué a veces actuamos contra nuestra propia intuición moral. Quizás esto pudiera ayudar a comprender que cuando somos especistas estamos actuando como los individuos que protagonizaron dichos experimento: estamos utilizando a otros individuos —a los otros animales— como simples medios para un fin; ignorando el daño y el sufrimiento que les infligimos intencionadamente. Actuamos así motivados por la inercia de obedecer la autoridad, como la autoridad de sus padres que nos educaron para comportarnos de cierta forma o la autoridad de la sociedad y las costumbres que fomentan unas conductas determinadas.

Así es cómo funcionan los prejuicios grupales a nivel psicológico. Permiten eliminar o anular la empatía para así poder discriminar y agredir a otras personas sin remordimiento. El especismo no funciona de manera esencialmente diferente del resto de prejuicios morales. Según explica la psicóloga Jennifer Delgado: 

«Solemos creer que sólo las personas 'enfermas' o con determinados rasgos de personalidad pueden ser capaces de exhibir este tipo de comportamientos; sin embargo, muchas personas que podrían ser calificadas como empáticas también pueden —en ciertos contextos— comportarse de esta forma.»

Cuando tenemos interiorizado el antropocentrismo, entonces no nos importa que los demás animales sientan, que sufran, que deseen vivir —nada de esto nos importa. Ellos no son de nuestra especie y con esto ya consideramos justificado utilizarlos y perjudicarlos en nuestro favor. No son humanos, por tanto, está bien hacerles lo que jamás querríamos que nadie nos hiciera a nosotros mismos o a otros humanos. Podemos explotar a los otros animales sin remordimiento; ignorando todo el daño y el sufrimiento que les causamos. El prejuicio del especismo nos permite anular nuestra empatía con la excusa de que ellos no son humanos.

Toda forma de opresión que ejercemos sobre los demás animales, como es utilizarlos de comida o de sujetos forzados en experimentos, también fueron cometidas sobre otros humanos. Lo único que cambia es la especie de las víctimas que son explotadas. Pero todas las víctimas son iguales en tanto que son seres conscientes —seres que sienten, sufren y tienen voluntad e intereses propios. 

Es cierto que cambiar una creencia arraigada en nuestra mente no es tan sencillo como cambiarse de camisa. Esto es algo que necesita tiempo y dedicación. Un prejuicio es una creencia que ha sido asumida sin razonamiento y, por tanto, es más difícil de erradicar que una creencia razonada. Pero en ningún caso es imposible. De la misma forma que el racismo y el sexismo se han ido eliminando progresivamente, lo mismo ocurrirá con el especismo, si trabajamos por ello. La tarea más importante que podemos emprender es la educación.

La bondad o el sentido moral no son facultades que se puedan aprender ni enseñar; son inherentes a cada individuo. Sin embargo, todo el conocimiento que necesitamos para desarrollar nuestra capacidad ética sí que tenemos que aprenderlo y difundirlo. Es precisamente esa falta de conocimiento la que nos lleva a no advertir nuestro especismo y a causar todo el daño injusto que infligimos a los demás animales. No porque seamos malos ni crueles, sino porque no somos conscientes de lo que estamos haciendo. La educación, y sólo la educación, puede remediar este problema.

27 de diciembre de 2013

El aborto y la cuestión del especismo


Hay posturas que afirman que el aborto de seres humanos siempre está mal porque supone matar a un ser humano. Otras posturas consideran que una mujer tiene derecho a interrumpir su embarazo en cualquier etapa de la gestación, sin importar qué consecuencias tuviera para el feto ni en qué desarrollo se encuentre. Por último, hay otras opiniones morales que consideran que el aborto no sería problemático en las primeras etapas de embarazo —los primeros meses— pero que a partir de cierto momento, el feto adquiere una característica cualitativa que lo distingue moralmente: la capacidad de sentir.

