El texto forma parte de una respuesta razonada a la propaganda de los grupos bienestaristas que está difundiendo la idea de que promover el veganismo no es la manera más efectiva de conseguir que la gente deje de apoyar la explotación animal y que tratan de adornar su mensaje antivegano con referencias pseudocientíficas que carecen de evidencia probada.
24 de noviembre de 2015
«El Activismo Animalista y el Método Científico»
El texto forma parte de una respuesta razonada a la propaganda de los grupos bienestaristas que está difundiendo la idea de que promover el veganismo no es la manera más efectiva de conseguir que la gente deje de apoyar la explotación animal y que tratan de adornar su mensaje antivegano con referencias pseudocientíficas que carecen de evidencia probada.
16 de noviembre de 2015
Come Con Conciencia
«Todos opinamos que nos importan los animales y consideramos que tienen algún valor moral. Todos estamos de acuerdo en que está mal infligir sufrimiento y dar muerte innecesaria a los animales, y sin importar cualquier desacuerdo que pudiéramos tener con respecto a cuándo el uso de animales es necesario– todos estamos de acuerdo en que el placer humano, el entretenimiento, o la conveniencia no pueden justificar el sufrimiento y la muerte de animales.» ─ Anna Charlton & Gary Francione
El texto responde de forma ordenada y didáctica a todas las principales cuestiones planteadas acerca de lo que supone rechazar el uso de animales para alimento; abarcando diferentes puntos de vista: ético, nutricional, medioambiental. Es quizás el texto más completo que podamos encontrar sobre este tema específico.
El objetivo del libro es demostrar argumentativamente que el rechazo a la utilización de animales es la única conclusión racional a la que podemos llegar si aceptamos que los demás animales no son cosas y tienen un valor moral, y que además ese rechazo no supone en ningún caso perjudicar nuestra salud y calidad de vida sino que incluso supone mejorarla. Asimismo, dejar de consumir animales no significa dejar de disfrutar del placer de la comida. La cocina vegana es rica y variada en sabores.
!Ah! y si después de terminarlo os quedan más ganas de lectura, no deberiáis perderos la estupenda recopilación realizada en el blog Lluvia Con Truenos, de libros relacionados con la filosofía del veganismo y su práctica.

9 de noviembre de 2015
El negocio animalista y su comercio con la desgracia de los animales
Las supuestas buenas intenciones, o las posibles consecuencias beneficiosas, no justifican moralmente realizar una campaña centrada en una especie; una campaña que discrimina al resto de animales que están sometidos a la misma explotación. Eso implicaría asumir que el fin justifica los medios: que si la consecuencia que buscamos conseguir es supuestamente buena entonces podemos hacer cualquier cosa que nos parezca para conseguirla. Aquí nos situamos precisamente en la misma forma de pensar que sostiene la explotación animal.
La campaña de IA afirma que supuestamente han conseguido "cerrar mataderos" de perros y gatos, pero lo que no te cuentan es que otros han abierto en su lugar. Cerrar un matadero por incumplir una normativa legal no impide que abran otros nuevos en el futuro inmediato, que cumplan esa normativa, para satisfacer la demanda del consumo de animales. La explotación de animales existe porque existe la demanda de productos de origen animal; porque consideramos a los animales como recursos. Mientras haya demanda, seguirán existiendo mataderos. Mientras haya especismo seguirá haciendo explotación animal. Así que esa campaña no ha ayudado a los animales ni ha conseguido nada bueno para los perros y gatos que son explotados para servir de comida a los humanos.
Incluso aunque hipotéticamente consiguieran acabar en el futuro con la explotación de perros y gatos para comida, esto no conllevaría que esos animales dejaran de ser explotados para otros fines: mascotismo, experimentos,.... Ni tampoco significaría que los chinos dejen de comer animales y sustituyan ese consumo por vegetales. Lo que harían en todo caso sería sustituir el consumo de perros por el consumo de vacas, cerdos, pollos, conejos, peces u otros no-humanos.
Una campaña contra el uso de perros para comida está implícitamente diciendo a la gente que no hay un problema ético en comer vacas, cerdos, y otros animales.
