26 de julio de 2014

Desinformando sobre veganismo


Debido al auge del veganismo en los últimos años se hace habitual encontrar periódicamente noticias y artículos que mencionan el veganismo en los medios informativos, aunque también en muchas casos aparezcan desinformaciones, cuando no puras calumnias sin fundamento. Mucha gente ha oído hablar de veganismo. Otra cosa es que realmente tengan una noción cabal de lo que significa.

En relación con esto, me gustaría comentar brevemente algunas publicaciones recientes que presentan algunas desinformaciones sobre veganismo.

La difusión del veganismo se ha extendido tanto que hasta se habla de ello en el conocido programa español de Los 40 Principales. Por desgracia, resulta obvio que asumen el veganismo como si fuera un tipo de dieta. Pero no lo es. Aunque reconocen que una dieta vegana es saludable. Confusos están, sin duda, pero mentirosos al menos no son, pues quien diga que una dieta vegano no puede ser saludable está mintiendo.

El veganismo no es un tipo de dieta; el veganismo es un principio de ética. A pesar de que constantemente se confunde el veganismo con la aplicación del veganismo en la alimentación.

El otro día me encontré con una noticia sobre una "boda vegana".

Su única peculiaridad con cualquier otra boda reside en que el menú al parecer estaba libre de sustancias de origen animal. Aunque eso no es del todo seguro puesto que la propia pareja afirmaba que ellos hacen "excepciones con los huevos camperos". Pero eso es como decir que alguien es feminista aunque hace excepciones con las violaciones cometidas sobre mujeres negras. Obviamente no es feminista; sería un violador o alguien que aprueba las violaciones. Quien hace "excepciones" al veganismo no es vegano sino que es un consumidor de la explotación de animales.

Quizás estuvieran confundidos por la errónea suposición de que detrás del consumo de huevos no habría daño ni sufrimiento si provienen de una explotación "ecológica" o "humanitaria". Pero esto es una creencia equivocada. El consumo de huevos también implica infligir daño intenacionado a los animales, y además estamos haciendo uso no consentido de alguien que no ha dado permiso para que lo utilicemos ni que le quitemos sus huevos.

En la noticia se intercambian los términos vegano y vegetariano como si fueran sinónimos. Pero no lo son. Veganismo no es vegetarianismo. El veganismo es el rechazo moral hacia el uso de animales nohumanos. En cambio, el vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Son completamente antitéticos.

Por tanto, esta pareja no es vegana, sino vegetariana. Pero ellos usan erróneamente el término vegano. Sobre esta distorsión del veganismo ya comenté en un artículo anterior, y a él me remito para no reiterar la misma explicación. No son veganos pero deseo sinceramente que ellos, y todos en general, comprendan la diferencia entre vegetarianismo y veganismo, y lo que eso implica para los demás animales, y que pronto hagan la transición al veganismo.

Ahora, como si esto no fuera suficiente, al propietario del restaurante en el que se realizó la susodicha boda no se le ocurre otra cosa que decir lo siguiente: "buena parte del producto utilizado en los platos es orgánico y de producción local, dos aspectos ligados a la filosofía vegana." (?) Pero ¿de dónde se habrá sacado este buen hombre que el veganismo implica consumir orgánico y productos de producción local? ¿Se lo habrá inculcado la pareja de la boda? Decir esto es tan absurdo como afirmar que el feminismo está ligado al consumo de alimentación orgánica y de producción local. ¿Qué diantres tiene que ver? Nada. Igualmente el veganismo no tiene que ver con nada de esto.

Veganismo significa el rechazo ético al uso de animales no humanos y, por tanto, consumir y promover opciones que no impliquen dicho uso. Todo lo demás pertenece a otros ámbitos y categorías que no son intrínsecos al veganismo.

También se puede advertir que el texto está plagado de referencias medioambientales y sobre consumo ecológico. Y aunque tener en cuenta al medio ambiente, y procurar hacer todo lo posible por evitar y reducir la contaminación, es una medida muy razonable y necesaria, esto tampoco se deriva del veganismo. Veganismo y ecologismo no son lo mismo.

Los mismos errores y confusiones los vemos en noticias que pretende igualmente conectar el concepto de veganismo con cuidar la salud y proteger el ecosistema. Todo esto último está muy bien pero no es parte intrínseca o necesaria del veganismo. Es otra distorsión del significado del veganismo.

Por tanto, comprobamos que no sólo es responsabilidad de los periodistas sino de los propios veganos que difunden información errónea o de gente que se califica de vegana para querer significar que en realidad son vegetarianos o simplemente personas que llevan una dieta predominantemente vegetal —ni siquiera totalmente vegetal.

Aquí expongo otro ejemplo difundido en las redes sociales:

[Clicar en la imagen para ampliarla]

La imagen lanza el mensaje de que ante un determinado problema de salud la solución es una 'dieta vegana', como si eso equivaliera a una dieta saludable que se lleva a cabo por motivos personales de salud. Esto es una distorsión del significado de veganismo.

Es un mensaje erróneo principalmente por dos razones:

Primero; una dieta compuesta exclusivamente de maíz frito podría ser una dieta vegana, aunque no fuera saludable. Una alimentación es vegana en tanto que conlleva el rechazo moral a usar animales no humanos. No significa necesariamente saludable ni ninguna otra cosa. Una dieta vegana no es necesariamente más saludable que una dieta que incluya animales. Todo depende de cómo se lleve a cabo.

Segundo; una dieta vegana, por definición, sólo la puede llevar alguien vegano. Puesto que vegana significa que se hace por veganismo, es decir, por respeto moral hacia los demás animales como personas. Otra cosa es que alguien no-vegano pudiera llevar circunstancialmente una dieta 100% vegetal que coincide en el contenido con una dieta vegana. Pero vegana no significa sólo que sea 100% vegetal sino que se lleva a cabo por respeto hacia los animales no humanos. Es incorrecto hablar de dieta vegana para denominar sólo una dieta puramente vegetal —sin sustancias de origen animal— que no está determinada por el principio ético del veganismo.

Una dieta vegana es aquella que adopta quien rechaza moralmente el consumo de sustancias de origen animal en tanto que considera que los demás animales no deben ser usados como medios para fines humanos. Una dieta vegana puede ser saludable, pero para ser vegana no tiene por qué que ser saludable, sólo tiene que rechazar el consumo de animales nohumanos por motivos éticos.