Por lo general, las perspectivas morales no influidas por prejuicios irracionales o dogmas religiosos admiten que no habría problema moral en abortar durante las primeras semanas del embarazo puesto que el embrión no es sintiente; no tiene un sistema nervioso activo. Incluso en los primeros meses tampoco hay prueba acerca de la presencia de sintiencia. Ahora bien, parece que cuando el feto ya tiene entre cinco y seis meses ya hay evidencia de que que posee un sistema nervioso en funcionamiento; que puede experimentar sensaciones. Ya hay alguien ahí. No es simplemente un ser vivo sino un ser sintiente: un individuo que percibe conscientemente.

Que la gran mayoría de personas que razonan al respecto, sin partir de dogmas o prejuicios, llegue a la conclusión de que hay una diferencia moralmente cualitativa entre un feto no sintiente y un feto sintiente no me parece que sea una mera casualidad.

Lo que distingue moralmente a un sujeto de un objeto es la capacidad de sentir. Un embrión no tiene capacidad de sentir. El feto no desarrolla el sistema nervioso hasta muy avanzada la gestación. Y si no siente entonces no tiene derechos morales, porque los derechos protegen intereses. Pero sin capacidad de sentir no se pueden tener intereses ni sensaciones ni intenciones ni nada de lo que caracteriza intrínsecamente a una persona.

La cuestión de fondo está en que si la personalidad moral —la condición de persona— no puede asociarse racionalmente con la pertenencia a determinada especie entonces la única opción razonable que justifique la inclusión en esa categoría debe ser la capacidad de ser consciente. Esto es: la capacidad de experimentar sensaciones y de tener intereses o intenciones. Esta característica es la que diferencia ontológicamente a un sujeto [una persona] de un simple objeto [una cosa].

Sin embargo, no debemos confundir la capacidad de sentir con el hecho específico de sentir dolor. Hablamos de la capacidad de sentir como cualidad en general. El dolor es sólo una de las muchas sensaciones que experimenta un ser sintiente y si un ser es sintiente entonces tiene intereses —como el interés en continuar existiendo— y es un sujeto; no un mero objeto. Por tanto, no debemos tratarlo como si fuera un simple medio para nuestros fines.

Algunas posiciones alegan que no sabemos con certeza cuándo comienza el feto a ser sintiente. Es cierto que no lo sabemos con exactitud. Pero sí podemos tener una idea aproximada. La ciencia nos aporta datos relevantes al respecto. Del mismo modo que no saber exactamente cuándo comienza a amanecer no significa que no podamos establecer una diferencia más o menos nítida entre el día y la noche. Esto no significa que podamos establecer un criterio absoluto, ya que cada proceso de embarazo concreto puede tener diferencias relevantes, pero sí sabemos en general que el sistema nervioso de un feto no puede funcionar antes de los tres meses y que antes de los seis meses no hay evidencia clara de que pueda sentir.

Que la ciencia rectifique constantemente en base a las evidencias es precisamente lo que ha conseguido que sea la fuente de información sobre el mundo más fiable y precisa de la que tenemos noticia. A pesar de posibles errores, la ciencia es mucho más confiable que cualquier otra herramienta de conocimiento en el ámbito empírico, ya sea la intuición, la revelación o la mera creencia sin pruebas. Lo es precisamente porque se hace autocrítica y revisión constante en todos sus aspectos.

Por otra parte, el argumento de que un embrión debe ser tratado como una persona porque, aunque todavía no lo es, 'será una persona' constituye una falacia lógica. Este argumento es una falacia categorial que confunde el presente existente con un hipotético futuro. Si ese argumento fuera racionalmente válido entonces sería justo que tratáramos a los vivos como si fueran muertos, ya que todos los vivos, sin excepción, morirán en un futuro. Eso es confundir lo que existe en el presente real por entidades imaginarias no-existentes de un supuesto futuro que no existe.

Por otro lado, también se dice que el embrión no sintiente está vivo. De acuerdo. Las plantas también son seres vivos. Entonces ¿por qué motivo merecerían consideración solamente los seres vivos humanos y no los de otras especies? ¿Es así sencillamente porque nosotros lo decimos sin más? Esto sí que sería basarse puramente en el capricho personal; es pura arbitrariedad.