Si en efecto la misma matanza de animales que sucede en China está ocurriendo a pocos kilómetros de nuestras casas, en las granjas y en los mataderos, entonces carece por completo de sentido que denunciemos las mismas matanzas que ocurren en otros países lejanos, ignorando lo que está sucediendo en nuestro entorno cercano. No se trata sólo de una cuestión de contexto o de cercanía, porque si nosotros consumimos productos de origen animal entonces esas matanzas las estamos sosteniendo directamente nosotros.
Los humanos comerciamos con las vidas de otros animales y, dentro de ese comercio esclavista, las organizaciones animalistas corporativas comercian para su lucro personal usando la desgracia que padecen los animales.
30 de octubre de 2015
Consentimiento
«Es obvio que ningún animal no humano podrá nunca dar su consentimiento voluntario para ser usado en un experimento. Pero si una situación así plantea problemas morales en el caso de los seres humanos, y si intentamos dejar de lado todo prejuicio de especie, ¿no habrá de plantearlos en el caso de los animales?» ~ Jorge Riechmann
Cada animal sintiente es un sujeto de una vida. En tanto sujetos no sólo estamos vivos sino que además experimentamos nuestra vida a través de sensaciones, emociones, deseos. Esta vida es un fin en sí misma —posee un valor inherente— y no es simplemente un medio para los fines de otros individuos —valor instrumental. Por eso es injusto sacrificarla forzadamente a los deseos y las necesidades de otros como si fuera un objeto de carece de valor intrínseco.
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Si entendemos que es moralmente erróneo utilizar a otros humanos sin su consentimiento entonces no hay razón que justifique una consideración diferente cuando se trata de otros animales. Como acertadamente señalaba el profesor Tom Regan:
27 de septiembre de 2015
Una reflexión sobre la importancia y lo importante
A los otros animales que son víctimas de una injusticia les importa tanto proteger su vida y su bienestar como nos importa a nosotros proteger la nuestra. Esta perspectiva igualitaria, más acorde con lo que la ciencia nos muestra acerca de la sintiencia en los animales no humanos, desafía la creencia de que nuestra consideración moral hacia ellos debe ser menos importante que la que tenemos por otros humanos.
Asumir el veganismo no significa menospreciar o cometer otras injusticias que afectan a seres humanos; tal y como en ocasiones se suele decir. Los Derechos Animales y los Derechos Humanos son posiciones compatibles y no excluyentes. De la misma manera que respetar y preocuparse por los niños no significa ignorar o menospreciar a los adultos. Incluso aunque alguien creyera de alguna manera que las injusticias cometidas sobre niños son más importantes, o más graves, que las cometidas sobre adultos eso no justifica que discriminemos o explotemos a los adultos.
Independientemente de la lista de prioridades que consideremos que se deberían afrontar, esa posición no nos impide dejar de explotar a los animales. Aunque consideremos que los problemas humanos tienen prioridad, ya fuera el hambre, la guerra, la pobreza, o cualquier otro, podemos afrontarlos sin necesidad de explotar a los animales. Podemos ayudar a otros humanos y al mismo tiempo respetar a los animales en un sentido muy básico, que es el de no participar en su explotación. Uno puede involucrarse en cualquier labor humanitaria a la vez que decide dejar de consumir animales. No son posiciones incompatibles. Uno puede creer que acabar con la pobreza es una prioridad pero eso no es incompatible con respetar a las mujeres, o a los niños, y no participar en su explotación, ¿cierto? No hay razón para no aplicar el mismo criterio a los otros animales. Como señala el filósofo James Rachels:
No necesitamos utilizar a otros animales ni para comer, ni para vestirnos, ni para divertirnos ni para todo lo que implica vivir y tener una buena calidad de vida. Es así de simple. Todo el daño que les causamos por este motivo es innecesario, es evitable y, lo más importante, es injusto.
Si los demás animales importan moralmente, si reconocemos que ellos tienen un valor moral, y no son cosas con un valor utilitario, y si nos importa la ética y la justicia, entonces el veganismo es la única conclusión racional desde aquella premisa.