Además, comer animales no es intrínsecamente dañino para nuestra salud. Los humanos llevan haciéndolo desde hace muchos miles de años y han desarrollado su salud plenamente desde entonces. Millones de humanos que comen animales diariamente están sanos y viven largas vidas. Es empíricamente falso asociar consumo de animales con daño a la salud. No hay pruebas científicas que avalen esa relación causal. Además, centrar el tema en la salud humana distrae injustamente la atención sobre la verdadera cuestión a concienciar que es el especismo y nuestra explotación sobre los animales.

Cualquiera puede llevar una alimentación vegana siempre que esté bien planificada. Pero si se planifica mal es entonces cuando pueden surgir los problemas. Sin embargo, entrar a debatir si una dieta vegana es más o menos saludable que una dieta no vegana resulta un absurdo moral y una pérdida de tiempo en nuestra labor activista. Ninguna dieta no vegana es éticamente aceptable. Los veganos debemos difundir que el veganismo es viable y realizable en la práctica, sin riesgo para nuestra salud, y que es un deber moral por respeto a los animales no humanos. Todo lo demás es desviar la cuestión hacia otros temas que no favorecen la difusión del veganismo.

19 de julio de 2014

El negocio bienestarista


«Huevos libres de jaulas»


Como ya apuntaba en un ensayo anterior, no podemos hablar correctamente de la existencia de un movimiento animalista puesto que dentro del ámbito animalista encontramos varias posturas singulares y diferentes entre ellas, con lo cual habría en realidad varios movimientos animalistas y no uno solo.

Lo que sí podemos es hablar de un negocio animalista. Es decir, hay organizaciones cuyo activismo no está enfocado en concienciar a la sociedad, sino que su propósito es organizar campañas con el objetivo de recaudar dinero para autofinanciarse y que sus miembros dirigentes puedan vivir profesionalmente de esta actividad. Uno de las más conocidos negocios animalistas, y que sirve de modelo para los demás, es PeTA.

¿En qué consiste este negocio? Es bien sencillo. Un ejemplo: ellos te muestran un "acto de crueldad" contra los animales de forma aislada [tauromaquia; matanza de delfines; granjas peleteras,...], con el fin de conmover las emociones del público, y te piden dinero diciendo que ellos ya se encargan de remediar ese problema.

Cada forma de explotación animal la presentan como si fuera un caso de violencia puntual y no como una consecuencia directa más, entre otras muchas similares, del especismo. Hablan de estos casos como si el resto de la explotación animal no existiera y como si fueran casos de "crueldad" que surgen espontáneamente sin una causa determinada:

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En este ensayo me refiero a las organizaciones corporativas. No me refiero a al activismo animalista en general. Estoy hablando en concreto de grupos que adoptan una estructura jerárquica y que buscan perpetuarse a sí mismos mediante la recaudación de dinero y la autopublicidad. Esto no tiene que ver con el hecho de que un grupo de individuos se junte a nivel local con el único objetivo de difundir el veganismo. Diferencio claramente entre los grupos activistas que se dedican a la educación de la sociedad y los grupos corporativos que se dedican al negocio.

Sin embargo, ese negocio está muy extendido dentro del ámbito animalista. Sólo existen algunos grupos activistas de base, compuesto por colectivos e individuos independientes, que tratan de concienciar a la sociedad. Muchos animalistas prefiere apoyar a los grupos corporativos y se convierten en dóciles seguidores de las órdenes que dicta la cúpula de la organización en la que participan. Esta dinámica tiene casi todo en común con los partidos políticos oligárquicos y nada que ver con lo que en realidad se supone que serían organizaciones sociales de activismo y voluntariado.

El principal fin que tienen estas organizaciones es el de crear un negocio rentable, del cual vivir, aprovechándose de la compasión de la gente. Para conseguir esto tienen que recopilar numerosos socios y donaciones económicas, publicitando "victorias" y "logros" de prohibiciones y reformas en la explotación de los animales. Pero estas supuestas "victorias" no son más que arreglos superficiales que en nada afectan al problema del especismo y la esclavitud de los no-humanos.

Podría listar muchos ejemplos, pero escogeré uno reciente que me parece representativo: la organización denominada "Igualdad Animal" [IA] publicitaba una supuesta "victoria" alegando que ellos habían conseguido que en la India se prohibiera la importación de foie-gras:


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Ahora, no hay prueba objetiva de que sus acciones haya conseguido promover esta medida. El boletín ministerial que presentan como prueba no dice nada al respecto. Además, prohibir la importación de foie-gras [paté de hígado de pato o de oca] no implica prohibir la importación de patés hechos, por ejemplo, con los cuerpos de cerdos o de atunes. ¿Acaso no está IA difundiendo la idea de que está mal utilizar patos u ocas para hacer paté con sus hígados pero que en cambio sí estaría bien hacer lo mismo con otros animales?

¿De qué sirve rechazar la compraventa de paté de oca  si luego compras o vendes paté de cerdo? Esto no ayuda en nada a los animales esclavizados. Lo único para lo que sirve es para potenciar el consumo de otros productos especistas. Cuando los consumidores no encuentran un determinado producto animal por lo general lo que hacen es consumir a otro producto animal en su lugar.

Puede que a algunos nos cueste comprender cómo es posible que alguien se crea aquella publicidad engañosa. Pero lo cierto es que esto sucede. Muchas organizaciones animalistas, sobre todo las más conocidas y presentes en los medios informativos tradicionales, practican el engaño de forma sistemática en sus campañas, y la mayoría de gente cree ciegamente en lo que dicen, sin más investigación.

El esquema de actuación es siempre idéntico:

[1] Presentan ante la sociedad un caso específico y minoritario de violencia contra los animales, aislándolo del entramado de opresión especista del que forma parte, y lo denoniman "maltrato" o "crueldad".

[2] Afirman que ellos van a solucionar ese problema, o que ya lo han solucionado, mediante alguna regulación o prohibición legal.

[3] Piden dinero para que ellos le pongan remedio definitivamente y para poder seguir solucionando otros casos similares.

Por supuesto, en realidad toda estas campañas tiene como única finalidad la de conseguir dinero. Casi todas las iniciativas que promueven estas organizaciones corporativas pretenden motivar a la gente a que les den dinero para poder financiar sus salarios y los gastos que conlleva el mantenimiento de la organización. Ésta es su principal objetivo, cuando no el único.