Si razonamos lógicamente no podemos llegar a conclusiones que se contradigan entre sí. El punto central de esa conclusión es que la persona se caracteriza esencialmente por la capacidad de sentir. De este modo, un embrión sin sistema nervioso activo no puede ser una persona porque carece de la capacidad de sentir. Por tanto, no debemos considerarlo como si lo fuera, porque no lo es; no es un quién. No es alguien; no siente.

Todo esto nos conduce finalmente a la cuestión de los Derechos Animales.

Si aceptamos el criterio moral de la sintiencia, esto implica que por coherencia lógica deberíamos reconocer a todos los seres dotados de conciencia sensitiva como miembros de la comunidad moral, independientemente de su especie. Si un ser puede sentir entonces es un ser consciente —un sujeto que tiene experiencias subjetivas: sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, intenciones. Así no podríamos justificar racionalmente que discriminemos a individuos no humanos sintientes de la misma consideración que damos a los humanos sintientes en lo que se refiere a su estatus de persona y sus derechos básicos.

La posición antiabortista exige el derecho a vivir para embriones humanos que no sienten y se lo niega a animales no humanos que sí sienten y desean vivir. Esto es otro claro ejemplo de especismo. Con la peculiaridad de que, en este caso, es un prejuicio especista que también perjudica a individuos humanos Por ejemplo: se vulnera el derecho de la mujeres a decidir libremente si desean seguir adelante con su embarazo, durante sus primeras fases, con el alegato de que un embrión humano merece consideración moral por el mero hecho de ser humano —antropocentrismo. Como el embrión es un ser humano —y en efecto es un ser genéticamente de la especie humana— entonces debe ser protegido como cualquier ser humano. Bajo esta perspectiva, el aborto sería siempre inmoral.

La posición antiabortista fundamentada en el antropocentrismo está aplicando de forma coherente el prejuicio de que los humanos merecen respeto por el mero hecho de ser humanos. Este prejuicio especista conlleva que el resto de animales sean discriminados de la comunidad moral sólo por no ser humanos, a pesar de que ellos son seres conscientes —seres que sienten, sufren y desean. Ahora, si ese criterio antropocéntrico no es racionalmente válido en la cuestión del aborto entonces tampoco puede ser aceptable como criterio de consideración moral en cualquier otra cuestión moral.

20 de diciembre de 2013

No son libres


Por si quedaran algunas dudas de que veganismo y vegetarianismo son cosas bien diferentes y opuestas, artículos como «Quesos sin cuajo animal para lactovegetarianos» sirve para despejarlas.

Vegetarianismo es explotación animal. Los vegetarianos apoyan y promueven el consumo de secreciones animales como el consumo de huevos. Todo aquello que no sea carne es aceptable según el vegetarianismo.

Cuando Donald Watson, y otros pioneros, fundaron el veganismo en los años 40 del siglo XX, los vegetarianos ya sabían por aquel entonces —y saben actualmente— que no hay diferencia moral entre carne y lácteos, pero no quisieron aceptar que el vegetarianismo ampliara su rechazo a los lácteos porque decían que primero habría que conseguir abolir la carne y luego ya se vería lo demás. Por eso, Watson y otros antiguos vegetarianos crearon su propia organización dando comienzo así al movimiento vegano.

Afirmar que primero hay que abolir la carne es una preferencia arbitraria e injustificada. Es como decir, por ejemplo, que primero hay que centrarse solamente en abolir el canibalismo y después nos preocuparemos quizás de abolir la esclavitud, el asesinato, la violación sexual, la tortura,.... Pero este orden está basado en una falacia, porque se centra en características irrelevantes. Cualquier práctica que cosifique e implique violencia contra otras personas es igualmente rechazable sin importar los detalles secundarios.