Quizás no haya nada más importante, desde el punto de vista moral, que comprender y asumir estas nociones básicas que son necesarias para comprender todas las injusticias que se producen cada día.
6 de septiembre de 2015
Adoctrinar en el especismo (II)
Esta situación de esclavitud no se mantiene en el tiempo de forma espontánea sino que necesita un constructo ideológico que ayude a mantenerla para evitar que se vea cuestionada y asaltada por nuestra empatía y el sentido moral —como ocurre con los niños que todavía no han asimilado los prejuicios especistas— y con ese propósito surge la idea de que los seres humanos somos 'seres superiores' que tenemos legitimidad en dominar a los demás animales.
Un ejemplo representativo de este adoctrinamiento lo encontramos de la mano de la Asociación Española de Pediatría, quien aconseja a los padres que no cuenten la verdad a sus hijos sobre la procedencia de los productos de origen animal para que así no los rechacen. Se afirma que con los vegetales "no hay ningún problema" pero que con los animales hay que esperar un tiempo "hasta que el niño comprenda como funciona la naturaleza [sic]". Esto es, hasta que la cultura especista haya anulado su empatía y su sentido moral y asimile como normal la idea de que los demás animales existen para que nosotros los explotemos. No es el funcionamiento de la naturaleza la que nos obliga o condiciona a explotar a los demás animales; es la ideología especista.
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| TEXTOS ESCOLARES QUE INCULCAN LA IDEA DE QUE EL SER HUMANO ES SUPERIOR A LOS DEMÁS ANIMALES Y TIENE LEGITIMIDAD PARA EXPLOTARLOS. |
El especismo no es más natural de lo que lo es el machismo. Se trata de un prejuicio construido culturalmente para motivar y perpetuar una determinada estructura de opresión en la que un grupo dominante [los humanos] someten y explotan a los otros individuos que no pertenecen a dicho grupo [los animales no humanos] con el fin de obtener un beneficio.
Puede que exista una tendencia de origen biológico que nos motiva a agruparnos junto a los que son más semejantes a nosotros —lo cual ayudaría a explicar fenómenos como el racismo o el sexismo— pero no es natural toda la ideología que acompaña a la discriminación especista sino que se trata de una construcción cultural que se ha ido forjando para justificar nuestra opresión sobre los demás animales.
Si no fuera por el adoctrinamiento especista que recibimos a partir de la infancia en todos ámbitos [familia, escuela, sociedad] no aceptaríamos la explotación de los animales como algo moralmente aceptable. Lo demuestra el hecho de que tantísima gente rechace de forma espontánea, por sentido moral, algunas prácticas de explotación animal en tanto que no han sido educados ni acostumbrados a ellas; a pesar de que esas actividades no se diferencian de aquellas otras en las que ellas participan habitualmente.
Vivimos en una cultura que nos adoctrina en la creencia de que los demás animales existan para servir a nuestras necesidades y deseos. Interiorizamos esa creencia en nuestra mentalidad a través de rituales sociales como, por ejemplo, la práctica de comer animales. Asumimos desde niños el hábito de participar en la explotación de los animales sin apenas darnos cuenta de ello. Es por esto que cuando alguien critica la existencia de la explotación animal lo recibimos a menudo como si estuviera defendiendo que respirar aire está mal.
Muchos ya hemos cuestionado y desafiado esas creencias que nos dicen que está bien explotar a otros animales, que está bien ignorar que ellos son seres conscientes, experimentan emociones y sentimientos, y que está bien destruir sus intereses con el objetivo de favorecer los nuestros.
A esa oposición ética a considerar a los animales como si fueran objetos y meros recursos para los humanos es lo que denominamos veganismo.
17 de agosto de 2015
La confusión de Claudio Bertonatti
En mi respuesta pretendo exponer que la única confusión sobre este tema proviene exclusivamente por parte de su autor, el cual sí que estaría muy profundamente confundido en diversos puntos. Dividiré mi respuesta en dos secciones: una empírica y otra moral.