Estas corporaciones animalistas necesitan vender "victorias" cada cierto tiempo para darse publicidad e intentar conseguir que aumente su número de socios o donaciones y así poder seguir viviendo a costa de la compasión de la gente. Éste es el motivo principal por el que aparecen ese tipo de campañas e iniciativas periódicamente. El objetivo es imitar a grandes empresas animalistas, como HSUS y PeTA, que han montado un negocio multimillonario alrededor de lo que ellos llaman la "crueldad animal" y que se dedican a vender su versión de lo que entienden ellos que sería una explotación animal "menos cruel".

Su objetivo no es concienciar contra el especismo, ni promover el veganismo. De hecho, más bien provocan el efecto contrario: la gente no se hace consciente de la explotación sistemática y masiva que ejercemos sobre los demás animales y piensa que la violencia contra otros animales es algo puntual y causado por la "crueldad" de unos pocos individuos.

El criterio que determina sus acciones no es llevar a cabo lo que es justo o lo que es efectivo para acabar con la explotación animal; su criterio se basa en hacer aquello necesario para conseguir dinero con el cual mantener económicamente su organización y hacerla crecer. Funcionan con la mentalidad de una empresa comercial. Es por esto que hacen campañas especistas y promueven la regulación de la esclavitud en lugar de su abolición. Si una empresa quiere crecer y prosperar debe adaptarse a los intereses y preferencias de los consumidores, y si estos consumidores tienen una mentalidad especista, y tienen asumido también el prejuicio bienestarista, entonces los negocios animalistas les ofrecerán productos adaptados a esa mentalidad.

Los grupos bienestaristas no van a hablar de especismo al público ni va a pedir a la gente que se haga vegana. Conseguir la liberación animal no les daría dinero. No es un movimiento activista; es un negocio a costa de explotar la desgracia de inocentes.

Los grupos corporativos no piensan en lo que es justo; piensa en el negocio. El veganismo no es bueno para su negocio porque el veganismo supone criticar las ideas y costumbres de la gran mayoría de la población —y de la mayoría de animalistas. Por eso focalizan sus campañas contra unas muy determinadas formas minoritarias o marginales de explotación animal para ganarse así el favor de la mayoría social que no participa en esos actos concretos.

En ocasiones se dice que algunas de esas organizaciones habrían supuestamente ayudado a promover algún tipo conciencia sobre el problema de nuestra relación con los demás animales. Pero este hecho circunstancial no justifica su existencia o su actividad, especialmente si tenemos en cuenta que esa concienciación refuerza el prejuicio especista y se promueve bajo un enfoque bienestarista. Estas organizaciones animalistas han marginado deliberadamente al veganismo y han promovido la idea de que el problema en nuestra relación con los demás animales es conseguir una esclavitud más "humanitaria".

Nada de esto que expongo es nuevo, y varios activistas, como Gary Francione y James LaVeck Joan Dunayer, entre otros, ya denunciaban desde hace décadas cómo el autodenominado movimiento animalista se había convertido en realidad en el negocio animalista.

¿Qué podemos hacer los activistas veganos ante esto? En primer lugar, no desanimarnos. En segundo lugar, enfocar nuestros esfuerzos en difundir el veganismo tanto a nivel individual como a nivel colectivo con otros activistas.

Parece razonable suponer que más personas se han hecho veganas en lo que llevamos de siglo XXI que en todo el anterior siglo XX. La clave material de esta diferencia es Internet. Internet ha permitido liberarnos de la deliberada marginación que los grupos animalistas han ejercido contra el veganismo y así poder crear canales de comunicación independientes para difundir el mensaje vegano.

El veganismo se ha extendido sobre todo gracias a la existencia de Internet. Es Internet lo que ha permitido que en los últimos 15 años el número de veganos haya crecido exponencialmente en todo el mundo y que, por primera vez en su historia, el veganismo aparezca mencionado, o incluso promocionado ocasionalmente, en los medios de comunicación generalistas. Internet ha supuesto la aparición de un espacio informativo libre, no controlado por las empresas ni por las corporaciones animalistas.

Es decir, han sido el activismo independiente, el ciberactivismo, el activismo individual, el activismo de base, quienes han conseguido este progreso. No han sido las organizaciones corporativas. Al contrario, estas organizaciones ponen su esfuerzo en acabar con el auge del veganismo y perpetuar el canon bienestarista para así evitar que el abolicionismo pueda convertirse en un movimiento mayoritario.

Por último, y para evitar posibles malentendidos, debo aclarar algo que me parece obvio: no está en mis palabras, ni es mi propósito, el "atacar " a nadie —a ninguna persona. Lo que expongo aquí es una crítica razonada; no un "ataque". Sólo trato de explicar públicamente una serie de acciones y de ideas que considero erróneas y perjudiciales; con la intención de que la gente reflexione sobre ello y voluntariamente decida, teniendo en cuenta todos los hechos y argumentos.

Las organizaciones corporativas, al igual que la industria de explotación animal con la que a menudo tienen complicidad, se sostiene principalmente porque la gente las apoya. Si dejamos de apoyarlas, su negocio se acabó.

3 de julio de 2014

"Mira, alguien está haciendo lo mismo que hacemos nosotros. ¿No es odioso?"




Al igual que ya sucediera en su momento con personajes públicos como Melissa BachmannJuan Carlos de Borbón, entre otros, recientemente se ha vuelto a abrir la polémica por la difusión de unas fotos en las que alguien posa jactanciosamente junto a animales asesinados durante un safari de caza. En esta ocasión, la protagonista resulta ser una cazadora llamada Kendall Jones.

A mí no me sorprende que quienes han sido educados en el especismo se comporten de esa forma con otros animales. Lo cual nos engloba a casi todos nosotros. Ese comportamiento es consecuente con la idea de que los demás animales existen para ser utilizados en nuestro beneficio.

Lo que sí resulta chocante es que millones de personas en todo el mundo reaccionen condenando esos actos de violencia al mismo tiempo que ellos participan en la explotación de animales en su vida diaria. Esto sólo se puede explicar suponiendo que esas personas no han pensando la conexión entre lo que hacen diariamente a los demás animales y sus intuiciones morales básicas.