Cada vez que alguien usa el término vegetarianismo como sinónimo de veganismo —por ejemplo, cuando alguien dice cosas erróneas como la de que «una dieta vegana es 100% vegetariana»— se deduce de esto que o no tiene un conocimiento informado de lo que está hablando o intenta engañar a alguien. No hay otra opción. Para quien tenga acceso a Internet, y esté leyendo esto, la primera opción ya no puede ser excusable y la segunda es inmoral. Por favor, no engañen a la gente. ¿Por qué algunos siguen equiparando veganismo y vegetarianismo como sinónimos cuando es evidente a poco que investigues que no lo son?

No hay ninguna diferencia moral entre consumir carne o lácteos o huevos. Todos los animales son igualmente esclavizados y enviados al matadero. Si acaso, hay todavía más sufrimiento detrás de un trozo de queso que detrás de un trozo de carne, porque las vacas son explotadas durante varios años para quitarles su leche, mientras que los no-humanos destinados a carne apenas viven unas pocas semanas o meses. Asimismo, las gallinas utilizadas para producir huevos padecen las mismas condiciones que el resto de no-humanos esclavizados.

Si bien, la cuestión fundamental no está en cómo explotamos a los demás animales, sino que lo que está mal es el hecho mismo de hacerlo, sin importar el cómo. La cuestión de fondo es que no debemos utilizar a los demás animales para nuestro beneficio.

Los animales son seres conscientes que tienen voluntad e intereses propios referidos a su propia supervivencia y bienestar. No son máquinas o herramientas para servirnos de comida u otros fines. Los animales no humanos son seres sintientes que valoran su existencia tanto como nosotros valoramos la nuestra. No tenemos ninguna justificación moral que avale el hecho de que los utilicemos como medios para nuestros fines, a costa de violar su individualidad y sus intereses.

A menudo podemos oir expresiones del tipo: «Pero si los animales están en libertad y sólo se cogen sus huevos pero no les matan ni les hacen nada malo». Sobre esto hay tres aclaraciones que señalar:

Primero; quitarles sus huevos es robarles. Los huevos no son nuestros sino de ellos. No nos han dado su permiso para cogerlos y usarlos en nuestro provecho.

Segundo; ningún animal que vive sometido a la voluntad de otros puede ser libre, por definición. No son libres, aunque estén confinados en un espacio al aire libre. Siempre estarán privados de libertad.

Tercero; los animales que viven tutelados en domicilios privados o que están acogidos en refugios o protectoras o santuarios tampoco son libres. Aunque no sean utilizados para comida o para compañía. Ellos no pueden decidir sobre su propia vida, a diferencia de los  animales silvestres que viven en la naturaleza. No son libres. Ni siquiera aquellos animales que viven en la naturaleza serían libres, legalmente hablando, puesto que los humanos los consideran de su propiedad.

Todos los individuos no humanos del planeta están sometidos legalmente a la condición de propiedad humana; ya sea por parte de los Estados, las empresas, o individuos particulares. El antropocentrismo ha extendido la esclavitud a todos los habitantes de la Tierra que no son humanos.

Los animales no humanos deben ser libres. Pero no lo son. Éste es el problema. Y el veganismo es la solución.

18 de diciembre de 2013

¿Una buena noticia?


¿Es una buena noticia que cada vez haya disponibles más productos aptos para veganos? La cuestión no me parece intrascendente, ni tampoco creo que se pueda contestar razonablemente con una simple afirmación o negación. Así que reflexionemos un momento sobre ello.

Algunas personas objetan que no estaría bien consumir esos productos aunque sean completamente vegetales si son vendidos por empresas que explotan animales para otros productos.


Yo considero que cuando nosotros consumimos un producto que no implica utilizar a otros animales entonces no estamos demandando explotación animal ni estamos apoyándola financieramente. Si yo consumo zumo de naranja de determinada empresa entonces no estoy demandando ni financiando la explotación animal, aunque la empresa que vende ese producto explotara animales para vender otros productos. Tengamos en cuenta que esos otros productos que implican utilizar animales no existen porque la empresa lo decidiera así sino porque la gente los demanda.