La confusión empírica
Bertonatti sostiene la idea de que los veganos están confundidos porque creen que al no consumir productos de la explotación animal ya no provocan la muerte de otros animales, cuando en realidad sí lo hacen en tanto que la agricultura también conlleva causar la muerte de animales. Así pues, no habría diferencia esencial entre comer animales y abstenernos de hacerlo de hacerlo. Esta tesis de Bertonatti evidencia una profunda confusión a varios niveles, como trataré de explicar a continuación.
En primer lugar hay que aclarar que el veganismo no se opone a la muerte de animales en sí misma, o al simple hecho de causar muerte, sino que el veganismo se opone a la explotación de los animales no humanos por parte de los humanos.
De acuerdo a su definición original, el veganismo se opone a la explotación de animales no humanos por parte del ser humano y propugna que los animales sean liberados de nuestra dominación. Esto es el veganismo y no otra cosa. El veganismo no tiene como finalidad eliminar la existencia de la muerte en el mundo sino eliminar la explotación sobre otros animales, por ser éticamente injusta.
A mi modo de ver, nadie debería opinar sobre veganismo sin informarse antes sobre lo que es el veganismo, en lugar de suponerlo o juzgar meramente de oídas, porque entonces es probable que lo confunda con otra cosa distinta. El veganismo es un fenómeno relativamente reciente en nuestra cultura y su confusión con otras ideas diferentes con las que pudiera tener algún parecido es casi habitual.
Ésta es la primera confusión de Bertonatti. Es una confusión que he tratado varias veces en este blog, y por tanto me remito a esos textos.
Lo siento, pero no sé quienes son esas personas. No conozco a nadie que crea que por el solo hecho de no comer carne, o de no participar en la explotación animal, eso suponga que dejen de morir animales por su causa. Quien deja de comer animales lo que pretende es que otros animales dejen ser asesinados y explotados para que nosotros los usemos como comida o como recursos en general. De hecho, en cualquier página vegana se reconoce que asumiendo el veganismo no evitamos todo el daño que causamos, por supuesto, pero sí que evitamos ese daño en concreto.
Rechazando la práctica del canibalismo no evitamos todo el daño que causamos a otros humanos —ya sea directo o indirecto— pero sí que evitamos causar ese daño en concreto. Diría que es algo muy sencillo de comprender. No para Bertonatti, al parecer.
Por tanto, creo que Bertonatti recurre a la falacia del muñeco de paja. Es decir, se inventa una postura imaginaria para poder criticarla a su medida. No digo que no haya alguien por ahí que crea realmente lo que Bertonatti dice. Hay gente capaz de creer toda clase de cosas inverosímiles. Pero esa idea no corresponde en absoluto a lo que los veganos defienden.
Además, retomando mi crítica en el primer punto, es evidente que el autor confude sistemáticamente el veganismo con el vegetarianismo. Sobre vegetarianismo también he escrito en varias ocasiones en este blog y me remito a esos artículos para quien le interese leer un análisis específico al respecto.
Ésta es la segunda confusión grave de Bertonatti. Y no hemos hecho más que empezar. ¿Se suponía que este señor iba a aclararnos el asunto?
Dice Bertonatti que él fue vegetariano y luego se convirtió en "omnívoro". Debo señalar que este señor está usando mal las palabras, otra vez. Todos los humanos somos omnívoros. El omnivorismo es una condición fisiológica que nos permite digerir tanto sustancias de origen animal y como de origen vegetal. Esto no es algo que dependa de nuestra voluntad. Los veganos somos omnívoros dado que somos humanos. La cuestión es que los humanos no necesitamos comer animales para vivir y estar sanos. Ser omnívoro es una mera capacidad; no es una obligación para nuestra conducta ni nuestra salud. Puesto que el artículo no se extiende más en este punto, lo dejo aquí de momento.
Afirma Bertonatti que los veganos sólo se preocupan de los animales "domésticos" pero que guardan silencio sobre los animales "salvajes". Esto simplemente no es cierto. No es cierto que los veganos se preocupen más por unos animales que otros sino que el veganismo se refiere en particuar al problema de la explotación animal. No todos los conflictos y agresiones que involucran a los animales pertenecen al contexto de la explotación. La domesticación es una forma de explotación y es por eso que los veganos se refieren específicamente a ella. Pero los veganos también hablan a menudo en contra de la caza y en contra de explotar a los animales que viven libremente en la naturaleza. El veganismo se refiere a todos los animales no humanos, en tanto que todos ellos son víctimas de una misma opresión.