También ocurre una polémica muy parecida cuando se difunden imágenes del asesinato de delfines en Japón o de la tauromaquia en España. La gente reacciona ante esto como si los mataderos no existieran. Reaccionan como si ellos mismos no dieran dinero todos los días para que otros esclavicen y maten a animales inocentes, para luego comerse sus cuerpos y secreciones, y vestirse con trozos arrancados de sus cuerpos mutilados.

Tal y como explicaba el profesor Gary Francione en sus ensayos sobre Michael Vick: no hay diferencia moral alguna entre usar y abusar de los animales. Todo uso de otros animales es un abuso, ya que se realiza siempre sin su consentimiento o contra su voluntad. Utilizar a los animales es abusar de ellos, porque al hacerlo vulneramos sus intereses para poder obtener un beneficio.

Esta conducta sobre seres humanos se considera un crimen, una injusticia, pero no se considera del mismo modo cuando las víctimas son otros animales. El único motivo real que se alega para intentar justificar esta diferencia de consideración es: «Nosotros somos humanos y ellos no"» Esto es lo mismo que decir: «Nosotros somos blancos y ellos no». O decir: «Nosotros somos hombres y ellas no».

No hay diferencia moral entre consumir animales y salir a cazarlos para divertirse. No hay diferencia entre disfrutar asistiendo a peleas de perros y disfrutar comiendo animales. No hay diferencia entre obtener placer torturando a gatos y obtener placer por llevar un bolso de piel o una chaqueta de cuero.

No hay diferencia porque en todos esos casos estaríamos causando daño, sufrimiento y muerte a otros animales por mero placer. Tenemos la misma necesidad de torturar perros para poder vivir que la de comer vacas. Es decir, ninguna.


Participamos en la explotación animal porque nos limitamos a repetir un hábito que se nos ha inculcado y que reforzamos gracias al placer que nos causa; sin pararnos a pensar en lo que esto implica a los animales que son utilizados para nuestro beneficio. Igual que tampoco lo piensan quienes se divierten cazando animales por diversión.




¿Por qué este tipo de escenas provocan tanto odio en quienes hacen lo mismo? Odian a otros por hacer lo mismo que ellos hacen a otros animales cada día. ¿Cómo se explica esto?

Esto puede ocurrir así porque no a todos nos han educado sobre las mismas formas de explotación animal.

A pesar de que casi todos aceptan la idea de que algunos animales están para servirnos de alimento, no se acepta igualmente la idea de que esté bien utilizar animales sólo para servirnos de entretenimiento. Cuando vemos prácticas de explotación especista que no pertenecen a nuestro contexto habitual es cuando se activa nuestro sentido moral que nos indica que aquello está mal. Por eso reaccionamos de esa manera.

No se trata de un suceso aislado. Cada actividad de explotación animal simboliza la opresión que los humanos ejercemos sistemáticamente sobre los demás animales. Nuestra cultura antropocéntrica permite y fomenta esa práctica opresiva. La diferencia sólo está en el criterio y el grado de crueldad que cada uno considera aceptable a la hora de ejercer la explotación sobre los animales. Pero casi nadie cuestiona esta dominación especista. Casi nadie excepto en quienes fundaron el veganismo.

Si de verdad creyéramos que los demás animales son meros objetos no reaccionaríamos de forma diferente a cuando vemos como alguien destruye un jarrón o un automóvil. Sin embargo, sabemos que hay una diferencia cualitativa entre un objeto [un mineral o un vegetal] y un sujeto, es decir, un animal sintiente. Por eso no reaccionamos del mismo modo.

Al ver estas imágenes es cuando nos damos cuenta de ello —cuando vemos desde fuera a otras personas hacer lo mismo que nosotros— y esto nos provoca una indignación moral. Vemos a alguien, de forma deliberada y consciente, provocar sufrimiento y muerte a individuos inocentes por mera diversión. A veces sólo nos damos cuenta del mal que hacemos cuando lo vemos en otras personas fuera de nuestro contexto habitual.

Pero esto es exactamente el modo en que nosotros estamos actuando cuando consumimos animales; cuando los comemos y nos vestimos con trozos de sus cuerpos.

Nos encontramos cara a cara con un espejo en donde nos reflejamos viendo lo que les estamos haciendo a los demás animales: destruimos su libertad y sus vidas por puro placer. Y esto se contradice con nuestras intuciones morales más básicas que nos dicen que está mal causar daño o sufrimiento a otros animales sin necesidad.

Esta reacción demuestra que no somos psicópatas. A pesar de toda la violencia sistemática que ejercemos sobre los demás animales, y a pesar de nuestro prejuicio especista contra ellos, somos conscientes de que está mal hacerles daño innecesariamente sin una razón que lo justifique.

El hecho de que formemos parte activa de la explotación animal no es una decisión que hayamos tomado nosotros sino que es consecuencia de una herencia cultural que nos han legado nuestros antepasados —igual que nos legaron el racismo, el sexismo y la homofobia, así como sus respectivas estructuras de opresión— y que se ha perpetuado mediante la educación y los hábitos sociales.

Si juzgáramos nuestra participación en la explotación animal con el mismo criterio que juzgamos la violencia contra los animales en la que no participamos entonces la única conclusión a la que podríamos llegar es que debemos dejar de consumir cualquier producto o actividad que implique utilizar a otros animales, pues todo esto significa infligirles daño inncesariamente y sólo por costumbre o por mero placer.

Todo el mundo se pregunta:

¿Cómo es posible que haya gente que cometa esos abusos contra los animales?

Cualquiera puede encontrar la respuesta por sí mismo reformulando la pregunta de este modo:

¿Por qué no soy vegano?

La respuesta en ambos casos es exactamente la misma.

28 de junio de 2014

La efectividad de la noviolencia



«Los medios por los cuales tratamos de realizar una cosa tienen por lo menos tanta importancia como los mismos fines que tratamos de lograr. En rigor, son en verdad más importantes todavía. Puesto que los medios de que nos valemos determinan inevitablemente la índole de los resultados que se logran; ya que por bueno que sea el bien a que aspiremos, su bondad no basta para contrarrestar los efectos de los medios perniciosos de que nos valgamos para alcanzarlo.» ~ Aldous Huxley

Antes de entrar a discutir la cuestión que plantea el título me gustaría definir los términos básicos que se analizan en este ensayo.