Por tanto, en principio no veo que hubiera nada incorrecto en consumir esos productos si son aptos para veganos. Otra cosa es que no queramos apoyar a determinada empresa por cometer abusos contra humanos o contra el medio ambiente —que afecta a todos los animales—  y que tienen que ver con toda su dinámica empresarial que incluye los propios productos que nosotros consumimos. La ética no termina ni se limita al veganismo; pero ese asunto ya sería aparte al sentido propio del veganismo.


Es cierto que una empresa no va a dejar de explotar animales sólo por incluir productos vegetales en su oferta. Ahora, si todo el mundo dejara de consumir animales entonces sí dejarían de hacerlo. Las empresas no explotan animales por gusto sino por satisfacer una demanda social. El problema está en la demanda. Por lo general, es la demanda la que moldea la oferta. Y la única forma de cambiar esa demanda es cambiando la forma de pensar y de actuar de la gente mediante el activismo.


Por supuesto que yo considero que es mejor apoyar a una empresa vegana siempre que tengamos la oportunidad; pero en el contexto actual eso no es posible, ya que apenas existen dichas empresas. Así que tenemos que ajustarnos al contexto social en el que vivimos, tratando de cambiarlo hacia la abolición de la explotación animal mediante el activismo educacional.


Por otra parte, es una buena noticia que aparezcan estos nuevos productos porque esto refleja que el número de veganos ha aumentado y se les tiene en cuenta como consumidores. Ahora, también es cierto que no sirve de nada tener opciones veganas disponibles si perdemos de vista que debemos conseguir progresivamente que la sociedad sea vegana. 

Veganismo no significa formar parte de ningún culto, comunidad o club. Veganismo significa dejar de formar parte de la explotación animal. Veganismo significa hacer activismo para erradicar la explotación de los animales no humanos. Veganismo significa la emancipación de los animales no humanos de la dominación de los humanos.

El veganismo no trata acerca que a nosotros nos resulte más cómodo vivir sin utilizar a los animales no humanos. No es un estilo de vida. De lo que se trata es de lograr la abolición de la explotación especista, empezando por aplicar ese principio abolicionista en nuestra propia vida. Es una cuestión de justicia moral.

En países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania puedes encontrar miles de opciones veganas de todo tipo en todas partes. Sin embargo, el porcentaje de veganos no supera todavía el tres por ciento de la población. Y si nos quedamos así entonces los demás animales seguirán siendo esclavizados indefinidamente, igual que ahora.


En aquellos países parece que predomina el modelo del vegano-consumidor, que es muy riguroso en lo que consume, lo cual está bien, pero no es menos importante ser un vegano-activista que hace todo lo que está en su mano para promover educativamente el veganismo.


Sin embargo, el porcentaje de veganos que hace activismo vegano es una minoría. Por desgracia, muchos veganos no pueden hacer activismo por cuestiones personales o dedican su tiempo a campañas que no difunden el veganismo sino que se centran en la 'crueldad' de algún tipo específico de explotación especista [tauromaquia, caza de focas, pieles,...] en lugar de promover el veganismo. Sería una gran noticia que esta tendencia se revirtiera y que todas las personas que son veganas dedicaran sus esfuerzos principalmente a difundir el veganismo.


Aun siendo muy pocos, en comparación, quienes hacemos activismo vegano, se puede apreciar que el veganismo ha crecido muy notablemente en estos últimos años, con la inestimable ayuda de Internet y el imprescindible trabajo de algunos colectivos veganos.


¿Cuánto más prodríamos conseguir si todos centráramos nuestras energías en la difusión del veganismo? Podríamos conseguir un mundo vegano.


Si nos importa la justicia entonces haremos todo lo que podamos para remediar la injusticia. Si nos importan las víctimas haremos todo lo posible por acabar su opresión. Todo lo posible ajustado a los mismos principios éticos que decimos defender.


En conclusión, podemos decir que sí es una buena noticia. Pero no perdamos de vista el verdadero centro del asunto: conseguir abolir el prejuicio del especismo y la explotación de los animales.