Insisto: Bertonatti no ha comprendido que los veganos se oponen a la explotación de animales no humanos por parte de los humanos. Si no hay explotación entonces no atañe al veganismo como tal. Hay muchos problemas morales en el mundo pero al veganismo sólo le corresponde el problema concreto de la explotación especista.
El feminismo es un movimiento que se opone específicamente a la opresión machista, que atenta contra las mujeres. Pero ¿acaso no hay también otros problemas morales en el mundo? Por supuesto, pero el feminismo se refiere a ese problema específico; un problema sobre el que se requiere tomar conciencia y responder de forma específica. Con el veganismo ocurre exactamente lo mismo.
Dado que Bertonatti no cita fuentes es imposible saber si se está refiriendo en verdad a los veganos o a los vegetarianos o a alguna clase de animalistas en particular. Teniendo en cuenta que confunde todas estas categorías de forma sistemática.
Además, el autor pretende hablar sobre el impacto ambiental de la agricultura y la ganadería pero sin citar datos ni fuentes ni evidencias objetivas. Habla simplemente en base a sus especulaciones y experiencias personales. Eso no da mucha credibilidad que digamos a la hora de debatir un asunto. Más bien indica poco rigor y poca seriedad.
Bertonatti llega a decir nada menos que "si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia." Pero ¿hay algo de cierto en esta atrevida afirmación? Bueno, para refutar esa declaración no me basaré en meras especulaciones y experiencias personales, como hace Bertonatti, sino que consultaré los informes medioambientales de autoridades académicas. Veamos lo que nos dicen algunas de ellas.
En primer lugar, según una investigación de la Universidad de Oxford las dietas que incluyen carne animal son las que provocan una mayor contaminación con notable diferencia respecto del resto de dietas:
De acuerdo con el Institute of Social Ecology, la forma más eficaz de evitar la destrucción del medio ambiente es eliminar la explotación animal:
Esto coincide con lo que publica la Fundación Universia sobre los efectos que tendría el veganismo en sustitución de la explotación animal:
Y en la misma línea se pronuncia una investigación de la Universidad de Tulane y la Universidad de Michigan publicado en Environmental Research Letters.
En conclusión, y de acuerdo a la revista Scientific American, una dieta basada en alimentos vegetales representa la opción más sostenible para el planeta y la salud pública:
Así, deducimos que el veganismo aplicado a la producción de alimentos conlleva [1] menos contaminación emitida, [2] menos extensión de tierra cultivable, [3] menos cantidad de agua utilizada, y [4] menos gasto de recursos naturales en general, para poder producir una mayor cantidad de comida que los que necesita el sistema actual basado en la explotación animal para producir el mismo alimento en forma de calorías y nutrientes.
Además de esto, y de acuerdo a los cálculos publicados por la organización Animal Visuals, también ocurre que un mundo vegano —en el que no existiera la explotación animal— conllevaría una reducción notable en el número de animales que son directamente perjudicados por la industria agrícola durante los procesos de cultivo del suelo y recolección de las cosechas.
Aplicar el veganismo a gran escala conllevaría que muchos menos animales no humanos murieran o se vieran afectados por la agricultura humana.
Es decir, la implantación global del veganismo no sólo evitaría todas las víctimas de la explotación animal sino que además reduciría de forma muy considerable el número de víctimas que provoca indirectamente la agricultura.
En definitiva, podemos elegir basar nuestras creencias en datos y evidencias empíricas o podemos creernos ciegamente las historietas que nos cuenta Bertonatti. Si nuestra intención es defender a toda costa la explotación animal, a costa de la verdad y la ética, entonces sólo nos conviene la segunda opción.