En primer lugar: ¿qué es la violencia? Para comprender el significado de este concepto me parece pertinente esta definición inspirada en el trabajo de Robert Muchembled:

«El origen del término «violencia» que aparece a principios del Siglo XIII como una derivación de la palabra latina vis, que significa fuerza o vigor, caracteriza a un ser humano iracundo y brutal, y particularmente define una relación de fuerza destinada a someter u obligar a otro.

Sin embargo, como bien se señala, se trata de acciones destinadas a someter u obligar a otro, ya sea mediante la fuerza física, o bien a través acciones que dañan, limitan y ponen en riesgo la integridad emocional y física de las personas, y que les impide acceder al ejercicio pleno de sus derechos y libertades fundamentales.

De ahí que la violencia abarca desde actos extremos como las agresiones físicas que buscan dañar, poner en riesgo o acabar con la vida de una persona, hasta aquellas acciones encaminadas a intimidar, atemorizar, controlar o denigrar, con la finalidad de limitar su libertad de acción y capacidad de decisión; así como todos aquellos actos orientados a obstaculizar el acceso a los recursos materiales e inmateriales para el pleno goce de sus derechos y su desarrollo.»

Ahora pues ¿qué sería entonces la no-violencia?

El concepto de la no-violencia se basa en los mismas nociones y valores que fundamentan nuestra moral: igualdad, respeto, empatía, derechos,... La única diferencia es que la noviolencia no acepta que ninguno de esos principios se use como excusa para la violencia. Esto último es lo que le propociona su carácter peculiar.

La no-violencia no debe confundir con la debilidad, la cobardía o el quietismo. A menudo es necesario poseer una gran fortaleza y determinación para no dejarse llevar por la violencia que es innata, aprendida o inculcada. Tampoco debe confundirse con la no-resistencia al mal que proponía Tolstoi, entre otros. La no-violencia ejerce la resistencia ante el mal pero sin recurrir nunca a la agresión. Aquí expongo algunos de los rasgos característicos que, a mi juicio, forman parte del movimiento de la no-violencia:

La noviolencia practica formas de acción creativas y noviolentas, como son, por ejemplo: la desobediencia civil, el activismo educacional, y la organización social constructiva.

La no-violencia respeta a los partidarios y causantes de la opresión porque reconoce que todas las personas tienen un valor intrínseco. La noviolencia se opone a toda forma de violencia —odios, agresiones— ya sea como idea o como acto, pero nunca ataca a la persona misma.

La noviolencia se enfoca en las causas de los problemas, más que en las consecuencias. Pretende solucionar los conflictos atendiendo a las raíces que lo nutren y provocan. 

Quienes adscribimos el principio ético de la noviolencia no somos perfectos ni estamos completamente libres de violencia. Tenemos una naturaleza de instinto agresivo, y hemos sido educados en una cultura de la violencia y formamos parte de una sociedad violenta. ¿Cuál es la diferencia pues? Que reconocemos que la violencia está mal, no la cometemos de forma deliberada y nos esforzamos por vivir mediante prácticas que sean noviolentas.

Me parece importante resaltar que dentro de la no-violencia se incluye no sólo el abandono de la agresión sino también la renuncia al odio y la mentira.

En cualquier caso, no es mi intención discutir en detalle el significado o la moralidad de la no-violencia en este ensayo, sino centrarme más bien en su efectividad, en su éxito a la hora de aplicarlo en la práctica.

No apoyamos las estrategias violentas tanto por convicciones éticas como por razones prácticas, pues analizamos cada ámbito partiendo de criterios distintos. El hecho de que algo sea práctico no equivale a que sea ético; ni el hecho de que algo sea ético lo convierte en eficaz o realizable. Si bien en el tema de la no-violencia resulta que ambas categorías confluyen mucho más de lo que la mayoría cree.




Según explica Erica Chenoweth, co-autora del libro "Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict" ["¿Por qué funciona la resistencia civil? La estrategia lógica del conflicto no-violento"]:

«Históricamente, las campañas de resistencia civil han surgido y tenido éxito en muchos tipos diferentes de sistemas políticos, incluyendo dictaduras y régimenes represivos. Ninguna clase de país es inmune a este fenómeno. Sin embargo, las campañas no violentas no tienen éxito sólo por ser no-violentas. Son exitosas porque tienen más probabilidades que las violentas de apelar a sectores cada vez más amplios de la sociedad, lo que les permite construir poder desde abajo.»




Las evidencias parecen claras: las estrategias no-violentas tienen una alta efectividad. Por tanto, no son inútiles ni menos eficaces que las violentas. De hecho, resulta que tienen más éxito y, además, sin las nefastas consecuencias directa e indirectas que tiene la violencia. Sólo la posición de la no-violencia puede provocar un cambio profundo de mentalidad. La violencia causa resentimiento y venganza.

Aquí pueden ver una charla de la autora, sobre este mismo tema:



A quienes se oponen al progreso moral, les interesa mucho más que sus adversarios usen la violencia para así poder legitimar una reacción violenta contra ellos y acusarles de ser "terroristas" o algo similar. En cambio, una revolución no-violenta les arrebata cualquier excusa para recurrir a la violencia. Y en el caso de que lo hagan, quedan deslegitimados ante la sociedad. Tal y como expone Pedro Valenzuela en "La no-violencia como método de lucha", el objetivo de la no-violencia no es sólo conseguir un objetivo material, sino lograr un cambio profundo de mentalidad:

«La recomendación principal es la de distinguir entre el adversario y el conflicto que con él se tiene. Un ejemplo de este principio es la insistencia de Martin Luther King en que la lucha de los negros en Estados Unidos no era contra los blancos sino contra el sistema de dominación de los blancos; es decir, la lucha no era contra quienes cometían injusticias sino contra las estructuras que permitían y reproducían la injusticia. Consistente con la primera admonición y con la concepción del oponente en la perspectiva ética, la segunda recomendación es la de evitar acciones que lleven al oponente a percibir la campaña noviolenta como un ataque personal. El objetivo es ganar la confianza del oponente, lo cual exige transparencia en las intenciones y los planes de acción, abstenerse de humillarlo, mantener la comunicación, realizar sacrificios y demostrar empatía hacia su perspectiva, sus sentimientos y dilemas, al tiempo que se enfatiza la oposición a políticas o estructuras específicas.»

Sin embargo, los graves problemas que siguen habiendo en países que gozaron de revoluciones no-violentas —como es el caso de Sudáfrica y algunos países del antiguo bloque socialista— exponen que la no-violencia debe ser asumida como una actividad permanente y no ocasional.

En su artículo «Teoría e historia de la revolución no-violenta», Jesús Castañar concluye aludiendo a la necesidad de que la no-violencia sea un movimiento estructural, y no puntual:

«En cualquier caso, las revoluciones noviolentas han demostrado que el futuro está en nuestras manos, y que dependerá de cómo nos organicemos y de que se tenga claro qué es lo que se quiere para lograr realmente cambios transcendentales, no cesando las movilizaciones con las primeras concesiones del sistema, antes de transformarlo profundamente. Desde luego, los medios —tácticas, estrategias, imaginación— ya están a nuestro alcance, y ya es una cuestión personal creer o no que se abre una nueva era que podemos afrontar con optimismo. Yo prefiero pensar que sí, ya que eso me permite continuar la lucha con más ánimo, pues, sin duda alguna, hará falta mucho ánimo y ale­gría para mejorar el mundo.»

El número de personas que apoyan un movimiento es obviamente decisivo para conseguir su éxito, pero ésa es una categoría aparte del tema la noviolencia. El número se refiere a la cantidad y la no-violencia se refiere a la cualidad. Son dos factores distintos. Y ninguno de ellos equivale automáticamente a éxito ni a fracaso.

De todos modos, la cuestión del número es relativa. No necesariamente tiene que haber una mayoría para lograr un verdadero cambio. Algunos estudios apuntan a que una minoría social puede influir de manera decisiva sobre la mayoría y conseguir que prevalezca su criterio.

La eficacia de la noviolencia reside, en parte, en el número de gente que la apoye y por eso necesitamos que haya más gente que se involucre en este movimiento y abandone la violencia o la indiferencia.

20 de junio de 2014

La inteligencia y su relación con el valor moral




Supongamos que una especie superior en inteligencia y nivel tecnológico a la nuestra invadiera la Tierra, nos sometiera, y nos utilizara como alimento, o como recursos para llevar a cabo experimentos científicos sobre nosotros, sin nuestro consentimiento, extirpándonos órganos e inoculándonos sustancias tóxicas para ver nuestra reacción a ellas. Es decir, algo muy similar a lo que hicieron los científicos nazis en los campos de concentración con los judíos.

Resulta que eso es exactamente lo que hacemos en nuestro planeta con los perros, ratones, conejos, moscas, primates y demás animales no humanos, sometidos a nuestra dominación. De ahí que el famoso astrofísico Stephen Hawking advirtiera en contra de los intentos por contactar con inteligencias extrarrestres. Con sus propias palabras:

«En lugar de tratar de comunicarse activamente con seres alienígenas los humanos deberían hacer todo lo posible por evitar el contacto. [..] Las personas sólo tienen que observarse a sí mismas para darse cuenta de cómo un organismo inteligente puede tornarse en algo que no se quisiera conocer.»

Parece que Hawking es consciente de que los humanos nos hemos comportado violentamente con los otros animales. Por eso es razonable suponer que otras especies más inteligentes se aprovecharían de nosotros, al igual que hemos hecho los humanos con los demás animales. ¿Qué diríamos ante aquella situación? ¿Afirmaríamos que los visitantes extraterrestres tienen derecho a actuar de ese modo puesto que nosotros no pertenecemos a su especie? ¿Estaríamos de acuerdo en que su proceder es justo dado que ellos son más inteligentes que nosotros?

Los defensores de la teoría del especismo cualificado argumentan que los humanos están en una categoría especial y superior al resto de animales porque poseen una serie de características particulares, tales como una inteligencia muy desarrollada, una capacidad de crear tecnología muy sofisticada, un nivel cultural muy complejo,... La cuestión es qué sucedería si aparece una especie que sobrepasa a los humanos en todas esas características y con la intención de esclavizar a los humanos. ¿Serían coherentes con su ideas y se pondrían de lado de los invasores como colaboracionistas?

En la medida en que afirmamos que la inteligencia parecida a la humana es moralmente relevante, entonces necesariamente deberíamos aceptar la idea de que otros seres con mayor inteligencia serían moralmente más valiosos que los humanos con menor inteligencia. Así lo plantea el profesor Tom Regan:

«Si el hecho de que ellos [los animales no humanos] pertenezcan a otra especie hace que sea correcto que los matemos o les inflijamos daño, el hecho de que nosotros pertenezcamos a una especie distinta de la suya haría que dejase de estar mal que ellos nos mataran o nos dañaran. "Lo siento amigo —dirían los compatriotas de E.T— pero es que no perteneces a la especie correcta.” Por lo que a nosotros respecta, no podemos quejarnos ni poner ninguna objeción moral si la pertenencia a la especie, además de ser una diferencia biológica, tiene una decisiva importancia moral.»

Millones de animales son esclavizados diariamente en centros de explotación animal de todo el mundo. Millones de individuos no humanos de diversas especies son criados, confinados, castrados, envenenados, infectados con enfermedades, sometidos a cirugía experimental, degollados o electrocutados.

Si comprendemos que las diferencias de inteligencia no son relevantes entre seres humanos, también deberíamos poder comprender que esas diferencias son igualmente irrelevantes cuando se trata de otros animales sintientes.

En lo que concierne a la inclusión en la comunidad moral, la única característica relevante es la sintiencia. ¿Por qué? Porque sólo los seres sintientes poseen identidad. Sólo los seres dotados de sensación tienen conciencia —conciencia de sí mismos y de lo que les sucede. Por tanto, tienen un valor intrínseco que no depende del valor instrumental que puedan tener para otros. Si el razonamiento se basa en la lógica, y la lógica se fundamenta en el principio de identidad, entonces respetar el principio de identidad nos obliga a respetar a los seres que poseen identidad. Una moral racional significa actuar de forma coherente con la lógica. Si un ser es sintiente entonces es un sujeto. Si es un sujeto entonces no deberíamos tratarlos como si fuera un objeto. Por tanto, debería ser considerado como una persona.