Si la humanidad se hiciera vegana esto supondría una tragedia sólo para el prejuicio de quienes desean mantener, por mero placer o inercia, una tradición innecesaria y violenta que causa sufrimiento y muerte a miles de millones de animales: víctimas que podríamos fácilmente evitar seguir causando. Para el resto, la implantación del veganismo supondría un cambio beneficioso en todos los aspectos.
Yo he citado fuentes objetivas que no tienen relación alguna con la defensa del veganismo. Todas ellas, y cualquier otra similar que consultemos, coinciden en que eliminar la explotación animal es una medida positiva para el medio ambiente y que adoptar una alimentación vegana bien planificada no es sólo una opción viable sino incluso beneficiosa para nuestra salud personal.
Con todo esto sólo quería dejar constancia que las afirmaciones empíricas de Claudio Bertonatti en contra del veganismo son manifiestamente falsas y no tienen relación alguna con la realidad. Mi razón para rechazar sus argumentos no se debe sólo a que intente atacar el veganismo. Si alguien intentara defender el veganismo alegando falsedades o falacias no dudaría en denunciarlo y rechazarlo de igual modo. El conflicto en este asunto es incluso más profundo que la oposición entre veganismo y explotación animal. Se trata de un conflicto entre la verdad y la mentira.
Y así entramos a continuación en el contexto propiamente moral.
La confusión moral
Mi adhesión al veganismo no tiene relación alguna con el hecho de que su aplicación práctica sea beneficiosa para mí o para la humanidad en general. Soy vegano porque estoy en contra de que se trate a los sujetos como si fueran objetos. Estoy en contra de que se considere a las personas como si fueran cosas. Estoy en contra de que explotemos otros individuos y violemos sus intereses en nuestro beneficio, valiéndonos de que somos más inteligentes o más poderosos que ellos. Ésta es la base moral del veganismo y el único fundamento que hace que el veganismo sea consistente en su práctica.
Cuando se realizan estimaciones sobre cuáles opciones son más respetuosas con el medio ambiente —y por tanto con todos los animales que dependemos del medio ambiente para vivir— dentro de esas opciones no se incluye la esclavitud humana. Supongamos: ¿y si la opción más ecológica de todas fuera utilizar a seres humanos como esclavos en lugar de usar máquinas y trabajadores libres? ¿Haría esto que la esclavitud humana fuera aceptable?
La primera confusión moral de Claudio Bertonatti incurre en la creeencia de que los criterios medioambientales se imponen a los criterios morales.
Antes de ponernos a discutir sobre la valoración medioambiental de una actividad, primero deberíamos analizar si esa actividad es básicamente aceptable desde el punto de vista ético.
A la hora de evaluar su moralidad no nos ponemos a valorar el impacto medioambiental del asesinato, la tortura, la violación sexual, la esclavitud, el abuso infantil,.. y demás acciones que consideramos crímenes execrables. Estos actos violan los principios morales más elementales y por esto los condenamos independientemente de su impacto medioambiental. Entonces, ¿por qué deberíamos tratar de forma distinta esos actos cuando sus víctimas son otros animales? ¿Debemos tratarlos de forma diferente sólo porque esos animales no son humanos sin importar que sienten, sufren y son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros?
La segunda confusión moral de Claudio Bertonatti reside en creer que humanos y otros animales merecen una consideración moral distinta sólo por estar clasificados en especies diferentes. Esto es lo que conocemos por especismo.
Alega Bertonatti que la agricultura implica la muerte de animales no humanos. No sólo la muerte accidental sino también muertes provocadas intencionadamente por los agricultores para evitar que esos animales se coman los cultivos. Este hecho es objetivamente cierto. Lo que no es cierto es que este hecho suponga legitimarnos para explotar a otros animales.
El razonamiento de Bertonatti para justificar la ganadería es el siguiente: como no podemos evitar causar algún tipo de daño para poder vivir entonces no importa que causemos innecesariamente miles de millones de víctimas que sí podríamos evitar. Asombroso razonamiento.