Por otra parte, aparte de la cuestión propiamente ética, la discusión sobre si estas prácticas son necesarias desde el punto de vista práctico conduce necesariamente a concluir que no lo son. No necesitamos usar a otros animales para comida, vestimenta, entretenimiento, transporte y otros propósitos. Los utilizamos por placer, diversión, costumbre o mera conveniencia. Ninguna de estas excusas puede justificar moralmente el hecho de que utilicemos a otros animales. Al utilizarlos no sólo vulneramos su valor intrínseco, al atribuirles exclusivamente un valor instrumental en beneficio de nuestros intereses, sino que también violamos el principio ético de igualdad.

El principio de igualdad, o principio de igual consideración, es un criterio lógico que toda teoría moral debe incorporar para ser considerada racional. Este principio nos obliga a tratar de forma igual todos aquellos elementos moralmente relevantes que sean iguales —o muy similares. Por tanto, cuando decimos que todos todos los seres con valor moral deben ser considerados de forma igual, nos referimos a que su individualidad y sus intereses básicos —aquellos que son intrínsecos al hecho de sentir— deben ser considerados al mismo nivel puesto que son los mismos intereses. Esto es, no se justifica supeditar ni sacrificar forzosamente el interés de uno para satisfacer el de otro.

Cuando condenamos la explotación de seres sintientes, lo hacemos en virtud de los dos principios básicos sobre los que se sostiene la ética: el valor intrínseco y la igualdad.

Es pertinente aclarar que la igualdad moral no significa igualitarismo, Por ejemplo, no debemos tratar a todos los humanos exactamente de igual manera en todos los aspectos de la vida. Cuando se trata de cuestiones económicas, consideramos que es más valioso económicamente el trabajo de un cirujano que el de un barrendero, porque consideramos que el primero tiene un mayor valor de utilidad que el segundo en un sentido profesional.

Ahora bien, incluso asumiendo que esa diferente asignación de recursos es legítima, ¿podríamos decir que un barrendero posee menor valor moral como individuo que un cirujano en lo concerniente a cuestiones como decidir si es éticamente legítimo usarlo como donante forzado de órganos o como participante no voluntario a un experimento o como comida para otros? Por supuesto que no. En lo que respecta al hecho de ser utilizado exclusivamente como un recurso para otros, ambos son iguales porque ambos son sintientes. Independientemente de su nivel de inteligencia, ambos valoran su propia vida y tienen un interés en conservarla y protegerla del daño. El valor moral se refiere exclusivamente a la sintiencia en sí misma, y a ninguna otra característica, puesto que es la conciencia sensitiva la que general el valor inherente.

Por un lado, entendemos que seres humanos que poseen menor nivel de inteligencia que nosotros [bebés, niños, incapacitados, seniles] no merecen menos consideración sino que, en todo caso, merecerían más consideración por nuestra parte debido a su situación peculiar. Por otro lado, resulta que luego argumentamos en favor de la opresión sobre los animales apelando a que ellos son menos inteligentes o a que ellos no se pueden defender de nosotros, o que no tienen capacidad de reivindicar sus derechos, y por tanto los humanos nos consideramos superiores con derecho a explotarlos. Sólo los partidarios del fascismo aceptan ese criterio dentro del contexto humano, pero cuando se trata de otros animales parece que ese criterio se asume como algo normal, tal y como denunciaba Gary Francione:

«Señalar que podemos explotar a los otros animales porque somos “superiores” no es más que decir que tenemos más poder que ellos. Y nada más. Y exceptuando los partidos fascistas, la mayoría de nosotros rechazamos la visión de que el poder establece lo que es correcto. Así que por qué, díganme, está ese principio tan ciegamente aceptado cuando se trata de nuestro relación con los demás animales.»

Aquí se produce una contradicción entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Esto sucede porque discriminamos arbitrariamente entre los individuos que somos humanos y quienes no lo son. Esta es la base del prejuicio que denominamos especismo.

En definitiva, ¿qué papel se supone que tendría la inteligencia en relación con la ética? La inteligencia sólo puede ser una característica relevante en lo que se refiere a la agencia moral, es decir: la capacidad de comprender y aplicar reglas morales. Para esto es requisito necesario poseer un determinado nivel o grado de inteligencia. Obviamente no se le puede exigir a nadie que cumpla con determinas normas de conducta si ni siquiera puede comprenderlas e interiorizarlas. Aunque el sentido moral se haya detectado en otros animales, la agencia moral sólo parece desarrollarse, por lo general, en los humanos.

Todavía se continuará diciendo que la diferencia de inteligencia nos justifica en explotar a los otros animales que no son humanos; pero la verdad es justamente lo opuesto: precisamente porque somos inteligentes es por lo que tenemos la obligación moral de respetar a los demás animales. Es decir, tratarlos como personas, y no como recursos.

11 de junio de 2014

Los insectos son seres sintientes

«Estoy dispuesto a dar al diminuto cerebro de un insecto —siempre que tenga la posibilidad de representar los estados de su cuerpo— la posibilidad de tener sentimientos, de hecho, me sorprendería muchísimo descubrir que no los tienen.» ~ António Damasio

¿Hay pruebas objetivas de que los insectos pueden sentir —es decir, procesan percepciones en forma subjetiva— y específicamente pueden experimentar sensaciones, emociones y deseos? Pues al parecer sí las hay:

«Ralph Greenspan, del Instituto de Neurociencias de San Diego, presentó el mes pasado en Melbourne los siguientes resultados. Cuando un objeto móvil pasa por delante de una mosca, no sólo se activan las áreas cerebrales del insecto que procesan la información visual, sino también otras situadas en su lóbulo frontal —que en la mosca recibe el oprobioso nombre de cuerpo seta, pero que muestra notables parecidos con el lóbulo frontal de nuestro cerebro, donde residen nuestras altas funciones mentales.

Greenspan hizo después un experimento que podríamos denominar la mosca de Pavlov: cada vez que el objeto pasa por delante de la mosca, Greenspan le inflige al bicho un desagradable choque térmico. Tras repetir esto unas cuantas veces a intervalos regulares, las neuronas del cuerpo seta aprenden a predecir cuándo van a venir mal dadas: de hecho, se disparan medio segundo antes de que pase el objeto y el choque térmico.

Greenspan ha podido determinar que ese efecto pavloviano requiere la activación simultánea y coherente de los cuerpos seta y de otros circuitos distantes a los que podríamos llamar emocionales, con perdón: circuitos relacionados con la atención, con la percepción del peligro, con el recuerdo de otras experiencias placenteras o dolorosas. Emociones, vaya.»

También el químico Joe Schwarcz relata el siguiente caso:

«Primero se pensó en usar el periplanone-B para atraer a las cucarachas macho a alguna trampa con veneno incorporado. Pero surgió un problema. Cuando las cucarachas vieron que sus compañeros morían al probar el cebo, empezaron a asociarlo con la muerte, y pronto empezaron a escapar corriendo, ilesos.»

Respecto de las abejas en particular —uno de los insectos más explotados por el hombre— Joan Dunayer nos relata lo siguiente:

«La evidencia es que ellas piensan y sienten. [...] Hay importante evidencia electropsicológica de la conciencia de las abejas. En un experimento, los investigadores mostraron a las abejas una secuencia de luces que aparecían en intervalos regulares. Cuando una luz era omitida [no se emitía en el momento esperado] los cerebros de las abejas mostraron actividad eléctrica inmediata después del momento en el que la luz ordinariamente debería aparecer. En otras palabras, las abejas reaccionaron mentalmente a la ausencia del flash esperado. Con test similares, los humanos tienen reacciones idénticas. Una actividad cerebral semejante ha sido considerada como un indicativo de lo que los investigadores de abejas llaman “conciencia más alta”. Los mismos resultados han sido observados en cangrejos y hormigas. Así, quienes no creen en la conciencia de las abejas ignoran la literatura científica o están cegados por su especismo.»

Alguien puede insistir en que no tenemos pruebas totalmente claras y firmes que confirmen la sintiencia en los insectos, pero entonces habría que añadir que tampoco las tendríamos respecto de los humanos.

¿Cómo sabemos que los otros seres humanos son sintientes? Sólo podemos tener experiencia directa de nuestra propia sintiencia individual y singular; todo lo demás son deducciones que hacemos a partir de indicios.

Aunque quizá sea una duda legítima a plantear, sin embargo no sería una duda muy razonable puesto que las evidencias apuntan claramente a que los humanos son seres sintientes. Por los mismos motivos, lo más razonable es deducir que probablemente los insectos sean en efecto seres conscientes.

En su artículo "Consciousness in a Cockroach” ["La conciencia en una cucaracha"] Douglas Fox relata lo siguiente:

«Para Nicholas Strausfeld un pequeño cerebro es algo hermoso. En su carrera de más de 35 años, el neurobiólogo de la Universidad de Arizona, campus Tucson, ha observado las pequeñísimas estructuras cerebrales de las cucarachas, insectos de agua, gusanos rojos, algunos camarones, y docenas de otros invertebrados. [...] Strausfeld concluye que los insectos poseen “los cerebros más sofisticados sobre este planeta”."

Cuando usted considera que las neuronas en sí mismas son sorprendentemente similares en todo el reino animal, todo esto empieza a tener sentido. “Se tiene los mismos blocks de construcción básicos para vertebrados e invertebrados”, dice Strausfeld, “y existen ciertas maneras en que usted puede colocar estos blocks de construcción juntos en los cerebros”.

“Probablemente lo que requiere la conciencia”, dice Koch de Caltech, “es un sistema suficientemente complicado con una enorme retroalimentación. Los insectos tienen eso.»

Este conocimiento debería suponer un cambio en nuestra actitud moral respecto de los insectos, dejando de discriminarlos y despreciarlos simplemente por su aspecto o su tamaño. Según informa la agencia de noticias BBC Mundo:

«La cucaracha —tan odiada por mucha gente —es un insecto más sofisticado y social de lo que pensábamos, según revela un nuevo estudio.

Se esconden lejos, al acecho, de forma invisible, en rincones oscuros y grietas. Cuando emergen, se escabullen sin rumbo, a menudo alrededor de nuestras casas, cocinas y en hoteles y restaurantes sucios.

Terminamos despreciándolas por su comportamiento natural, viéndolas como una plaga que hay que evitar e incluso exterminar. Sin embargo, las cucarachas han sido tratadas a menudo de manera injusta. Al descubrir los secretos de estos escalofriantes insectos, los científicos han visto que son mucho más sofisticados de lo que pensábamos.

Tras conocer su vida secreta se han dado cuenta de que las cucarachas son en realidad criaturas muy sociales, que reconocen a los miembros de sus propias familias, con diferentes generaciones de una misma familia viviendo juntas. A las cucarachas no les gusta que las dejen solas y sufren problemas de salud cuando lo están.»

No hay razón para pensar que la capacidad de sentir de los insectos —e invertebrados en general que posean un sistema nervioso centralizado— es fundamentalmente diferente de la de los vertebrados. Tal y como explica Chris M. Sherwin:

«Debido a que los estados mentales son una experiencia privada, no podemos estar seguros de si los demás animales, ya sean vertebrados o invertebrados, tienen las mismas experiencias subjetivas que los humanos. En el caso de los vertebrados, empleamos el argumento por analogía, y si un animal responde de manera similar a los mismos estímulos, aceptamos que su experiencia ha de ser presumiblemente análoga, casi sin dudarlo y si apenas evidencias adicionales respecto a su conciencia o alguna función nerviosa similar. Pero, con escasa justificación, se emplea un criterio distinto con los invertebrados. Esto ha conducido a la creencia generalizada de que, mientras que los vertebrados son capaces de experimentar dolor, angustia y sufrimiento, la mayoría de los invertebrados no lo son. Sin embargo, si se aplica el argumento por analogía sobre las evidencias aquí presentadas, se aprecia que los invertebrados a menudo responden a estímulos potencialmente dolorosos o desagradables de una manera sorprendentemente similar a como lo hacen los vertebrados, lo que sería indicativo de que son capaces de experiencias análogas. Rechazar esto sin pruebas irrefutables es cambiar las reglas del argumento por analogía arbitrariamente.»

Aunque no podamos tener una certeza absoluta al respecto en todos los casos, las evidencias científicas apuntan con claridad a que los insectos son seres conscientes. Ellos experimentan sensaciones y tienen deseos e intenciones. Por tanto, merecerían la misma consideración moral básica que cualquier otro ser sintiente. Es por esto que deberíamos respetarlos, empezando por no participar en su explotación: miel, jalea real, seda, ácido carmínico [e-120],...