Alegar que como no podemos evitar dañar o matar a otros animales para poder vivir entonces no hay problema moral en explotarlos resulta un argumento absurdo. Bajo ese mismo criterio, estaría justificado practicar el canibalismo. ¿Si al vivir no podemos evitar causar algún tipo de daño a otros humanos, aunque sea indirecto o accidental, qué importa usarlos para comida? Claro, el prejuicio especista de Bertonatti no le ha dejado ver esta obvia consecuencia que conlleva asumir su criterio.
Si el hecho de que no podamos evitar causar algún daño al vivir justificara que comamos animales entonces, por el mismo criterio, también justificaría que comiéramos seres humanos —que también están hechos de carne y sus hembras producen leche. La especie no hace ninguna diferencia. La especie no es una característica ni es una entidad; es un concepto que construimos intelectualmente en base a determinadas semejanzas genéticas entre individuos.
Como ya aclaré al comienzo de este ensayo, el veganismo no se opone a la muerte en sí misma ni al hecho de causar muerte. El veganismo se opone a la explotación de otros animales. Ahora bien, el asesinato es una forma de explotación. Causar la muerte a alguien para obtener un beneficio a su costa es explotarlo; es utilizar a alguien como un mero recurso para nuestro beneficio. Por esto el veganismo se opone a los mataderos.
No obstante, nada de esto tiene que ver con el hecho de que matemos animales para evitar que se coman nuestros cultivos. Si fueran seres humanos los que invadieran nuestras plantaciones agrícolas para comerse la comida de la que dependemos para vivir, estaría justificado que tomáramos medidas similares para evitar que lo hicieran. Se trata de un caso de autodefensa. Aquí hay un conflicto de intereses. Pero la explotación animal no es el resultado de un conflicto de intereses; es la opresión de un grupo sobre otro, motivada por el beneficio e incluso a menudo simplemente por la inercia de la tradición y las costumbres.
Sin embargo, no estoy sugiriendo que esa situación de conflicto siempre justifique automáticamente matar a otros animales de forma despreocupada —ya sean humanos o no humanos. Deberíamos intentar encontrar un medio de proteger los cultivos que no hiciera necesario tener que recurrir a métodos letales para evitar conflictos con otros animales. Pero, en cualquier caso, se trata de una situación categorialmente diferente al hecho de explotar animales para servirnos de alimento o de vestimenta o cualquier otra finalidad.
¿Si no pudiéramos vivir sin matar a otros humanos que nos atacaran, o que atacaran nuestros cultivos que necesitamos para sobrevivir, acaso esto justificaría que levantáramos granjas y mataderos para poder criar y comer a seres humanos?
Si uno reflexiona sobre el argumento de Bertonatti puede ver claramente que es una postura absurda y que está confundiendo categorías mediante una falacia de asociación, que pretende equiparar dos hechos o dos nociones basándose exclusivamente en que hay un elemento común entre ellas. El solo hecho de que en dos situaciones haya causación de muerte no las convierte en equivalentes. Causar la muerte de alguien de forma totalmente accidental no es lo mismo que matar a alguien con propósito intencionado. Causar la muerte de un agresor para defender nuestra vida no es lo mismo que matar a un inocente para obtener un beneficio de su muerte. No es lo mismo ni siquiera a nivel empírico, fáctico, ni menos aún en sentido moral.
El argumento de Bertonatti se basa en el criterio de asumir que si en una situación concreta yo no puedo evitar matar para defenderme entonces de esto se deriva que está bien que mate sistemáticamente a otros individuos para beneficiarme. Pero no hay ninguna conexión lógica entre la premisa y la conclusión, aparte de la presencia del hecho mismo de la muerte. Estamos ante lo que en teoría lógica se conoce como un non-sequitur.
La explotación animal no se basa en la supervivencia ni en la autodefensa —en proteger nuestra vida ante un ataque— sino en el deseo de obtener un beneficio, y este beneficio se reduce habitualmente al placer que nos causa comer animales o vestir con trozos de animales. Ésta es la única excusa que tenemos para alegar: nos da gusto saborear cadáveres y secreciones orgánicas de otros animales y llevar puestos trozos y pelos arrancados de sus cuerpos. Como acertadamente declara el profesor Gary Francione, respondiendo a esta misma polémica suscitada en el ámbito anglosajón:














